La guardia la mantiene arriba cuando se trata de defender sus principios en el mundo del boxeo. La sonrisa aparece de inmediato cuando baja los puños, y más si es para cargar a su pequeño Ali, su mascota canina. José Sulaimán (Ciudad Victoria, 1931) hace una pausa a su presidencia de 37 años al frente del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) para meditar sobre su andar al frente del organismo que llega al medio siglo de existencia.
Corre el año 50 del CMB, y con éste, uno más bajo la dirección del tamaulipeco. Para Sulaimán es un camino de logros profesionales que ha ido en paralelo con su propia vida. De actos para buscar evolucionar el boxeo, al tiempo en que lidia con infinidad de intereses.
El boxeo no es el mismo desde aquel 14 febrero de 1963, fecha de inauguración del Consejo. Hoy los rounds de campeonato mundial son sólo 12, se cuida más al pugilista y abundan los monarcas de origen mexicano. Un legado que José atribuye a su querido organismo. Un camino en el que empieza a ver cercano el final de su dirigencia.
Son 50 años del CMB, ¿Qué recuerda del origen de un organismo que cumple medio siglo de existencia?
Los sueños de [Adolfo] López Mateos fueron unir al mundo para cambiar al boxeo de aquellos años y hacerlo un deporte decente, humano, justo y alegre. En aquellos tiempos era una masacre el boxeo mundial. Era un acto vandálico. De estos principios es que surge el CMB.
En ese entonces existían monopolios. Un campeón mundial podía pasar cinco años sin defender su título. Cuando llegué a ser presidente del CMB, el boxeo había cambiado muy poco. Además del monopolio, estaba la fuerza abusiva de los promotores estadounidenses que controlaban el negocio.
Cuando me proponen como presidente, yo puse de condición que lo aceptaría por unanimidad, y cambiáramos la mentalidad para que la prioridad del Consejo fuera la protección al boxeador. Lo aceptaron y me eligieron.
¿Qué le ha aportado el Consejo al mundo del boxeo en estos años?
Sería incontable mencionar todo lo ha dado el Consejo. Algunos puntos de los más importantes fue la introducción de los 12 rounds. Muhammad Ali y Sugar Ray Leonard me dijeron que era la mejor regla de campeonato mundial en la historia.
Otra regla vital fue la del pesaje un día antes de la pelea. Antes, el boxeador subía al ring como un fantasma. Totalmente deshidratado, a consecuencia del pesaje el mismo día de la pelea. Estaban siendo empujados más allá de los límites de la tolerancia del cuerpo humano.
Al boxeo mexicano, ¿qué le ha dejado 50 años del CMB?
Lo más importante fue abrirle las puertas a los boxeadores nacionales. En aquellos tiempos, cuando para la televisión sólo existían los pesos completos, nosotros les abrimos las oportunidades para que fueran respetados y contratados. ¿Cómo lo hicimos?, con nuestras clasificaciones y no permitir ya los monopolios de los managers y promotores de aquellos años.
El CMB trajó el que subieran las bolsas. El que ya no les pagaran cacahuates a los boxeadores. Además, antes México sólo habían tenido a seis campeones mundiales. Ahora tenemos más de 100.
¿Cual ha sido una de las batallas que aún no ha ganado?
La situación del deporte mexicano. El gobierno no tiene deporte masivo y sólo cuenta con deporte federativo. Éste, sólo escoge a los mejores para competir a nivel internacional. No van a la base, no crean cultura. No crean deportistas.
En los colegios de México, pasa que cuando hay recreo les avientan la pelota de futbol. Eso me da coraje que suceda en mi tierra.
No obstante, pienso que soy un don nadie para señalar esto. No tengo valía. La poca autoridad con la que cuento es en un grupo muy pequeño, que es el boxeo. Pero pienso que represento a las mayorías en este deporte.
Al siguiente presidente de la República le voy a pedir que cree una secretaría de deporte y juventud. Es lo que se necesita para educar a los jóvenes de este gran país.
Últimamente ha dejado ver que el retiro como presidente del Consejo está cerca. ¿Qué tanto lo ha meditado?
Muchísimo, por una razón. Toda
mi vida he sido industrial, hombre de negocios. Y los últimos 20 años, casi los he dedicado por completo al Consejo.
Por otro lado, al CMB le he entregado mi juventud y mi vida. Mis mejores sueños. Mis ambiciones. Llegué a una edad en la que, aunque me sigo sintiendo muy joven, me pregunto si es conveniente seguir como presidente.
Otra cuestión es que soy una persona que cree en los ciclos. Por eso, yo no quiero terminar como presidente del CMB siendo criticado y atacado. Quisiera irme con el anhelo de que el mundo crea que hice lo mejor, y con la frente en alto.
El Universal





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