Meldrick Taylor sufrió una fractura facial alrededor del ojo derecho, orinaba y escupía sangre y su cara estaba grotescamente hinchada. La acumulación de castigo en los últimos asaltos fue brutal y el desenlace sorpresivo. JC Chávez alcanzaba la victoria sobre el héroe americano, en el último suspiro. Un cruzado de derecha desesperado, por parte de JC, mandaría a Taylor a la lona y el réferi Richard Steele se encargaría de hacer lo demás. Para muchos norteamericanos, uno de los robos más grandes del boxeo. Para Steel, la urgencia de terminar con la pelea, antes de que Chávez acabara literalmente con Taylor.
Fue en el round 12 de aquel 17 de marzo de 1990. Un mes después de que Buster Douglas protagonizara uno de los desenlaces menos esperados noqueando al entonces invicto Mike Tyson, en Tokio. Por ello, Don King buscaba que el campeón mexicano y el astro de ébano rescataran al boxeo, en un combate por la unificación de los cinturones de peso superligero.
Chávez, de 27 años de edad, llegó al pleito con marca de 68 victorias y 55 nocauts, con el título superligero del Consejo Mundial de Boxeo. Taylor, de 23 años, ostentaba una medalla de oro ganada a toda ley en Los Ángeles 84 y el título de la Federación Internacional de Boxeo y con apenas marca de 24-0-1 y 15 nocauts. Considerado como el boxeador más rápido en todas las divisiones y el futuro Ray Sugar Leonard.
Taylor brilló durante los primeros nueve rounds superando a su rival en boxeo, en actividad, movimiento, volumen de golpes. JC Chávez fue abrumado con ráfagas de hasta 5 ó 6 golpes que le conectó su antagonista, mientras que él a duras penas lograba asestar uno.
Sin embargo, los golpes de Chávez fueron dejando huella y obligaron a que Taylor se tragara su propia sangre. Durante el undécimo round Taylor lució con el rostro desfigurado, extenuado, su short y cinta de los guantes estaban impregnadas en sangre. Chávez continuó con su castigo implacable. Taylor estaba tan aturdido, que buscaba el banquillo equivocado.
En el decimosegundo round, la esquina estadunidense cometió un grave error. Taylor salió más agresivo debido a que su entrenador Lou Duva le indicó que debía salir por todo. Un cruzado corto de derecha estalló en el pómulo izquierdo del peleador negro y se desplomó en la lona. Taylor se apoyó en las cuerdas para ponerse de pie a la cuenta de 6 que le aplicó Richard Steele.
El réferi paró la pelea a dos segundos de la conclusión en una escena cargada de drama que resulta difícil de olvidar por lo cruento que fue. El público mexicano festejó la súbita victoria del César, mientras los comentaristas gringos decían que la actitud del tercer hombre era increíble.
Taylor hubiese ganado la pelea por decisión, habría acabado con la racha de 68 peleas invicto de Chávez y le habría impedido al ‘César del boxeo’ alcanzar el nivel de héroe nacional en la era post-Tyson.
No fue así. Taylor fue tan castigado que perdió aproximadamente un litro de sangre, pasó cinco días en un hospital y hasta la fecha algunos especialistas consideran que esa pelea tuvo secuelas de daño cerebral irreversible que a la postre le provocaron demencia pugilística y lo arruinaron por completo.
JC Vargas




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