
Edmundo F. Hernández Vergara
Foto: www.notifight.com
Durante su adolescencia, De Marco fue cobijado por don Rómulo, quien le brindó techo y comida cuando arribó a Tijuana, huyendo de las precarias condiciones de vida que lo rodeaban en su natal Los Mochis, Sinaloa. Repleta de coincidencias asombrosas, la historia se ha repetido.
Sin embargo, sería injusto atribuirle a la casualidad esta historia tan digna de un guión cinematográfico. Sería una grosería enorme para la encomiable labor de un hombre que ha sabido formar campeones sobre el ring y debajo de éste, como lo ha sido Rómulo Quirarte, sin duda, uno de los mejores manejadores mexicanos de todos los tiempos.
No hace muchos años, en una de las múltiples visitas que realicé al gimnasio del CREA como cronista del semanario Zeta, en busca de una entrevista con José Luis Castillo, quien se preparaba para enfrentar a Floyd Mayweather Jr., don Rómulo me dejó muy claro que se trataba de un entrenador diferente:
“Castillo llega hasta al rato, mijo, pero allá en la esquina le está pegando a la pera un joven que es Licenciado en Derecho. Entrevístalo, él tiene un título que nadie se lo va a quitar nunca, no como el de los boxeadores que en cualquier momento lo pueden perder… pregúntale por qué entrena box”, fueron las sabias palabras del entrenador de origen jalisciense.
Rómulo Quirarte ha formado campeones de la talla de Manuel “Mantecas” Medina, Juan José “Dinamita” Estrada, Raúl “Jíbaro” Pérez y ha dirigido buena parte de las carreras de Julio César Chávez, José Luis Castillo y Jesús “Matador” Chávez. Éstas han sido historias con finales felices a la vista de todos. Pero más allá de los campeones mundiales, está el rescate social que ha realizado Quirarte con infinidad de jóvenes en Tijuana, los cuales no pudieron fajarse un cetro universal, pero fueron encausados por el camino correcto por un buen hombre.
La historia de Antonio de Marco ha tenido el mejor de los finales. Tras la coronación del muchacho, venciendo por nocaut técnico en el décimo asalto al nicaragüense José Alfaro, adjudicándose el cetro interino del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), en la categoría de los ligeros, don Rómulo ha cumplido. Lo que venga después será ganancia y no sería nada extraño que el brillante zurdo del Gimnasio del CREA emule, al menos, las hazañas de su ahora flamante suegro, Raúl “Jíbaro” Pérez… está hecho del barro de los peleadores de fama y gloria.



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