CON LOS VESTIGIOS DE SU GRANDEZA

Published on Sun, 10/04/11 | ARTÍCULOS
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Edmundo F. Hernández Vergara

Fotos Cortesía: Germán Villaseñor

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El boxeo nunca dejará de sorprendernos: cuando todos lo daban por “muerto”, Erik Morales se reinventó desde sus cenizas y le dio una lección de valentía, clase y orgullo a un “perro de caza” al que terminó ubicando en su verdadero nivel, pese a la injusta derrota que decretaron los jueces la noche del sábado 9 de abril, en el MGM Grand de Las Vegas, Nevada.

Con lo que le quedaba, con los vestigios de su grandeza y el corazón intacto de sus mejores noches, el púgil tijuanense superó un primer round infernal, en el que terminó con la visión del ojo derecho obstaculizada, para brindar una batalla dramática que no merecía perder  y que mantuvo a la afición expectante desde el primero hasta el último segundo.

Decir que el llamado “Terrible” peleó con un solo ojo prácticamente todo el combate no es ninguna metáfora. Erik descifró casi a ciegas, con el instinto y la experiencia que adquieres cuando has recorrido el mismo camino mil veces, una situación sumamente apremiante, ante un adversario que había liquidado a 27 de sus 29 víctimas por nocaut y al que le sobra el hambre, como buen argentino.

Si el pronóstico no era favorable para Morales (51-7, 35 nocauts) previo al combate, mucho menos lo era después del episodio inicial. Pero el pupilo de “Olivaritos” sobrevivió a la tempestad pampera y, cuando ésta escampó, le empezó a avisar a Carlos Maidana que las cosas no iban a ser tan fáciles como decían los apostadores, quienes colocaron como favorito al púgil sudamericano, por un margen escandaloso de 7-1.

Para la segunda parte del duelo, Maidana (30-2, 27 nocauts) ya había comprobado que el hombre que tenía enfrente era uno de los legendarios del boxeo latinoamericano y que el único defecto del tijuanense, a sus 34 años de edad, son sus piernas. Enorme carencia para un deporte tan demandante como el Arte de Fistiana que impidió a Erik noquear al “Chino”, quien vio frustrados sus devastadores ataques al encontrarse de frente con ese híbrido de jab y recto –tan particular del estilo de Morales-, cuando bien le fue, y con los precisos y potentes “uppers” con los que alguna vez se estrellaron Pacquiao, Barrera, Ayala y muchos otros.

Tras lo sucedido sobre el entarimado de la arena esmeralda del MGM, no cabe la menor duda que la mejor versión del peleador fronterizo hubiera acabado con el argentino sin problema alguno. El Erik de hace seis o siete años se hubiera reído del “Chino” desde su trono.

Sin embargo, esta edición del 9 de abril de 2011 del “Terrible”, ha acumulado aún más respeto de la prensa y la afición en una canasta a la que precisamente se le sale el respeto por los lados. La versión 2011 de Morales, muy cerca del ocaso y lejos de sus mejores noches, convence a cualquiera, porque después de todos sus desajustes debajo del ring y con lo poco que le queda, le ganó a un león como Maidana… y le ganó bien.

¿A quién le importa a final de cuentas lo que dijeron los jueces y el cinto superligero de la devaluada AMB? Erik Morales, el boxeador, está más allá del bien y del mal… es un guerrero de época.

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