¡TE(TRA)RRIBLE!

Published on Sun, 18/09/11 | ARTÍCULOS, NOTICIAS
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Edmundo F. Hernández Vergara

Photo: Golden Boy Boxing/Tom Hogan

Aquella calurosa noche del 3 de julio de 1993 -año del debut de Erik Morales-, cerca de 11 mil personas acudieron a El Toreo de Tijuana a impulsar a Ricardo “Chapo” Vargas en su intento por conquistar el cetro gallo de la AMB, que ostentaba el colombiano Jorge Eliecer Julio.

Sobre las crujientes gradas del extinto coso del Bulevard Agua Caliente, el periodista y poeta sudcaliforniano, Edmundo Lizardi, quien en ese entonces editaba la sección cultural del desaparecido Diario 29 y conducía el programa radiofónico “Tiempo de Variedad”, conversaba con un personaje cincuentón, de complexión robusta y marcado acento capitalino.

El entrevistado se presentó como “El Pollo” Lara, ex-boxeador profesional, cuya máxima gloria en el pugilismo de paga fue haberse encontrado en un ring con “El Púas” Rubén Olivares. Lara, quien residía en aquellos tiempos en San Bernardino, California, era acompañado por dos de sus hijos, también peleadores.

– “¿Qué le parece la pelea estelar?”, preguntó Lizardi a “El Pollo”, quien respondió tajante y sorpresivamente: “Con todo respeto, yo no vengo a ver al ‘Chapo’, vengo a ver al hijo de un amigo, al hijo del ‘Olivaritos’”.

– “¿Quién es el hijo de ‘Olivaritos’?”, arremetió interesado el periodista.

“Se llama Isaac Morales, todavía pelea a cuatro rounds, pero va a ser campeón mundial. En un futuro, puede ser una de las figuras del boxeo mundial. Aquí está su mamá”, expresó Lara, señalando con la vista a una mujer ubicada peldaños abajo en el graderío, envuelta en nervios  evidentes y  en las escandalosas fumaradas de su cigarrillo.

Esa noche, para orgullo del “Pollo” Lara y tranquilidad de su progenitora, Isaac, de 16 años de edad, consiguió la tercera victoria de su carrera, noqueando en el primer episodio a Marco “El Albañil” Tovar.

Pocos pusieron atención en la contundente actuación del jovencito, quien después buscaría un lugar al lado de su señora madre y confesaría a Edmundo Lizardi que le pagarían 400 pesos por su triunfo.

Al final de la función, tras el intento frustrado del “Chapo” Vargas, los aficionados emprendieron decepcionados el camino a casa y sin imaginar que habían sido testigos de los primeros pasos sobre el ring de la máxima figura que ha tenido Tijuana en materia boxística.

Cuatro años más tarde, Isaac, quien ya se había ganado a pulso el sobrenombre de “El Terrible” y prefería que lo llamaran Erik, conquistó su primer campeonato mundial (supergallo del CMB), noqueando en 11 asaltos al aguerrido capitalino Daniel Zaragoza, en El Paso, Texas.

Ahí empieza la historia que todos conocemos y que alcanzó su clímax entre 2002 y 2005, lapso en el que el tijuanense portó dignamente el gafete como uno de los mejores libra por libra y en el que venció claramente al monstruo que hoy conocemos como Manny Pacquiao.

Posteriormente, en un proceso natural de la vida, Morales terminó hastiado del boxeo y decidió inteligentemente colgar los guantes por un tiempo. Hoy, está de regreso, y su versión 2011, la de sus 35 años y con algunos kilos extra encima, causa tanta o más admiración que aquélla que lo llevó a la cúspide. Con el talento intacto y la experiencia ahora de su lado y que compensa todo lo que los años y los desajustes debajo del ring le pudieran restar, el pupilo de José “Olivaritos” Morales le añadió un capítulo más a su de por sí brillante historia, cuando muchos ya lo habían enterrado.

Con el respaldo de más de 20 contiendas de campeonato mundial en los puños y la jerarquía que otorgan los cetros, Erik (52-7, 36 nocauts) se paró sobre el ring del Grand Garden del MGM la noche del 17 de septiembre y le arrebató a un novel y bravísimo guerrero el cinto superligero del CMB, para conseguir su cuarto cetro universal en la misma cantidad de divisiones y darle forma a una hazaña hasta ahora inédita para el boxeo mexicano.

Porque podríamos mencionar a Jorge “Travieso” Arce en este rubro, pero sería una verdadera grosería para el llamado “Terrible”. Simplemente no hay comparación. En una época en la que abundan los interinatos, los súper campeones y cualquier invento para crear monarcas vía generación espontánea, los cuatro títulos de Morales fueron todos absolutos y todos del Consejo Mundial de Boxeo, el organismo de mayor credibilidad en el mundo del arte de fistiana, ni más ni menos.

No fue fácil, pero el tijuanense impuso su inteligencia y mayor potencia en los nudillos, pese a la juventud y récord perfecto de su adversario.

Al capitalino Paulo César Cano (22-1-1, 17 nocauts), octavo mexicano que cae en una pelea de campeonato mundial a los pies del púgil fronterizo, hay que aplaudirle su esfuerzo y ese corazón indomable que lo llevó a tragarse su propia sangre en el décimo episodio. Sin embargo, parecía escrito y lo estaba. Una nocaut técnico a los tres minutos del round número 10, le permitió a Isaac llegar puntual a la cita que tenía con la historia.

Y ahí estaban su padre y su gente de siempre para colocarle el cuarto cinto de su luminosa trayectoria y la etiqueta como uno de los mejores pugilistas mexicanos de todos los tiempos.

Señor Lara, “Pollo” o como se llame, hay que reconocerlo, Usted lo dijo primero…

 

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