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4, 7, 2020

Round 12: Un recuerdo celestial de un gran hombre e inolvidable


Por Mauricio Sulaimán – Hijo de José Sulaimán – Presidente del WBC

Escribo esta columna pensando en todo lo que mi papá significó en mi vida; estaríamos celebrando su cumpleaños número 89. He recibido incontables mensajes de personas queridas, y de distintos países, en la que se hace referencia a don José.
Es algo que no se puede describir con palabras, que aún a más de seis años de su muerte, siga siendo recordado. Por esta razón considero más que apropiado dedicarle mi columna, por medio de
simples recuerdos.


Mi papá siempre nos contó cómo el destino marcó los pasos de su vida. Mi abuelo, Don Elías, tomó un barco equivocado cuando inició su travesía hacia América, y en lugar de llegar a Boston lo hizo a Veracruz.
Ahí, con mi abuela, doña Wasila, quien venía en el vientre de nuestra bisabuela, tuvieron que ser puestos en cuarentena en Italia; zarpó el barco sin ellos, el mismo que se hundió en el camino hacia EU.
El destino una vez más hizo de las suyas. Su hermano, mi tío Héctor, conocido por todos como Toy, trabajaba en Mancera Ernst & Young, una firma prestigiosa de auditores administrativos; recibió en su escritorio una correspondencia que era para alguien más, se trataba de una solicitud de una empresa americana, Graphic Controls, para buscar un gerente general y establecer operaciones en México.


El tío Toy lo mandó como candidato, y don José fue contratado. Así nació la que aún, al día de hoy, es nuestra fábrica y negocio familiar:
Controles Gráficos.
Fue así cómo mis padres llegaron a la Ciudad de México. Se establecieron en la colonia Lindavista, y ya aquí nació Fernando. Esto sucedió en 1963. Una vez más el destino se hizo presente, porque en esos días se creó el WBC, y mi papá al ser un enamorado de este deporte, se incorporó como miembro.
Un día salió mi hermano Pepe a dar la vuelta, tratando de descubrir que había cerca de casa, y se encontró en el Parque Miguel Alemán unos campos de beisbol.
Un señor lo invitó a jugar y un tremendo pelotazo le cerró un ojo. Al arribar a casa, la sorpresa fue verlo orgulloso sin importar el golpe que tuvo. El fin de semana mi papá lo llevó a la liga, y de inmediato inscribió a Pepe, Héctor y Fernando.
A partir de ese día, la vida de la familia Sulaimán giró alrededor de El Rey de los Deportes.


Don José llegó a ser presidente de la Liga, mi mamá llevó el comedor. Los grandes recuerdos de nuestra infancia siempre están asociados con el beis, y al día de hoy, la mayoría de nuestros amigos son aquellos que conocimos en el campo; hasta esta fecha la amistad con todos los jugadores del famoso “Vagabundos” es más que especial.
Mi papá fue un gran beisbolista; lo apodaron el Bob Feller Huasteco. Mientras don José estudió en Boston durante su juventud, fue a probarse al equipo profesional (Bravos), ¡y fue contratado para jugar en las Ligas Mayores!

Pero el destino se entrometió, y durante una barrida en home, se fracturó la tibia y peroné, por lo que tuvo que regresar a México.

Después de participar activamente en diversos puestos en el WBC: asesor legal, comité de clasificaciones, reglamento y más, decidió que era momento de renunciar debido a varias disputas dentro
del organismo.

Mi papá viajó a Túnez para la convención anual, y ahí pretendía presentar su dimisión a su puesto de Secretario General. Mi mamá lo acompañó y esa iba a ser la despedida del boxeo para dedicarse de lleno a su actividad empresarial. 

Pero el destino le tenía una sorpresa más. El Coronel Hasim Hamouda, vicepresidente del WBC, vio sus cualidades de liderazgo en esa convención, y tras un discurso lo nominó para presidente, y todos sin excepción, se levantaron y lo eligieron por aclamación, sin necesidad de tener votaciones.

Don José fue incansable. Sus deseos de ser siempre mejor lo llevaron a tener una vida implacable.

El recuerdo de mi niñez es verlo siempre sentado en el comedor trabajando, salir de viaje por semanas o meses, y regresar y nunca parar. Él era director general y socio de la fábrica, presidente del WBC, así como de la liga de beisbol Lindavista; estudiaba diferentes cursos por correspondencia –especialmente la fotografía–, y estaba siempre presente para atender todo lo relacionado con su familia: mi mamá y seis hijos.

Para él la palabra “imposible” nunca existió. Su entrega al boxeo y, sobre todo, a los pugilistas, fue lo que marcó su vida.

Fue incansable en buscar maneras de hacer a este deporte más humano, seguro y justo. Libró mil batallas; enfrentó intereses y la resistencia al cambio.

Nos contó cómo fue abucheado por todo el estadio cuando se anunció la primera pelea a 12 rounds, en Las Vegas. Todas esas ideas han salvado vidas y dado dignidad a los peleadores.

Un hombre maravilloso, humilde, sencillo, apasionado, justo, cariñoso, leal, paciente y un enamorado de México. Estos son adjetivos, conceptos y principios que definen a mi querido padre; mi ídolo y héroe. Lo extraño día tras día, pero lo siento dentro de mí en cada momento.

Su frase favorita fue: “El que no vive para servir no sirve para vivir”.

Agradezco cualquier duda o sugerencia en contact@wbcboxing.com