“SI ME DIERAN A ELEGIR, VOLVERÍA A SER BOXEADOR; LO DE MI OJO, FUE UN ACCIDENTE”: ISRAEL VÁZQUEZ.

Frente a Márquez, su consagración.

Frente a Márquez, su consagración.

Edmundo F. Hernández Vergara

A mediados de la década de los noventa llegó a mis manos una edición del diario capitalino Unomásuno, en la que encontré una entrevista con un joven empleado de una funeraria que tenía el sueño de ser campeón del mundo. Leí con interés el texto y me pareció extraordinario, como casi todo lo que se publicaba en aquellos tiempos en esa sección de deportes comandada por Sergio Guzmán, Pedro Iván Quintana y algunas otras plumas de calidad.

Israel Vázquez era el nombre del jovencito que el entrevistador proponía, de alguna manera, como futura luminaria del arte de fistiana, muy a pesar de su precaria situación económica y las trasnochadas en la funeraria. La historia ya era buena con estos elementos, independientemente de que el muchacho lograra coronarse o fracasara en un futuro.

Entonces, me propuse no olvidar aquel nombre y desee con sinceridad, tocado emocionalmente por la entrevista, que Israel consiguiera ser campeón del mundo. En aquellos años la comunicación no era la de hoy, y no resultaba sencillo seguir la carrera de algún boxeador, a menos que se llamara Julio César Chávez, Oscar de la Hoya o Jorge Páez. Así que le perdí la pista por un tiempo, hasta que un día, revisando las clasificaciones mundiales de los organismos, lo vi entre los primeros 10 de la OMB, en la categoría supergallo. Posteriormente, el CMB le brindaría la primera oportunidad de coronarse en 2002, pero cayó ante el jalisciense Oscar “Chololo” Larios. Pese a la derrota, los elogios empezaron a aparecer en la carrera del capitalino, quien dos años más tarde se adjudicaría el cetro supergallo de la FIB, ante el venezolano José Luis Valbuena, zurdo complicado al que despacharía por nocaut.

Gracias a su calidad y estilo vistoso, Israel fue bautizado con el nombre de ring del “Magnífico”. De ahí en adelante, apareció constantemente en las carteleras estelares y forjó de manera paulatina su propia leyenda. Vengó su derrota frente a Larios, despojándolo del cinturón del CMB, y venció a Johnny González en memorable batalla, hasta que se cruzó en su camino Rafael Márquez, adversario que representaría su consagración, luego de cuatro trepidantes enfrentamientos que dieron forma a una de las series de peleas más espectaculares en la historia del boxeo.

Inmortalizado, en el "Museo Leyendas del CMB".

Inmortalizado, en el “Museo Leyendas del CMB”.

De esta manera, el joven empleado de la funeraria no sólo abandonó el anonimato, sino que instaló su nombre y apellido en las páginas gloriosas del pugilismo mexicano. El diario capitalino que había vaticinado su éxito, en 1995, acertó, y siempre que lo veía pelear me acordaba de aquella entrevista. Cubrí algunas de sus batallas para la radio y una revista japonesa, pero jamás lo tuve en corto para platicar de manera espontánea e informal, hasta que mi buen amigo Benjamín Rendón Castrejón me invitó recientemente a uno de esos eventos sociales del boxeo, en los que se reconoce a los personajes destacados.

Fue en el Fox Theatre de la American Sports University de San Bernadino, California, durante la inducción al Museo de Leyendas del CMB, celebrada en diciembre de 2016. Israel fue uno de los elegidos esa noche. Para mi fortuna, los organizadores le asignaron una mesa contigua a la que yo ocupaba, como invitado de la familia Rendón. Ahí tuve la oportunidad de acercarme en calidad de aficionado y cruzar algunas palabras cordiales con él. Le recordé la contienda con Johnny González, como una de sus máximas hazañas. Ya no se miraba por dónde, pero Israel regresó de la más brusca adversidad para ganar por nocaut en los últimos rounds. Me confesó que se había confiado, que llegó a la pelea seguro de que el Johnny no le aguantaría la pegada.

Entonces, nos tomamos la foto de rigor, ambos de traje, muy sonrientes, puño contra puño, casi en guardia, como la gente suele posar con estos guerreros admirables.

Inevitablemente, aparecieron en la plática sus duelos de antología con Rafael Márquez, y es precisamente en ese punto de la conversación cuando al “Magnífico” le sobra el orgullo, y le brota por todas partes: por los ojos, por las palabras, por los ademanes. La gente se le acerca y él estampa con gusto sincero su firma en guantes y revistas. Luego dice que esto es lo mejor que tiene el boxeo: “El reconocimiento de la afición es lo más valioso”, afirma.

En su mejor momento, al lado de José Sulaimán.

En su mejor momento, al lado de José Sulaimán.

-¿Cómo está tu ojo, Israel? Me enteré por la prensa que has perdido lamentablemente un porcentaje de la visión -le dije al campeón.

“No tengo la visión al cien por ciento, pero no lo he perdido. Así es esto, no me arrepiento. Y, si volviera a nacer y me dieran a escoger entre todos los deportes, elegiría nuevamente el boxeo”, expresó. 

Encontré oportuno, en ese momento, comentarle sobre la entrevista que le habían hecho en Unomásuno a los inicios de su carrera.

“Sí, lo recuerdo. La funeraria era de mi papá”, dijo y comprendí al instante, más de 20 años después, que el autor de aquella publicación había caído en la tentación de omitir y agregar detalles, en busca de matizar la historia. Tentación de la que no escapan ni los mejores cronistas que tiene la prensa.

Obviamente, no es lo mismo ser empleado de la funeraria que ser hijo del dueño. Hay una pequeña diferencia. Sin embargo, no podemos ser injustos con esta historia, pues todo campeón tuvo suficiente con las adversidades que plantea el boxeo.

“Ayudaba en la funeraria en lo que podía. No éramos ricos, pero tampoco sufrimos pobreza”, remató al respecto el campeón.

 

*     *     *

El evento estaba por iniciar y, luego de intercambiar correos electrónicos y números de celulares, cada quien se fue a sentar a su mesa. Después de dos horas, premiaron a Israel Vázquez, y, cuando lo vi con todos los premios y los flashes encima, me ganó el oficio, busqué la aplicación para grabar voz en el teléfono y me salió la siguiente entrevista, la cual les presento íntegra, en el formato pregunta-respuesta y sin haber caído en la tentación de omitir o inventar detalles. Lo prometo, por esta vez.

La entrevista con Frontera del Boxeo.

La entrevista con Frontera del Boxeo.

-¿Qué significado tiene en tu trayectoria ingresar al Museo Leyendas del CMB?

“Doy gracias a Dios, primeramente, de estar sano y poder recibir estos reconocimientos en vida. Para mi familia y para toda la gente que me quiere es algo muy importante. Agradezco al Museo de Leyendas por tomarme en cuenta”.

-Cuando echas un vistazo al pasado, ¿qué es lo que más recuerdas, ahora que estás retirado y tienes 40 años de edad?

“Regularmente, se acuerda uno de los sacrificios, de las dificultades que uno va sorteando para poder ser reconocido en el mundo del boxeo. Yo pelee con los mejores y siempre lo di todo. Afortunadamente, puedo decir que fui campeón del mundo. Estoy muy orgulloso de haber hecho de mis peleas algo que la gente pueda recordar por mucho tiempo.

-Las batallas contra Rafael Márquez quedaron tatuadas en la historia del boxeo mundial…

“Afortunadamente, el estilo de Rafael y el mío se acoplaron bastante bien, y creo que dejamos una huella profunda en el boxeo. Pero para eso nos pagaban, para que diéramos espectáculo a toda la gente. Coincidimos dos boxeadores con hambre de trascender  y el mérito ahí está. Me siento orgulloso y contento de haber sido partícipe de una de las mejores series de peleas de la historia del boxeo. Ahora sólo nos queda disfrutar los reconocimientos con toda la gente que nos quiere.

Contra "Chololo" Larios.

Contra “Chololo” Larios.

-Me comentaste hace unos momentos que has perdido una parte de la visión en el ojo derecho, pero que volverías a ser boxeador, si tuvieras la oportunidad de elegir de nuevo… 

“Aún conservo mi ojo, no lo he perdido, aunque no tengo la visión al cien por ciento. Sin embargo, yo me siento muy contento, muy satisfecho con lo que logré. Si volviera a nacer y me dieran la oportunidad de escoger entre todos los deportes, me quedaría nuevamente con el boxeo. Lo de mi ojo, fue un accidente; los riesgos están en todas partes. Me pudo haber pasado en una motocicleta o en un carro, pero qué bueno que fue boxeando y haciendo lo que más me apasionaba. 

-Me enteré por la prensa que tienes un gimnasio, ¿qué tal te sientes en esta faceta como entrenador?

“Tengo un gimnasio de box que se llama ´Magnífico Boxing Gym´ en South Gate (California). Van muchos niños y jóvenes; algunos van por un tiempo, otros se van y ya no regresan. Es difícil formar boxeadores. Afortunadamente, hay gente que toma las cosas en serio. Vamos bien, estamos sembrando la semillita y construyendo para ayudar a los jóvenes a que dejen las adicciones y sean hombres de bien. 

 -¿Te has imaginado que de tu gimnasio surge otro Israel Vázquez?

“Claro, claro… Sería magnífico. Lamentablemente Israel Vázquez sólo hay uno y no es por capricho o envidia, pero cada quien forma su propia historia. Todos los muchachos que vienen abajo pueden forjar su propio nombre con las ganas que le pongan y llegar a ser mejores que yo. Todo depende de la determinación que le pongan al asunto”.

De los mejores supergallo del CMB.

De los mejores supergallo del CMB.

-Sólo dejaste el boxeo como pugilista. Sigues inmiscuido como entrenador y te he escuchado también como comentarista en algunas funciones… ¿cómo te sientes como analista, frente al micrófono?

“Estoy trabajando desde hace un tiempo en Univisión, en el programa ´Solo Boxeo´. Gracias a Dios, estoy cumpliendo mi tercer año en forma consecutiva y me siento muy orgulloso de mi participación como comentarista. Igual como logré ser un boxeador reconocido, creo que puedo llegar a ser un analista destacado en algunos años.

-¿Qué es lo más valioso que encontraste en el boxeo?

“Puede sonar como un capricho. Uno lucha por sus sueños, llegar a conquistarlos y eso es valioso para uno. Sin embargo, el reconocimiento de la gente es lo de mayor valor. Lo monetario pasa a segundo término cuando  lo comparas con el cariño de los aficionados. A final de cuentas, cuando te mueres, lo único que queda en la memoria de la gente son los recuerdos y a mí me encantaría ser recordado como alguien importante en el mundo del boxeo. Eso haría sentir muy orgullosa a mi familia”.

Fotos: Cortesía.

EL BOOK DE LA CALLE OCHO

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Edmundo F. Hernández Vergara

A principios de la década de los noventa, mi padre solía llevarme con mi hermano Alain al “Book” de la Calle Ocho a ver las peleas de Chávez, los Ruelas y la “Chiquita” González,  en una época en la que no se transmitían las funciones de boxeo en televisión abierta. Era una costumbre dejar el carro en el Sanborns de la calle contigua y comprar los periódicos del día. Salíamos siempre bien armados con La Jornada, El Reforma, Proceso, Unomásuno, algunos libros y hasta el Super Luchas y, como al señor que me dio la vida nunca le ha gustado cargar cosas en la calle, mi hermano y yo hacíamos malabares para que no se nos cayera ninguna publicación, mientras cruzábamos la Octava sobre la Avenida Revolución.

Llegábamos,  entonces, a ese popular centro de apuestas ubicado a un costado del emblemático edificio del Jai- Alai de Tijuana, y nos instalábamos normalmente en el segundo piso, en donde nos asignaban una mesa en la que dejábamos caer todos los periódicos. Mi padre pedía café o cerveza y nosotros siempre un clamato o una coca cola. “El clamato para ellos no puede llevar licor”, hacían énfasis los meseros, sin excepción, cuando reparaban en las caras juveniles, de bigotillos y barbas incipientes, de los dos menores. Los minutos previos a la pelea hojeábamos los diarios y, habitualmente, se presentaba una disputa encarnizada por leer primero el “Super Luchas”, la cual era resuelta por mi progenitor con enérgico regaño y la sugerencia nada sutil de que leyéramos mejor el Proceso o un libro. Un volado decidía en muchas ocasiones quién tendría el “privilegio” de enterarse primero de las noticias que hablaban sobre Konan, El Perro Aguayo, el Hijo del Santo y los Hermanos Dinamita.

Chávez, en la cumbre.

Chávez, en la cumbre.

Veíamos siempre las contiendas concentrados y con mucha emoción, sin perder atención a los comentarios de mi padre, quien nos instruía y nos enseñaba las cosas que no se pueden ver cuando no eres un conocedor. “Ya lo va a noquear, lo está trabajando muy bien a las zonas blandas. No pasa del siguiente round”, decía, y al siguiente round se acababa la pelea. Nosotros quedábamos boquiabiertos y aprendíamos.

Y aunque el giro principal del establecimiento donde presenciábamos los combates eran las apuestas, pocas veces apostamos. Recuerdo en una ocasión que convencimos a mi papá de que nos prestará 20 dólares para jugarlos en favor de Simon Brown, un jamaicano sin muchas credenciales que aparecía en el papel como víctima propicia del temible noqueador sandieguino Terry Norris. Le “metimos” entonces los 20 dólares a Brown y por nocaut. Mi padre había accedido a nuestra petición para quitarnos la tentación y daba por perdido el dinero. Sin embargo, al parecer, los jovencitos ya habían aprendido algo del asunto y decidieron arriesgar los billetes verdes en favor del jamaicano, porque su récord decía que pegaba duro y porque Terry Norris tenía quijada de cristal. Esa fue la ecuación que a final de cuentas nos redituó casi 150 dólares, una tarde de diciembre de 1993.

Ante el asombro de los expertos y de la gente que se la había jugado con Norris, Brown lo liquidó solamente en cuatro asaltos. Los únicos contentos en todo el lugar éramos nosotros. Cobramos entonces la apuesta y mi padre nos dio 130 dólares para que los repartiéramos ente los dos. Minutos después, Julio César Chávez noqueó en el duelo estelar a un inglés que no le representó mayor problema y nos fuimos a cenar a un restaurante de comida mexicana que estaba situado detrás del Palacio Azteca. Sentados, frente a un bistec y un agua de horchata, el viejo nos paró en seco la alegría de haber salido airosos en la apuesta de esa noche. Detrás del humo de su café, nos vio fijamente con ojos sabios y, con su boina de marinero griego bien puesta, nos dijo que de su bolsa no saldría para volver a apostar. Sorbió el café y agregó que una persona inteligente no cae en esas cosas, y que arriesgar el dinero de esa manera puede convertirse en un vicio que suele llevarte a la ruina.

Av. Revolución y Octava

Av. Revolución y Octava

Tiempo después, nos presentó en el Book a un hombre que parecía árabe. Pasaba fácilmente de los sesenta años. Lo habíamos visto algunas ocasiones sentado en una mesa de la entrada, pero hasta ese día había sido para nosotros un desconocido más. Intentaba verse elegante pero su ropa parecía vieja y pasada de moda, al igual que su sombrero desteñido. De la bolsa de su camisa asomaban múltiples papelitos que compartían el reducido espacio con una pluma plateada; eran parlays y trifectas. Durante la breve charla le agradeció a mi padre por la entrevista de semblanza que le había hecho para la sección cultural del extinto Diario 29. “Ahora todo mundo quiere tomarse una foto conmigo. ¡Gracias, Lizardi!”, le dijo con euforia, le estrechó la mano y se marchó a tomar la hoja de apuestas de Santa Anita.

Luego me enteré que el tipo de aspecto árabe era un apostador “profesional”, con cuenta abierta y crédito en el Book, y que no trabajaba, pues las ganancias y pérdidas de sus jugadas diarias eran su forma de vida. En un principio, a mis 16 años de edad, sentí admiración por un tipo que se ganaba la vida desafiando al azar y viendo deportes todos los días. Pero la admiración terminó en asombro y en cierta compasión, cuando leí en la entrevista que el señor se había divorciado tres veces y que ninguno de sus siete hijos, todos ellos producto de sus tres infelices matrimonios, quería verlo por su adicción.

"Chiquita" González vs. Carbajal.

“Chiquita” González vs. Carbajal.

Lizardi lo cumplió. Nunca nos volvió a subsidiar una apuesta. De esta manera, asimilamos perfectamente la lección y aunque no podemos decir que no volvimos a apostar más, aprendimos a apreciar el deporte en su esencia y a separar de cualquier interés económico las emociones tan genuinas que produce. Entendimos que estábamos del otro lado, en este aspecto, el día que un individuo quebró una botella contra la pared del Book de la Ocho, después de que Jimmy Lenon Jr. anunció que Julio César Chávez había perdido lo invicto, luego de 90 combates, con el desconocido Frankie Randall. El hombre había dejado en las cajas miles de dólares y su pena y su rabia eran grandes, tan grandes como el asombro y  la tristeza que nos invadió a mi hermano y a mí. Asombro y tristeza legítimos, que no tenían nada que ver con dinero. Igual, casi lloramos cuando Carbajal noqueó a la “Chiquita”, y nuestro pesar no tuvo tampoco relación  alguna con algo material.

Frecuentamos “en familia” aquel lugar hasta finales de los años noventa. Los lunes íbamos al box al Palenque del Hipódromo o al Auditorio Municipal, cuando había, y los sábados al Book. El dólar estaba a menos de tres pesos y la Avenida Revolución era un hervidero hasta los lunes por la noche. Ni que decir los sábados, cuando dábamos un rol después de las peleas desde la calle Octava a veces hasta la Primera. En el recorrido, yo me fijaba bien en toda la gente porque un encargado de una tienda de pieles nos había dicho que a Julio César Chávez le gustaba caminar por ahí. Nunca lo vi y un día tuve la desdicha de subirme a la rueda de la fortuna en la Feria Tijuana -cuando la instalaban en el estacionamiento del Hipódromo- y encontrar a mi descenso a toda mi familia muy contenta e impactada porque acababan de estrechar la mano del “César del Boxeo”. ¡Vaya suertecita!

Chávez y la "Chiquita".

Chávez y la “Chiquita”.

Poco después, Julio César caería de la gracia de mi padre la noche en la que tomó el micrófono después de una de sus épicas batallas, y le dedicó su hazaña “…a mi amigo, el Licenciado Carlos Salinas de Gortari…”. “¡Hijo de su pinche madre! ¡Qué corriente y lamehuevos!”, dijo Lizardi, visiblemente contrariado. Luego lo perdonó. Posiblemente separó al boxeador extraordinario del hombre ignorante y nos llevó al Book a ver muchas de las proezas que le faltaban. Volvieron los elogios: “Es un superdotado; está muy cabrón… sólo el tiempo lo puede vencer”.

Y así como el tiempo hizo su trabajo de manera implacable y acabó con un boxeador que parecía invencible, también apareció para modificar nuestras circunstancias. Las familias por diversas razones se disgregan, uno crece y llega un momento en el que no le apetece salir con los padres, y todo cambia. Creemos siempre que vamos hacia tiempos mejores, sin darnos cuenta de que ya hemos vivido una gran parte de lo mejor de nuestras vidas.

Las pasiones y gustos que se siembran en un infante o en un joven, pueden germinar de diferentes maneras. En nuestro caso, el asunto fue más allá de la contemplación. En primer término, somos y seremos siempre aficionados recalcitrantes. De esos que defienden al boxeo aún con evidencias grandes en contra. Y en segundo término, en el caso particular de mi hermano, se puede decir que llevó el asunto al extremo. Se subió al ring 32 veces, hizo rezar a mi madre y a mis abuelas con verdadera devoción y nos causó tremendas angustias y orgullos. A final de cuentas hizo una carrera digna, lejos de la élite, pero podrá contarles a los más pequeños de la familia que peleó en Las Vegas y que salió en televisión varias veces. En mi caso, siempre supe que no iba a ser boxeador. Me acobardaba con el primer golpe que recibía en la cara y sólo pensaba en cubrirme y en correr, cuando llegué a ponerme los guantes con amigos o primos. Tal vez esa cobardía sea el motivo real de mi admiración profunda por los pugilistas, a quienes he rendido culto contando sus historias con mi pluma, buena o mala, pero siempre honesta y pasional. Al 2017, desde la era postchávez, es decir, del año 2000 para acá, acumulo más de 100 contiendas de campeonato mundial, cubiertas para diversos medios, y creo que nunca me aburriré: voy por otras cien, por lo pronto.

Chávez, invencible en los noventa

Chávez, invencible.

Actualmente, en México tenemos la fortuna de poder apreciar casi todas las grandes funciones de boxeo desde la comodidad del hogar. Sin embargo, a veces me vencen los recuerdos y emprendo camino hacia los viejos lugares. Entonces, cuando cruzo esa calle con las manos vacías quisiera traer de nuevo conmigo todos esos periódicos y libros  que no me dejaban caminar. Inevitablemente recuerdo cuando Chávez era invencible, cuando tomaba clamato sin licor y cuando me peleaba con mi hermano por leer primero el “Super Luchas”.

Fotos: tomadas de Internet.

RAZONES DE PESO

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Edmundo F. Hernández Vergara

Fotos: Magna Media International

Emitir un pronóstico en el deporte y en cualquier ámbito de la vida nos obliga a utilizar dos de las facultades más importantes del ser humano: la razón y la imaginación. La primera, la utilizamos para analizar, relacionar, calcular y comparar; la segunda, en base a las conclusiones que arroja el raciocinio, nos permite en estos casos especular, fantasear, viajar al futuro y representar mentalmente un acontecimiento que no ha sucedido. Lógicamente, los periodistas deportivos somos sometidos con mayor frecuencia que cualquier otra persona a este proceso. Sabemos perfectamente que en cualquier lugar y en cualquier momento puede aparecer esa pregunta que, con los años, aprendemos a responder cada vez de mejor manera, sin que esto implique que acertemos en todos nuestros vaticinios. “¿Quién va a ganar?”, ahí inicia el dilema.

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Y no hay dilema más grande en estos momentos para especialistas y aficionados al deporte, que elegir un favorito para la contienda que tendrá lugar este sábado 6 de mayo, en Las Vegas, Nevada. Una buena parte de los conocedores afirman que Saúl “Canelo” Álvarez (48-1-1, 34 nocauts) terminará con el brazo en alto en la “T-Mobile Arena”. Respaldan su pronóstico en la indisciplina que ha mostrado Julio César Chávez Jr. (50-2-1, 32 nocauts) en toda su carrera y, principalmente, en su estilo frontal y sus nulas habilidades defensivas. También dicen que el peso en el que fue pactado el combate (164.5 libras) terminará por desgastarlo y subirá sin energía al ring. Con respecto al “Canelo”, no prevén ninguna complicación con el tonelaje pues solamente se ha dedicado a fortalecer para cumplir en la báscula. Difícilmente, agregan, el pelirrojo verá mermada algunas de sus mayores virtudes, como lo son indudablemente la velocidad y la potencia de puños. Correcto. Todo lo anterior son conjeturas derivadas de un análisis profundo (razonamiento).

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Por otra parte, los expertos que vislumbran como vencedor al púgil jalisciense de 26 años de edad aseguran que el llamado “hijo de la leyenda” no soportará la mayor pegada de Álvarez. Sospechan que veremos al mismo Julio César Chávez de siempre, con la cabeza por delante, pasivo y desperdiciando sus ventajas de estatura y alcance (Imaginación). “Ni Beristáin lo va a salvar”, dicen.

No hay duda, el Chavez Jr. de siempre no tiene nada que hacer este sábado ante el “Canelo”. Pero veamos la otra cara de la moneda, la cara de la sorpresa que suele ser más atractiva y que muchos se niegan a contemplar.

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Cuando Óscar de la Hoya le envío en los albores del año el contrato de la pelea a los Chávez, había un gran porcentaje de probabilidad de que se lo regresaran sin firma. Todas las ventajas económicas (léase bolsa y ganancias de PPV) favorecían notablemente al pugilista de la empresa. Sin embargo, a los sinaloenses no les desagradó del todo el peso pactado de 164.5 libras, pues suponían que “Golden Boy”  les propondría bajar hasta el límite de la división de los medianos, es decir, 160 libras como tope, tomando en cuenta que Saúl Álvarez  jamás ha superado esas instancias. La contienda se firmó y, desde ese momento, pocos han imaginado los efectos que podría causar en el peleador tapatío combatir más de 10 libras por encima de la división en la que actualmente reina. ¿Veremos entonces al “Canelo” de siempre? ¿Se verán mermadas su velocidad y punch? ¿Qué tanto daño puede hacerle con sus golpes de poder a un hombre que lo supera notablemente en corpulencia y que ha recibido impactos, incluso, de pesos semicompletos? ¿Y si Chávez se disciplinó realmente y le aguanta la pegada al jalisciense? En verdad, el pleito no se aprecia tan disparejo como muchos lo quieren ver.

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En cuanto a las esquinas, Julio tiene ganado el round. Hay quien piensa que Nacho Beristáin no será factor, pero un entrenador de su calidad y prosapia nunca estorba. Se dice que difícilmente podrá cambiarle el estilo a su nuevo pupilo, que gusta de ir alegremente al ataque sin ninguna precaución defensiva, contrario al estilo fino, calculador y de contragolpe que ha encumbrado al manager veracruzano en lo más alto del boxeo mundial. Sin embargo, don Nacho ya ha logrado imposibles. Y como muestra sólo hay que recordar aquella segunda contienda que disputaron en 1994 Humberto “Chiquita” González y Michael Carbajal. González fue un fajador empedernido, espectacular y de gran pegada, pero un día se encontró con el “Manitas de Piedra” y entendió que había alguien con un poder de puños más bestial que el suyo. La “Chiquita” cayó dramáticamente noqueado en el séptimo round de la primera batalla y contrató a Beristáin para el segundo duelo. Muchos se rieron. Nadie imaginaba a un boxeador hecho, con el estilo frontal, peleando con el sello del Gimnasio Romanza. No obstante, González brindó cátedra en su revancha ante Carbajal y le repitió la dosis en la tercer riña. Don Nacho logró en esa ocasión lo que parecía imposible, transformando al fajador espectacular en un estilista sumamente precavido, durante dos contiendas. Entonces, sí se puede. Todo depende de la capacidad de asimilación y ejecución de Julito. Y en este aspecto, el compromiso se torna sumamente interesante, porque a Beristáin le agrada segmentar su estrategia en tres partes, es decir, del round uno al cuatro, del cinco al ocho y del nueve al doce. No sabemos exactamente que traiga en mente el legendario entrenador, pero imaginamos que enviará a su dirigido a boxear a la distancia durante el primer tercio, tratando de aprovechar su mayor estatura y alcance. Para la segunda parte del combate, es muy probable que veamos a un Chávez mucho más agresivo, con la intención de acumular puntos e imponer su mayor tonelaje. Y finalmente, si el nocaut no llega en esos rounds intermedios, el junior volvería al estilo conservador de los primeros episodios. El plan se percibe perfecto, factible, siempre y cuando le alcance la condición física al “hijo de la leyenda”.

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Estamos a unas cuantas horas de que suene la campana y las dudas se disipen. Por lo pronto, me resulta entretenido imaginar cuál es la percepción de los detractores del arte de fistiana sobre esta pelea. Dicen que el boxeo está muriendo, y lo vienen diciendo desde los años sesenta. No obstante, la realidad nos indica que, a la fecha, en mayo de 2017, la gente se encuentra más entusiasmada que nunca con este deporte. Y como muestra fehaciente tenemos el evento de este 6 de mayo. Ni Chávez Jr. ni el “Canelo” son los máximos exponentes de la actualidad y, sin embargo, todo mundo quiere ver el combate. Se calculan ganancias aproximadas a los 100 millones de dólares por concepto de pago por evento, taquilla y ventas de souvenires. Asimismo, Las televisoras aztecas esperan romper todos los récords de audiencia para un evento de este rubro. Bares, restaurantes y centros de apuestas en México seguramente lucirán repletos a la hora de la batalla… ¿Podemos decir entonces con toda autoridad que el boxeo está muriendo realmente? Me parece, en lo particular, una afirmación temeraria e inconsciente ante las evidencias.

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Finalmente, hay que dar un pronóstico y, aunque el buen lector lo captó entre líneas, hay que hacerlo de manera directa:

Me agrada imaginar la arena repleta, gritando “¡Chávez, Chávez, Chávez!”, y a Julio yendo al frente, como su padre, con ese corazón enorme que le sobra y que le hace falta a su rival. Veremos para qué le alcanza… creo que ganará la pelea.

LOS EXPERTOS OPINAN 

ISRAEL VÁZQUEZ

Excampeón mundial en peso gallo y supergallo.

“El público va a ser el ganador, va a ser una gran contienda. Me inclino un poco por el ´Canelo´ Álvarez por la disciplina, aunque me crea muchas dudas ver que Chávez se está preparando muy bien. Está muy pareja.”

JOE CORTEZ

Réferi Internacional de Nevada y analista de ESPN.

“Para mí, Chávez va a ganar por decisión dividida. Creo que Nacho Beristáin va a mandar a boxear a Chávez y eso le va a complicar mucho la pelea al ´Canelo´. Pienso que Julio César se la puede llevar por puntos, en una decisión muy cerrada.”

RODOLFO “GATO” GONZÁLEZ

Excampeón de peso ligero del CMB.

“Yo veo más fuerte al ´Canelo´, pega más duro. Creo que vamos a ver cinco o seis rounds muy buenos y después el ´Canelo´ va a definir la pelea por nocaut. No importa que Chávez sea más alto y más fuerte; lo pueden lastimar en las zonas blandas, y ahí se va a acabar el combate.”

ARMANDO MUÑIZ

Excampeón de peso welter de la NABF.

“Va a ganar el ´Canelo´, es un muchacho más disciplinado y que ha mostrado consistencia en su carrera. Ya lleva tiempo en los primeros niveles. En cambio, Julio César Chávez Jr. siempre ha sido muy indisciplinado. Nacho Beristáin es un gran entrenador pero no creo que en una sola pelea pueda cambiar a Chávez. Veo ganando al ´Canelo´.”

RUBÉN “PÚAS” OLIVARES

Exmonarca gallo y supergallo del CMB y AMB.

“Qué gane el mejor. No tengo un favorito. Que presenten buen espectáculo, es lo único que pido. El único ganador será Golden Boy.”

 JORGE “MAROMERO” PAEZ

Exmonarca pluma de la FIB y OMB.

“No conozco al ´Canelo´ ni a Chávez en persona. Yo tengo mi preferido, pero no lo voy a decir para no meterme en broncas. La pelea está muy pareja y lo más importante es que el público quede contento. El sábado por la noche hablamos, ya que haya un ganador.”

LEOBARDO IBARRA

Juez internacional del CMB y presidente del Patronato Proseguro del Boxeador de Tijuana.

Yo le veo muy pocas posibilidades a Chávez Jr. Sinceramente no creo que ponga en entredicho al ´Canelo´. La indisciplina de Julio nos ha hecho desconfiar de él. Es una pelea que ha causado mucha expectación; hasta las personas que no son tan aficionadas la van a ver. Va a ganar el ´Canelo´.”

MONIQUÉ RENDÓN

Oficial internacional del CMB.

“El ´Canelo´ parece el gran favorito, pero si Chávez entrenó bien, puede ganar la pelea porque es más alto y más fuerte.”

JOE VARGAS

Entrenador de boxeo en San Diego, California.

Yo estuve en el campamento del ´Canelo´. Le llevé unos sparrings y la verdad lo vi muy fuerte. Ha entrenado muy duro. Pero una cosa es entrenar y otra pelear. Además, parece que Chávez también está entrenando muy bien. Veo la pelea muy pareja. La veo 51-49, a favor del ´Canelo´.”

INGRESA “INDIO” ORTEGA AL SALÓN DE LA FAMA EN LOS ÁNGELES

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Gaspar Ortega

Edmundo F. Hernández Vergara

Commerce, Ca.-Bill Dempsey Young y su esposa Linda deben encontrarse sumamente complacidos y satisfechos en estos momentos. Y no es para menos: la versión angelina del Salón de la Fama del Boxeo, proyecto al que han consagrado los años más recientes de sus vidas, cada vez pinta mejor. La magnífica idea que se concretó en 2015 con la primera ceremonia de inducción ha adquirido prestigio y el reconocimiento general del medio, y ahora nadie quiere quedarse afuera del recinto de los Dempsey. No hay mejor prueba de lo anterior que el lleno absoluto registrado el sábado 29 de abril, en el Restaurante Steven´s Steakhouse, ubicado en Commerce, California, sede de la edición 2017.

Bill, de cabellos plateados y aproximadamente 70 años de edad, encarna perfectamente al estadounidense bonachón y emprendedor. El aplomo que adquirió al subirse a un ring en su juventud, como boxeador, y su faceta como actor de series de televisión, le permiten conducir su propio evento sin la necesidad de contratar a un maestro de ceremonias. Al filo del mediodía, el presidente del NBHF (por sus siglas en inglés) subió al estrado vestido de impecable smoking, realizó un paneo al salón atiborrado con la mirada, sonrió y ofreció unas palabras de bienvenida. Entonces, las luminarias que firmaban autógrafos en guantes y revistas, y grababan videos con saludos especiales entendieron que debían ir a la mesa de honor y esperar el momento que les correspondía en la tarde. Se abrían así, de manera oficial, las vitrinas para los nuevos inmortales, entre los que destacan Gaspar “Indio” Ortega, Rubén “Púas” Olivares, Michael Spinks, Ignacio Beristáin, Jorge “Maromero Páez e Israel “Magnífico” Vázquez.

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Bill Dempsey, presidente del NBHF

Uno de los momentos más emotivos de la ceremonia se presentó cuando correspondió el turno de Gaspar Ortega. El legendario “Indio”, nacido en Mexicali y criado en Tijuana, se vio en la necesidad de multiplicarse ese fin de semana, pues el domingo 30 de abril tuvo el honor de ingresar también al Salón de la Fama de Nueva York. Privilegios exclusivos de los consagrados.

“Para mí es muy bonito y muy emotivo que se me siga reconociendo. Creo que con los años se ha hablado cada vez más de mí, y yo se los agradezco humildemente”, expresó el hombre quien estelarizó 30 combates en el Madison Square Garden de Nueva York, durante su brillante trayectoria.

Tras su inducción, Ortega, de 82 años de edad, recibió también una sobria y elegante placa por parte del Salón de la Fama del Deporte de Tijuana, que fue entregada por Salomón Ojeda y el Juez internacional del CMB, Benjamín Rendón Castrejón, quien dicho sea de paso integra también con todo merecimiento el NBHF, desde la primera ceremonia, celebrada en 2015.

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Benjamín Rendón, entregó placa a Ortega.

“Es un honor para mí y mi amigo Salomón Ojeda hacer entrega de esta placa a Gaspar ´Indio´ Ortega, por parte del Salón de la Fama del Deporte de Tijuana, que preside el señor César Meza Sándoval. Gaspar es uno de los grandes personajes del siglo pasada y es indudablemente merecedor de todas las distinciones posibles. Él merece que las generaciones actuales y las que están por venir lo sigan reconociendo y lo vean como la leyenda que es. Dios te bendiga, Gaspar. ¡Muchas felicidades!”, dijo Rendón en su turno con el micrófono. Luego entregó la placa, el “Indio” agradeció conmovido a punto del llanto, lanzó lentamente un gancho de derecha al aire y apuntó, provocando risas espontáneas, vivas y aplausos:

“Esto es demasiado para mí… ¿alguien quiere pelear?”.

El show continuó con las inducciones en riguroso orden alfabético, “para que nadie se sienta por encima ni por debajo de nadie”, explicó alguien en el lujoso salón repleto de hombres perfumados en traje y corbata, y mujeres con sus mejores vestidos.

Llegó entonces el momento de Rubén “Púas” Olivares, quien también le puso condimento al asunto.

Rubén Olivares

Rubén Olivares

“Me siento muy feliz por estar de nuevo en una ciudad a la que quiero mucho. Aquí en Los Ángeles tuve muchas victorias y derrotas. La gente me quería bastante. Recuerdo que me decía George Parnassus: vas a pelear en el Forum de Inglewood porque es el único lugar donde cabe la gente. Y era verdad. Recuerdo que una vez quise ir a tomarme una cerveza a un bar después de una de mis peleas y no pude, ya no había; la gente se las había acabado”, recordó el excampeón mundial, quien protagonizó excitantes trilogías con su compatriota Chucho Castillo y el californiano Bobby Chacón.

Al lado de Gaspar Ortega y Rubén Olivares esa tarde también ingresaron al NBHF los ya mencionados Ignacio Beristáin, Jorge “Maromero” Páez, Israel Vázquez y Michael Spinks, además de Jolene Blacksehar, Alex Camponovo, Yaqui López, Earnie Shavers, Joey Olivo, Mia St. John, Carol Steindler, James “Quick” Tillis, así como los finados Norm Lockwood, Harold James Triem y Muhammad Ali.

"Maromero" Páez  y Rafael Ruelas

“Maromero” Páez y Rafael Ruelas

Pasadas las cinco de la tarde, Bill Dempsey se apreciaba agotado, pero su entusiasmo estaba intacto. Muchos ya se despedían, otros correteaban a las figuras para una firma o una selfie, mientras en un rincón del salón ya afinaba la banda de rock “Young Demsey Band”, ante la atenta mirada de Bill, quien suponemos es su fundador. La fiesta estaba por empezar. El 2018 será otra historia para el NBHF.

INGRESA ISRAEL VÁZQUEZ A MUSEO DE LEYENDAS DEL CMB

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Edmundo F. Hernández Vergara

En una emotiva ceremonia celebrada el pasado sábado 3 de diciembre, en el Fox Theatre  de la American Sports University de San Bernardino, California, el excampeón mundial mexicano Israel Vázquez tuvo el honor de ingresar al “Museo Leyendas del Boxeo del CMB”.

La inducción correspondiente al año 2016 del prestigioso recinto, que presiden Ángel y Jaime Ochoa, le hizo justicia al púgil capitalino, quien será recordado por su extraordinaria trayectoria sobre los encordados, en la que acumuló dos títulos universales en la categoría de los supergallo y cuatro trepidantes duelos ante su compatriota Rafael Márquez, que abonaron, en gran medida, a su fama bien ganada de guerrero.

El llamado “Magnífico” es indudablemente uno de los boxeadores aztecas más emblemáticos de la época reciente y se ha convertido ahora, de manera merecida, en un inmortal.

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Pasadas las dos de la tarde, Vázquez (44-5, 32 nocauts)  subió al proscenio del teatro y recibió una medalla dorada con las siglas grabadas del CMB, un cuadro que lo acredita como nueva leyenda y el aplauso de poco más de 400 asistentes, entre los que destacaron personalidades como  Bill “Dempsey” Young, presidente del Salón de la Fama del Boxeo Nacional de Estados Unidos, Rodolfo “Gato” González, excampeón mundial de peso ligero, Armando Muñiz, exmonarca welter de Norteamérica y Benjamín Rendón Castrejón, reconocido oficial del CMB.

“Este reconocimiento representa una parte importante de mi vida. Batallé mucho, trabajé fuerte para cada una de mis peleas, pero todo el esfuerzo ha tenido su recompensa. A final del cuentas llegaron los frutos y hoy agradezco al Museo de Leyendas del CMB por tomarme en cuenta”, expresó Israel Vázquez, tras recibir el reconocimiento.

“Nada se compara con el reconocimiento de la gente. Le dedicó este importante logro a mi familia y a toda la gente que siempre ha creído en mí. Hoy estoy en una nueva etapa de mi vida debajo de los cuadriláteros; no es fácil abandonar por completo el ambiente del boxeo”, agregó el “Magnífico”, visiblemente emocionado.

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Al lado del capitalino de 39 años de edad, ingresaron al recinto otras figuras de la talla del cubano Joel Casamayor, Dub Huntley, Daniel Ponce de León, Ben Delgado, Jimmy Montoya, Michele Chong, Gene Aguilera, Librado Andrade, Enrique Ornelas, James “Buddy” McGirt, Henry Armstrong y Oscar Muñiz.

El Museo Leyendas del Boxeo del CMB se encuentra abierto al público en general, en las instalaciones de la American Sports University de San Bernardino, California. También se permiten, con requerimiento previo, visitas especiales de grupos de estudiantes, clubes de boxeo, organizaciones deportivas y líderes comunitarios.

MEMO AYÓN, EL MEXICANO QUE VENCIÓ A “SUGAR” RAY ROBINSON

 

Ayón

Ayón

Edmundo F. Hernández Vergara

La primera ocasión que alguien me contó que el profesor Guillermo Ayón había vencido en Tijuana a “Sugar” Ray Robinson, me costó trabajo creerlo. Y no porque dudara de la calidad del mexicano, de quien se dice fue un peso medio sumamente competitivo, sino por la grandeza del afroamericano y, principalmente, porque la persona de la que salió la información solía fantasear, al grado que alguna vez afirmó, provocando esa risa interna que pugna por salir, pero que por respeto se queda casi siempre adentro, que el legendario Muhammed Alí (qepd) sería uno de los invitados de honor en la inauguración de su gimnasio.

En aquel tiempo (finales de los años noventa) el internet no era lo de hoy. Los libros de récords de boxeo eran realmente libros; pocos podían presumir un ejemplar en su biblioteca personal, por lo que me fue imposible corroborar inmediatamente la veracidad del dato. Sin embargo, posteriormente, mi buen amigo Benjamín Rendón Castrejón, distinguido oficial del CMB, con quien acostumbro a consultar este tipo de dudas pertenecientes al pasado pugilístico, me corroboró la información. Efectivamente, el réferi del bisoñé, al que mi padre saludaba con aprecio y admiración después de cada función a la que asistíamos en Tijuana, había vencido en mayo de 1965 al mejor de todos los “Sugar” que se han subido a un ring, y todavía más allá: al más grande de todos los tiempos, de acuerdo al criterio de una buena cantidad de expertos.

“Pero lo agarró de salida; ya no era el Ray Robinson de las grandes noches”, agregaría Rendón.

Años más tarde, tuve la oportunidad de entrar a laborar a la Comisión de Box y Lucha Libre de Tijuana, en donde el profe Ayón prestaba sus servicios como oficial de ring. Hombre de pocas palabras, era famoso en ese entonces por su carácter irascible y cambiante. Parecía peleado con el mundo, pero no tengo queja personal en ese aspecto; siempre me dio buena cara. Se refería a mí como “paisano”, desde de que se enteró que había nacido en La Paz, B. C. S., igual que él, y acostumbraba a saludarme con un gancho al hígado, apenas marcado, que nunca supe esquivar.

Ray Robinson (izquierda)

Ray Robinson (izquierda)

 

Sólo en una ocasión abordé el tema de “Sugar” Ray Robinson con él. Preferí casi siempre tratar al hombre que tenía fama de cascarrabias y gozar de su aceptación, que platicar con el exboxeador o con el réferi internacional. Pienso que de manera inconsciente mi remordimiento de periodista me comía por dentro: trabajé más de seis años en el semanario Zeta de Tijuana, cubriendo la fuente de boxeo, y jamás lo entrevisté. Posiblemente, lo que pretendo en realidad con el presente relato es resarcir aquella omisión.

Actualmente es complicado entrevistar al profe Ayón. Dicen que se ha encerrado en su casa y en su mundo tras la grosería de la que fue víctima por parte de la Comisión de Box y Lucha Libre que preside Juan Carlos Pelayo, quien, sin ningún tacto, explicación ni homenaje de por medio, le retiró su licencia como oficial de ring.

Hablar con Memo Ayón se ha vuelto entonces casi imposible, pero tengo presente con nitidez su semblante y sus palabras, cuando apareció en nuestras pláticas por única ocasión su hazaña. Recuerdo que fuimos a comer tacos a espaldas del Hipódromo, después de trabajar en una función celebrada en el Auditorio. El profe no traía carro ese día y yo me ofrecí para llevarlo a su casa. Después de una buena dosis de adobada y tripa, emprendimos el camino y, en la charla, apareció en primer término una anécdota que solía contar mi padre. Resulta que Don Edmundo fue muy apegado en su infancia y adolescencia a su tío Alberto Lizardi, hombre de una gran calidad humana a quien todo mundo conocía en La Paz como el “Loco”. Al tío, afirma mi padre, lo seguían mucho las mujeres y las figuras públicas que producía el pequeño puerto en esos entonces. Alguna vez, el “Loco” llevó al sobrino a un restaurante en donde se vería con unos boxeadores. Y ahí estaba Memo Ayón, flamante campeón nacional de peso medio. Todos, recuerda mi progenitor, pidieron cerveza, menos el profe, quien prefirió un vaso de leche. “Era un hombre muy disciplinado; me dio una lección ese día”, acostumbraba a terminar mi padre su relato con esta idea.

El profe, con el exgobernador de B. C. S., Víctor Manuel Liceaga

El profe, con el exgobernador de B. C. S., Víctor Manuel Liceaga

“Tu papá es muy exagerado, como buen paceño, paisano. Para mí era normal tomarme un vaso de leche en lugar de una cerveza. Yo era un deportista profesional y además estaba estudiando para ser profesor de educación física. No podía dar malos ejemplos”, comentó Ayón, con respecto a aquella anécdota.

Luego me animé y le lancé la pregunta que le iluminó instantáneamente el rostro con la sonrisa inequívoca del orgullo:

-¿Y qué me cuenta de “Sugar” Ray Robinson?

“Pues yo le gané. Digan lo que digan, yo le gané y así aparece en los récords. Dicen que Robinson ya estaba viejo cuando yo lo enfrenté, pero después de que yo lo derroté, él ganó varias peleas”.

-¿Qué recuerda de esa noche?

“Recuerdo que la gente salió muy contenta de El Toreo, y cómo no, si un mexicano le acababa de ganar al mejor de todos los tiempos… bueno, eso dicen muchos, aunque cada quien tiene a sus peleadores preferidos.

No hubo más al respecto. Detuve el carro, Don Memo me acomodó un gancho al hígado cariñoso, se bajó con la lentitud propia de la edad, cerró la puerta, me dio las gracias y se despidió: “Buenas noches, paisano. Salúdame a tu papá”.

"Sugar"

“Sugar”

A sus 77 años de edad, algún promotor con sensibilidad o la misma Comisión de Box y Lucha Libre de Tijuana, debería sacar a Memo Ayón de su encierro y brindarle un merecido homenaje durante una función. Es necesario y sumamente saludable para el boxeo que las nuevas generaciones de aficionados, manejadores y pugilistas aprendan a valorar a personajes de esta índole, en este caso, nada más y nada menos que al mexicano que venció a “Sugar” Ray Robinson.

FOTOS:  INTERNET/CORTESÍA

FIESTAS PATRIAS DEVALUADAS

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Foto: Pepe Rodríguez

Edmundo F. Hernández Vergara

A principios de la década de los noventa, el hábil promotor Don King aprovechó el furor que causaba Julio César Chávez en la afición y decidió empalmar las mejores contiendas del púgil sinaloense con las fechas patrias más significativas para la nación azteca. Desde ese entonces, mayo y septiembre pertenecieron habitualmente al llamado “César del Boxeo”. En años anteriores, Rubén “Púas” Olivares, Carlos “Cañas” Zárate, Lupe Pintor y Salvador Sánchez habían tenido el privilegio de encabezar de manera aislada carteleras en esos meses, pero fue en la época de Chávez cuando se nos hizo costumbre añadirle a los festejos de la Batalla de Puebla y de la Independencia el triunfo de un boxeador mexicano en suelo extranjero.

La mercadotecnia había alcanzado al boxeo. La idea que concretó y formalizó el famoso empresario de los cabellos erizados, resultó un éxito desde el inicio. La mezcla de juegos artificiales, mariachi, banderas tricolores y una gran pelea en la que ha aparecido preferentemente como protagonista un pugilista mexicano, ha resultado irresistible hasta para aquéllos que no suelen seguir el boxeo de manera asidua.

Tras los años gloriosos de Julio César Chávez, apareció Oscar de la Hoya, un chico carismático, educado y espectacular sobre el cuadrilátero, que se adueñó de las fechas importantes y cautivó de inmediato a la fanaticada estadounidense. La medalla de oro que había obtenido en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, convirtió en figura al peleador nacido en el Este de Los Ángeles, California, inclusive  antes de que hiciera su debut como profesional.  Sin embargo, pese a su origen duranguense, al “Golden Boy” le costó bastante embolsarse a la afición mexicana, que se debatió durante un buen tiempo entre perdonarlo y aceptarlo, u odiarlo de por vida, tras vencer en dos ocasiones a Chávez. A final de cuentas, de la Hoya recibió el aval de la raza de bronce y nos brindó combates memorables en los meses de mayo y septiembre.

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Foto: Germán Villaseñor

El capitalino Juan Manuel Márquez es otra de las luminarias que ha labrado algunas de sus hazañas en el marco de los festejos patrios. Su primer duelo de la épica tetralogía ante el filipino Manny Pacquiao, que terminó en empate tras 12 trepidantes asaltos, se llevó a cabo en el mes de mayo de 2004, en Las Vegas, Nevada.  De igual manera, el “Dinamita” ha sido protagonista de las fiestas de septiembre, venciendo con lujo de facilidad al sonorense Orlando Salido, en 2004, y al cubano Joel Casamayor en 2008, en una de las más brillantes actuaciones de su trayectoria.

Ante la escasez de figuras que ha padecido el boxeo mexicano en tiempos recientes, los promotores se han visto en la necesidad de recurrir a las estrellas del momento, sin importar su nacionalidad. La consigna es mantener vivas, a como dé lugar, esas fechas que el fanático ubica desde hace tiempo como escenarios de las dos contiendas más atractivas del año. Así, hemos celebrado la Batalla de Puebla  viendo a Mayweather contra Pacquiao, desde Las Vegas, Nevada, por ejemplo, o al mismo tagalo ante el afroamericano Shane Mosley. Pese a nuestra extraordinaria historia en lo que al arte de fistiana se refiere, hemos aprendido a adoptar. Ver subir al ring al autonombrado “Money” con un sombrero de charro, o escuchar hablar español al “Pac-Man”, dedicándole mensajes a la afición azteca,  ha resultado suficiente para sentirlos nuestros en mayo y septiembre. Sin embargo, nunca será lo mismo. Nada ni nadie puede suplantar de ninguna manera el orgullo de ver a tu raza en el ruedo.

Foto: Pepe Rodríguez

Foto: Pepe Rodríguez

Y esto lo entendió perfectamente Oscar de la Hoya en su calidad de promotor. Conocedor del negocio desde todos los ángulos, el angelino percibió los tiempos que se aproximaban -sin mexicanos en la élite- y apresuró su búsqueda. Bob Arum, su competencia directa, apostaba en aquellos momentos por Julio César Chávez Jr., quien resultaría a la postre una decepción absoluta sobre el cuadrilátero. Fue entonces cuando Televisa le entregó a de la Hoya un producto listo para consumirse. Lejos de la calidad y del estilo comercial de los auténticos ídolos del pugilismo azteca, pero con la popularidad a tope, gracias a las artimañas publicitarias que suele utilizar la empresa de Emilio Azcarraga Jean, cuando le interesa vender algo, Saúl “Canelo” Álvarez, un joven proveniente de una familia de boxeadores, se convirtió en el as bajo la manga de “Golden Boy” Promotions, empresa que lo llevaría paulatinamente a las grandes ligas del arte de fistiana.

Consciente de las limitaciones del peleador tapatío, la promotora estadounidense decidió conducir su carrera con extremadas precauciones, enfrentándolo con adversarios propicios para su lucimiento, ya sea por su longevidad, estilo frontal o por provenir de divisiones inferiores. Únicamente ante Floyd Mayweather se le ha expuesto a la derrota, pero hubo razones millonarias para hacerlo y la garantía de que el legendario púgil norteamericano no lo lastimaría, por su estilo elusivo y pegada poco contundente.

De esta manera, Sául “Canelo” Álvarez (48-1-1, 34 nocauts) se ha adueñado en años recientes de las fechas más importantes del calendario boxísitico. Ese ha sido el camino del jalisciense de 26 años de edad rumbo al estrellato, mucho menos espontáneo y natural que el de Julio César Chávez y Juan Manuel Márquez, por ejemplo.

Foto: Pepe Rodríguez

Foto: Pepe Rodríguez

Oscar de la Hoya tiene claro que no existe actualmente en el horizonte otro boxeador mexicano capaz de vender 50 mil entradas en una noche. El negocio parece a salvo con el “Canelo” en cartelera. Algo ve el grueso de la gente en él. Sin embargo, las dudas que genera en los auténticos aficionados al pugilismo, en la gente que realmente conoce de este deporte, son en verdad legítimas. Y las dudas son tan grandes y generalizadas que hasta el propio de la Hoya duda del tapatío, porque si no dudara, mañana mismo lo pondría en un ring ante el kazajo Gennady Golovkin.

“Golden Boy” Promotions tiene el derecho de cuidar sus intereses económicos. No obstante, la empresa debe estar consciente que también existen otros intereses, mucho más nobles y pulcros, y que han permitido que el boxeo se mantenga vivo hasta nuestros días, como un deporte y como un espectáculo. Me refiero precisamente a los intereses de los seguidores de verdad, aquéllos que realmente aman esta disciplina y que no se tragan con facilidad combates disparejos  y poco atractivos que devalúan una fecha tan preciada en el panorama boxístico como septiembre.

A nadie entusiasmó el anuncio de “Canelo”-Smith a mediados de año. El inglés parecía desde un inicio poco rival para el mexicano y las sospechas resultaron muy acertadas. Tras la batalla celebrada apenas este sábado 17 de septiembre, sobre el cuadrilátero del majestuoso estadio de los Vaqueros de Dallas, cuesta trabajo entender que Liam Simith haya subido como campeón del mundo. Rústico, frágil y frontal cumplió involuntariamente a la perfección con un guión en el que aparecía como víctima. De acuerdo a sus paupérrimas condiciones, el británico bajó del ring de manera más coherente: sangrante y sin el cinto superwelter de la OMB. Era previsible, y lo previsible suele ser aburrido.

Foto: Germán Villaseñor

Foto: Germán Villaseñor

Contra Golovkin no sabemos con tanta exactitud qué pueda pasar. Por eso nos parece atractiva la pelea. Pero los planes aparentemente van por un rumbo diferente. Álvarez enfrentaría a otro don nadie a inicios de 2017 y, para el mes de mayo, dicen que se mediría con Pacquiao, en un duelo que de antemano luce desigual, por la diferencia de peso, edad y momentos.

No existe opción. Si Saúl “Canelo” Álvarez pretende el reconocimiento unánime y compartir pedestal con las grandes glorias del boxeo mexicano, necesita sacudirse cuanto antes la sombra de Gennady, que ha cubierto por completo su pálida e inexpresiva humanidad desde el día que renunció al cetro mediano del CMB para no enfrentarlo. Mayo o septiembre, la afición mexicana y la del mundo entero merecen a la brevedad este combate.

 

 

“ERIK ES MI HIJO Y MI ÍDOLO”: “OLIVARITOS”

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*Entrevista publicada en el semanario Zeta de Tijuana, B. C., en junio de 2005.

Edmundo F. Hernández Vergara

“Mi récord como peleador es medio tenebroso (40-29). Tuve las mismas ganadas que perdidas, pero… Erik Morales es exactamente todo lo que yo no pude ser en el box”, dice José Damián Morales, mejor conocido como “Olivaritos”, en el interior del gimnasio de la Zona Norte.

Sentado en el filo del cuadrilátero, Don José echa el tiempo atrás, mientras recorre con la vista las paredes ilustradas con antiguos carteles y posters que recuerdan las recientes hazañas del “Terrible”, su primogénito y mayor orgullo.

“Esta propiedad la compré en 1979. Empecé con unas lonas y en junio vamos a cumplir 25 años que abrimos el gimnasio de la Zona Norte. Gracias a Dios, nos ha ido bien; es el esfuerzo de añitos de trabajo”, dice con orgullo el manejador nacido en Valle de Santiago, Guanajuato.

A 35 años de su primer contacto con el Arte de Fistiana, “Olivaritos”, quien se distingue por su buen trato y sus dotes como conversador, se siente recompensado por la vida: “El tiempo pone a cada quien en su lugar; Diosito nos da lo que merecemos y un cachito más”, expresa el manejador premiado en días pasados por la Comisión boxística del Distrito Federal, como el mejor mexicano en su rubro.

Atrás han quedado aquellos días turbulentos en los que mendigaba un techo mientras estudiaba la secundaria en el Distrito Federal y aprendía los secretos de una actividad que le daría, a final de cuentas, la trascendencia que todo hombre busca en la vida.

Un poco más frescos, “Olivaritos” tiene en la memoria su época como pugilista profesional y las dificultades para colocar en las mejores vitrinas a un jovencito en el que nadie creía, además de él.

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En cualquiera de las tres facetas que ha adoptado en el boxeo (peleador, promotor o manejador), siempre ha buscado dignificarlo. Y su esfuerzo ha valido la pena. Ahora, se le reconoce como el creador en todos sentidos de uno de los púgiles mexicanos más exitosos, galardonado recientemente por el CMB como “campeón inmortal”, además de llevar a un trono a Jorge “Travieso” Arce, Diego “Pelucho” Morales y Edgar “Tun-Tún” Cárdenas.

Desde el pedestal dónde ahora se encuentra, “Olivaritos”, quien atribuye su apodo a los días que vivió con el “Púas durante su adolescencia”, recuerda sus frustraciones como boxeador profesional:

“Mi peso normal era de 47 o 48 kilos (paja o minimosca), pero en aquel entonces me llegaron a poner con peleadores muy pesados; enfrenté a algunos pesos mosca (50.802 Kg.) e incluso a algunos supergallos (55.338). Desgraciadamente, los ‘mánagers’ que me dirigieron, era gente a la que sólo le interesaba lo que se llevaba a la bolsa. Inclusive, en alguna ocasión, me di cuenta que uno de ellos ganó más que yo… Me tocaron puros ‘mánagers’ nefastos”, asegura el manejador de 48 años de edad.

Morales agrega al respecto:

“En algunas ocasiones, el peleador rebasa al ‘mánager’. Por ejemplo, muchos ‘mánagers’ que me dirigieron ahí siguen, pero nunca en su vida han sacado un peleador que valga la pena. Hay muchos sin capacidad y por ahí anda uno (Tiburcio García) con mi hijo ‘Pelucho’. Esto del boxeo es como todo, primero hay que aprender a gatear para después ir caminando poco a poquito. Yo tengo 35 años de carrera en el boxeo y todavía no lo sé todo”, señala.

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En 1987, poco antes de colgar los guantes, “Olivaritos” ya daba sus primeros pasos como manejador. A pesar de la oposición de sus colegas de aquella época, Morales dirigía acertadamente a Rafael “Gato” Morfín (campeón nacional), Mauricio Beltrán (clasificado mundial), Rubén Villamán (clasificado nacional) y a Alberto “Cabeto” Alcaraz.

“Los ‘managers’ de Tijuana se oponían a que yo fuera manejador porque todavía estaba activo como boxeador; pero don Ariosto Manríquez (presidente de la Comisión) habló con ellos, les dijo que yo era el único que tenía un campeón y me dio la licencia”, recuerda.

Los años, pero sobre todo los triunfos de su hijo Erik, han llevado a “Olivaritos” a implantar un estilo. Así, no es coincidencia observar en Tijuana el surgimiento de jóvenes con movimientos similares a los del “Terrible”.

“Desde que se abrió este gimnasio se ha logrado una buena cosecha de triunfos. Ya sumamos 58 campeonatos entre nacionales, continentales, norteamérica, mundo hispano, Fedecentro, NABO y mundiales. Es una gran satisfacción para mí, porque eso quiere decir que nos ha salido buena la escuelita”, indica al respecto don José.

-¿Cómo definiría el estilo de la escuela de “Olivaritos”?

“Es un estilo técnico y fajador, se combinan las dos cosas. El boxeo no es todo agresión, es también defensa y técnica. En este gimnasio aprovechamos cosas como la lógica, inercia y la condición física, que es el 50 por ciento y los muchachos le ponen el sabor y la pimienta con el aprendizaje”.

Una de las peculiaridades del estilo que Morales inculca a sus dirigidos es el recto a la boca del estómago. Para “Olivaritos”, el gancho al hígado, inmortalizado precisamente por púgiles aztecas, es sumamente riesgoso para el boxeador que lo utiliza.

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“El recto al estómago es más fácil de conectar que el gancho al hígado. En mis tiempos de peleador profesional, le quebré la mano a un rival porque le puse el codo cuando me lanzó el gancho al hígado. Es un arma de dos filos (el gancho) porque funciona cuando sabes conectarlo, pero yo prefiero el recto al estómago. Hay que cuidarle  los puños a los peleadores”, argumenta.

Morales acepta la influencia de gente como el “Chilero” Carrillo y Arturo León, en la escuela que ha implantado:

“Para mí fue un gran maestro el ‘Chilero’ Carrillo, quien realmente formó a Rubén Olivares porque al ‘Cuyo’ jamás lo vi ponerse unas manoplas. También tuve como entrenador a Arturo León, un boxeador tabasqueño que llegó a clasificarse entre los cinco mejores gallos del mundo y al que “Mantequilla” Nápoles iba a verlo entrenar. A ellos les aprendí muchas cosas que me han dado resultados; lo demás, lo aprendí sobre la guerra”.

-¿Qué se siente ser el padre de un peleador histórico como el “Terrible”?

“Una gran satisfacción. No tengo las palabras adecuadas para explicarlo, pero siento un gran orgullo. Erik es mi hijo y es mi ídolo”, dice emocionado.

“Ha valido la pena el esfuerzo y los sacrificios. Hubo momentos en los que yo estuve a punto de dejar el boxeo e incluso no estaba de acuerdo con el debut profesional de Erik. Sabía que iba a ser muy difícil por lo que yo batallé cuando fui boxeador y así fue”, añade.

Don José no olvida la actitud de aquellos promotores que le cerraron la puerta en la cara al ahora triple monarca universal:

“Recuerdo cuando Erik iba a debutar y el Licenciado Mayén nos dijo que el cartel ya estaba completo, pero que podía incluirlo si le pagábamos al rival; no le dio la oportunidad de pelear. Luego, Erik debutaría en una funcioncita con Fernando Beltrán y le pagaron con boletos. Fueron momentos difíciles en la carrera de Erik, pero a mí no me interesaba si le pagaban o no, sino mostrar lo que traía el chamaco, sus hechuras”, relata.

“Olivaritos” prosigue:

“Y desde su debut demostró su capacidad noqueando en el segundo round a José Luis Origel, que llevaba 16 peleas ganadas y dos derrotas. Pero cuando me di cuenta de lo que era capaz fue contra Pepillo Valdez (en 1994); Erik sólo tenía 17 años y 12 peleas, mientras Valdez era campeón del mundo hispano, tenía 28 años, era el número 11 del mundo y venía de empatar con el ‘Jíbaro’ Pérez. El público me gritaba que me lo iban a noquear, pero yo estaba seguro de mi hijo. Esa noche Erik noqueó y retiró del boxeo a Pepillo Valdez, y demostró de qué estaba hecho”, afirma.

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-Seguramente, alguna vez usted supuso que Erik sería campeón mundial, pero difícilmente imaginó que igualaría a Julio César Chávez…

“Eso se fue dando poco a poco. Ahora sí que no hicimos planes para tanto, pero debido a su embarnecimiento era necesario subirlo de división”.

Para Morales, la cuarta corona que haría aún más grande al “Terrible”, es posible:

“Por su estructura física no es descabellado que vaya por el cuarto título. Es un peleador en plena madurez de aprendizaje y ese sería el peso (ligero) tope en el que pelearía. El rival ideal hubiera sido Mayweather, pero ya subió de peso. Ahora hay que esperar; puede ser (José Luis) Castillo, aunque a mí nunca me ha gustado que Erik se tenga que enfrentar todo el tiempo a peleadores mexicanos”, confiesa.

-¿Quién es el mejor boxeador del mundo actualmente?

“Modestia aparte, pero es mi hijo. En técnica, en bravura, velocidad e inteligencia Erik Morales está por encima de cualquiera. Siempre me he llevado bien con mi hijo, fue un niño muy obediente y gracias a Dios nos salió todo muy bien”.

La otra cara de la moneda entre sus hijos la ha representado Diego Morales, un zurdo de condiciones excepcionales que no ha logrado consolidarse.

“‘Pelucho’ ha sido un poco más rebelde que Erik; él cree que puede lograr cosas importantes sin nuestro equipo y está bien, se vale intentarlo, pero cuando él quiera regresar, las puertas van a estar abiertas… es mi hijo.

“No sé quién me lo aconseja, pero yo no pondría toda mi trayectoria en manos de una persona que se dice ‘mánager’ (Tiburcio García), pero que no lo es; yo lo traía de cubetero. No repruebo a este señor, sino al ‘Pelucho’. ¿Cómo es posible que a estas alturas ponga su carrera en manos de una persona que no tiene capacidad? Aún así, ‘Pelucho’ ganó esa pelea con Adonis Rivas. Lo que no me gusta es que van a hacer otra eliminatoria entre Rivas y ‘Poblanito’ García. Entonces, de qué se trata. ¿Le tomaron el pelo a la Comisión de Tijuana y al ‘Pelucho’ mismo? Es una buena pregunta para los dirigentes del CMB”, declara.

-Se podría pensar que después de la obtención del tercer título de su hijo, la carrera de “Olivaritos” ha llegado a su clímax. Después de formar a un púgil del calibre de Erik Morales, ¿aún le queda hambre? ¿todavía tiene ilusiones?

“Sí, todavía tengo muchas ilusiones. Sigo trabajando todos los días en el gimnasio como cuando empecé. Me siento bien; a diario me pueden ver corriendo a las siete de la mañana en el CREA; me motiva tener peleadores como Rodrigo Juárez y Alvaro Aguilar, que están invictos, pero esto ya me cansó. Al irse mi hijo, yo me retiro del boxeo también. Ya fueron muchos años y siento que ya se me cansó el caballo; de salud ya no ando muy bien. Tengo ganas de saber que se siente quedarse en camita hasta las 10 de la mañana e ir como aficionado y disfrutar una buena función de box”, puntualizó.

 

GASPAR ORTEGA, EL INDIO QUE CAMBIÓ EL BURRO POR UN COVERTIBLE

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La historia de Gaspar “Indio” Ortega, testimonio del tijuanense Benjamín Rendón Castrejón, oficial del CMB y un apasionado auténtico del boxeo. (Discurso presentado el 17 de octubre, en las instalaciones de la Sociedad de Historia de Tijuana).

Edmundo F. Hernández Vergara

Muy buenas tardes a todos. Me siento muy contento de ser parte de esta exposición sobre la historia del boxeo en Tijuana. Es un honor para mí estar con ustedes para hablar de un tema que podríamos abordar por horas, sin que apareciera en ningún momento el aburrimiento…

El boxeo es indudablemente el deporte que más satisfacciones le ha dado a nuestro país, y Tijuana ha jugado un papel protagónico en este sentido. Históricamente, esta frontera ha sido considerada como la plaza número uno de México y cuna de grandes campeones del mundo.

Cuando he tenido la fortuna de viajar a puntos lejanos de mi querida ciudad, a lugares como Tailandia, China, Italia, España, Japón y muchos más, he percibido con agrado que ubican a Tijuana en el mapa, gracias a las glorias que han alcanzado nuestros monarcas universales.

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Es del dominio público que los primeros campeones tijuanenses aparecieron en la década de los ochenta. Y cuando hablo de campeones tijuanenses, no me refiero exclusivamente a los pugilistas que nacieron en esta tierra, sino también a aquéllos que vieron la primera luz en otra ciudad, pero llegaron para quedarse y se formaron como campeones en los gimnasios de Tijuana.

Podemos hablar de Juan José “Dinamita” Estrada, Guadalupe Aquino, Raúl “Jíbaro” Pérez, como los primeros, y mencionar a muchos más hasta llegar a Antonio Margarito y Erik Morales, dos extraordinarios monarcas que protagonizaron contiendas de pago por evento en repetidas ocasiones.

Sin embargo, todo tiene un inicio. El pasado nos ayuda a comprender el presente. Y todos aquellos aficionados que conocen la historia de Gaspar “Indio” Ortega, valoran en su real dimensión la fama gloriosa de la que goza actualmente Tijuana, en materia boxística.

Y todos ellos, saben que el prestigio de nuestra frontera no empezó a labrarse en la década de los ochenta, sino a mediados del siglo pasado, cuando nuestro buen amigo Gaspar Ortega tomó un autobús en San Diego con destino a Nueva York, la meca del boxeo mundial en aquel entonces.

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La historia a grandes rasgos es la siguiente:

Gaspar nació en la colonia Pueblo Nuevo de Mexicali, Baja California, el 31 de octubre de 1935. De padres oaxaqueños, de cuna muy humilde, llegó a Tijuana siendo todavía un niño.

Creció en la Colonia Morelos y la precaria situación económica de su familia lo llevó a hacer mil cosas para ayudar al sustento. Me cuenta mi buen amigo Félix “Sapo” Ortega, hermano de Gaspar, quien también fue un boxeador destacado, que en algún momento se ganaban la vida vendiendo leña. Iban a buscarla, la recolectaban y la transportaban en burro.

Recuerda Félix Ortega, con muy buen humor, que su mamá les decía que era increíble que después de haber andado en burro, anduvieran ahora en un carro convertible, tras los primeros éxitos de Gaspar sobre los ensogados.

El destino convirtió a los hermanos Ortega en boxeadores. Gaspar se hizo famoso por su bravura y gran voluntad, y un día vino a Tijuana un buscador de talento proveniente de Nueva York. Su nombre era Nick Corby y lo invitaron a una función de box en Ensenada, en la que participarían el “Indio” Ortega y varias de las figuras locales de esos tiempos.

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Corría el año de 1955. Hubo muchas contiendas y algunas exhibiciones de gran calidad. Desafortunadamente, Gaspar no tuvo una buena actuación esa noche. Enfrentó a David Cervantes por el título welter del Estado y perdió por puntos una pelea en la que cayó a la lona en repetidas ocasiones.

Irónicamente, el buscador de talento eligió al “Indio” Ortega para llevárselo a Nueva York. Algo le vio y no se equivocó.

Fue entonces, cuando Gaspar cruzó la frontera y abordó un Greyhound que lo llevaría hasta la costa Este de Estados Unidos. Se aventuró con tan sólo un par de sandwiches y cinco dólares en pesetas que le dio su señora madre. Tardó tres días y tres noches en llegar. Nadie imaginaría que tiempo después regresaría a Tijuana en un Ford Edsel del año.

Recientemente hablé con el “Indio” Ortega y dice que no recuerda la fecha exacta en la que regresó, pero afirma que fue un día inolvidable en el que fue recibido por mucha gente en el Puente México. Estamos hablando aproximadamente de 1957, 1958.Prácticamente toda Tijuana estaba ahí y también en las afueras del palacio municipal, en donde el alcalde de aquellos tiempos le rindió un homenaje al tijuanense adoptivo que había conquistado Nueva York.

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Pero nada fue fácil para Gaspar. Desde su arribo a Nueva York empezaron las dificultades. Después de tres días de camino, llegó a la terminal de autobuses. No conocía a nadie y tuvo que esperar dos horas para encontrarse con la persona que había ido a recibirlo. El lugar se estaba quedando solo cuando apareció el cubano Appy Rodríguez, quien lo llevó con Nick Corby, su descubridor y manager en tierras neoyorquinas.

Su primera contienda en Nueva York la sostuvo en el verano de 1955, ante Aggie Maldonado en la arena San Nicolas. Gaspar ganó esa pelea y entró en un mercado dominado hasta esos momentos por pugilistas afroamericanos, puertorriqueños e italoamericanos. El tijuanense se abrió paso y se fue ganando al exigente público de lo que en esos tiempos era la catedral del boxeo mundial, con extraordinarias demostraciones de valentía, pundonor y calidad.

La gran oportunidad de su vida llegó de una manera muy singular. Resulta que nuestro personaje en turno, se encontraba un día descansando en Central Park, tras una dura jornada en el gimnasio. Lo acompañaba su hermano Felix Ortega. Ambos estaban sentados sobre el césped cuando llegó Nick Corby a informarle a Gaspar que Joe Micceli, quien estaba programado para enfrentar al clasificado mundial Isaac Logart, se había lesionado y que el promotor Jim Norris, presidente también de la International Boxing Club, le daría una oportunidad como estelarista en el Madison Square Garden.

Curiosamente, el tijuanense era sparring  del cubano Issac Logart, quien se perfilaba para ser campeón del mundo. Por si fuera poco, Gaspar era en esos momentos un peleador de ocho rounds. A todas luces, le faltaba la experiencia para enfrentar a un rival de la categoría de Logart.

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Sin embargo, ante la sorpresa de las mayorías, el “Indio” Ortega ganó el combate y el respeto de todo el mundo, en lo que fue la primera de 30 apariciones como estelarista en el Madison Square Garden de Nueva York, considerado en ese entonces como la catedral del boxeo mundial.

Me cuenta Félix Ortega, a quien agradezco por toda la información que me ha brindado, que el cubano Isaac Logart no soportó que su sparring lo venciera y decidió no pagarle el dinero que le debía por sus servicios.

Paulatinamente, en base a su pundonor y valentía, el mexicano fue adquiriendo fama y se convirtió muy pronto en uno de los consentidos de las transmisiones de televisión que se difundían de costa a costa, en todo Estados Unidos. Gaspar se presentó en 45 ocasiones en transmisiones nacionales, ocupando el segundo sitio en este rubro, sólo detrás de Ralph “Tiger” Jones.

Afortunadamente, la señal de las transmisiones llegaba hasta Tijuana, y muchas de las personas de mi edad fuimos testigos de las hazañas de nuestro compatriota. Los días que peleaba el “Indio” Ortega, la frontera se paralizaba; la gente se conglomeraba en restaurantes y bares. Se producía un fenómeno muy similar al que ocasionaba Julio César Chávez, con la diferencia de que en aquellos años no cualquiera tenía una televisión; era prácticamente un artículo de lujo. Yo llegué a ver peleas de Gaspar en los televisores que exhibían para su venta las mueblerías del centro de la ciudad.

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Fueron momentos muy bonitos, y aunque Gaspar Ortega nunca fue campeón mundial, su legado es grande, debido a que fue el primer pugilista que colocó a Tijuana en el pandero internacional.

A sangre y fuego, el “Indio” abrió el camino para sus compatriotas en la catedral del boxeo mundial,  en donde los mexicanos no tenían ninguna oportunidad.

No tengo la menor duda de que en esta época, en la que existen tantos organismos y los peleadores se coronan con menos de 20 contiendas, Gaspar hubiera sido campeón mundial. Sin embargo, para mi gusto, no fue bien manejado, además de que tuvo la fortuna o la desdicha –como gusten verlo- de haber boxeado en años en los que existía un solo monarca, y había que hacer más de cien peleas antes de tener el privilegio de retarlo. 

 El “Indio” tuvo su oportunidad, pero ya cuando iba de salida, ya cuando no era el Gaspar Ortega de las grandes batallas. Aún así, Emile Griffith, quien era el monarca welter en esos momentos, reconoció en un libro autobiográfico que el mexicano fue uno de los rivales más complicados que tuvo sobre el ring. Se enfrentaron en dos ocasiones; la primera sin título de por medio y la segunda con la corona en disputa. Griffth ganó las dos contiendas, pero tuvo que emplearse a fondo en ambas.

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Gaspar Ortega es de cualquier modo un campeón sin corona, una leyenda tijuanense que merece todo mi reconocimiento.

Impulsado por esa profunda admiración que siento por él y porque sus hazañas forman parte de los mejores recuerdos que tengo de mi juventud, en el año 2013 busqué la manera de que Gaspar recibiera en su querida Tijuana una distinción especial por parte del Consejo Mundial de Boxeo.

Hablé con el señor José Sulaimán (qepd) para plantearle la idea. Le comenté que tenía la intención de entregarle al “Indio” Ortega, durante una función que se llevaría a cabo en Tijuana, un cinto como el que se le otorga a los campeones mundiales en la actualidad. Le dije que yo cubriría el importe del cinto y todos los gastos que pudiera generar el envío, y la respuesta del señor Sulaimán fue muy gratificante.

Don José se opuso rotundamente a que se pagara un centavo por el cinto y se confesó como un fiel admirador del “Indio” Ortega. Resulta que en su natal Ciudad Victoria, Tamaulipas, llegaba en aquellos tiempos la señal de la televisión estadunidense y eso le permitió ser testigo de las grandes noches del tijuanense.

De esta manera, en un gran gesto de su parte, el señor Sulaimán decidió obsequiar el cinto que tuve el privilegio de entregarle a Gaspar, sobre el ring del Auditorio Municipal de Tijuana, el 17 de agosto de 2013. Esa noche fue muy especial, porque el “Indio” Ortega dejó de ser, al menos de manera simbólica, un campeón sin corona, en uno de los tributos más importantes y merecidos de los que ha sido objeto en esta frontera. Sólo él y Ruben “Hurricane” Carter han recibido una distinción de esta índole por parte del  prestigioso Consejo Mundial de Boxeo.

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Afortunadamente, los reconocimientos no le son ajenos a este ejemplar peleador tijuanense, quien en 1993 fue inducido merecidamente  al Salón de la Fama del Deporte de Tijuana. De igual manera, en 1995 fue inmortalizado con su inclusión en el Salón de la Fama del Boxeo Mundial, ubicado en Los Ángeles, California, un recinto exclusivo para grandes luminarias.

En este sentido, creo particularmente que un personaje de esta categoría merece todos los elogios y tributos posibles. Merece que su nombre sea plasmado para la posteridad. Me enorgullece como tijuanense saber que existen en la ciudad calles con los nombres de mi amigo Javier Bátiz y de mi tía Josefina Rendón, sin duda, personajes célebres de la ciudad.

Ya existe en esta frontera un gimnasio de box con el nombre de Gaspar “Indio” Ortega. Y no es poca cosa. Pero estoy convencido de que merece también tener una calle a su nombre, y propongo que sea en la colonia Morelos, en donde él se crió. Sería magnífico que las autoridades tuvieran un gesto de esta naturaleza.

Finalmente, quiero agradecer la confianza que ha depositado en mí el Salón de la Fama del Deporte de Tijuana, que preside el señor Gilberto Ruiz Hernández, para exponer en este importante evento la biografía de este ilustre exponente de la historia del boxeo de nuestra frontera.

Ha resultado un honor para un servidor, hablarle a las nuevas y antiguas generaciones del hombre que un buen día salió de San Diego rumbo a Nueva York, con tan sólo cinco dólares en la bolsa, y regresó en un Ford Edsel del año, tan humilde como en los tiempos en los que iba descalzo a la escuela y acarreaba leña en un burro para venderla.

Le envío un abrazo fraternal a mi amigo Gaspar, la leyenda tijuanense.

¡Muchas gracias!

Fotos: Cortesía Benjamín Rendón Castrejón

“ALGO DEBO DE TENER”: CHÁVEZ JR.

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*Entrevista publicada en noviembre de 2003, en el semanario Zeta de Tijuana, B. C.

Edmundo f. Hernández Vergara

Tijuana, B. C.-En una de esas casualidades agradables del destino, Julio César Chávez tendrá la oportunidad, posiblemente por única ocasión, de compartir cartelera y cuadrilátero con su hijo del mismo nombre.

Como atracción especial del homenaje que prepara Promociones Zanfer para el sábado 22 de noviembre en El Toreo de Tijuana, Julio César Chavez jr. disputará su segunda contienda como profesional, en una de las plazas más importantes en la carrera de su padre.

Desde su afortunado debút en su natal Culiacán, el nuevo Julio, quien es dirigido por su tío Rodolfo Chávez y asesorado por el don Rómulo Quirarte, no ha escapado de las ventajas y presiones que implica portar un nombre con tanto peso dentro del boxeo.

“Es una presión llevar este nombre, pero también ayuda. Sé que todos mis rivales me van a querer ganar y yo tengo que prepararme bien para defender este nombre”, asegura a ZETA el novel boxeador de 17 años de edad, quien aún no pierde su cara de niño.

Con una experiencia mínima de cuatro peleas en el plano amateur, Chavez jr., quien supera notoriamente a su padre en estatura y alcance, confiesa que ha sentido la diferencia de combatir como profesional.

“Duelen un poco más los golpes, pero ya caliente no se sienten. Además, traigo en la sangre el boxeo, por eso estoy aquí”, indica.

-¿Cómo te defines sobre el cuadrilátero?

“Quisiera tirar el gancho al hígado como mi papá y manejar bien la izquierda porque es la base para cualquier boxeador. Ojalá con el tiempo se me dé eso”.

Para el joven pugilista admirador del boxeo de Félix Trinidad, Erik Morales, Marco Barrera y Juan Manuel Márquez, resulta sólo una coincidencia el haber debutado en la división superpluma, la misma en la que su progenitor conquistó el primer título mundial de su carrera.

“Es una casualidad, son cosas que se dan, pero quisiera ganar ese mismo campeonato yo también”, acepta.

-¿Es difícil plantearte metas después de lo que logró Julio César Chávez?

“Ojalá pudiera hacer la mitad de lo que hizo o si se puede alcanzarlo; eso se va a dar solamente con los entrenamientos. Espero tener la suerte y lo que él tuvo de su lado porque muchas veces no se conjugan la cosas a tu favor. Me gustaría ganar los cuatro títulos que él no pudo ganar”.

-Supongamos que tu carrera sea un éxito, ¿frente a quién te ves peleando en unos años por un título mundial.

“No sé, con el que sea, pero me gustaría pelear con Kosta Tszyu, Oscar de la Hoya, Mayweather… con los mejores. Tengo que entrenar duro para hacer algo en el boxeo; si no me miran nada bueno, me tengo que retirar, pero algo debo de tener”, concluyó.

Foto: desdeelring.com

 

INGRESA TIJUANENSE LEO IBARRA A MUSEO LEYENDAS DEL CMB

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En una emotiva ceremonia celebrada el pasado domingo 17 de mayo, en el Fox Theatre de la American Sports University de San Bernardino, California, el tijuanense Leobardo Ibarra Bracamontes tuvo el honor de ingresar al “Museo Leyendas del Boxeo del CMB”.

La inducción correspondiente al año 2015 del prestigioso recinto le hizo justicia al Arquitecto Ibarra, quien se ha desempeñado en años recientes como oficial de ring y ha ocupado diversos puestos en la H. Comisión de Box y Lucha Libre de Tijuana. Sin embargo, nada se compara con la extraordinaria labor que ha realizado como pieza fundamental del Patronato Pro Seguro del Boxeador, que se encarga de cubrir los gastos de cualquier lesión que sufra un peleador sobre los cuadriláteros de esta frontera, incluido accidentes fatales.

Leo, como lo conocen sus amigos, es indudablemente uno de los personajes más importantes de la última época para el productivo pugilismo tijuanense, y se ha convertido ahora, de manera merecida, en una leyenda.

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“Agradezco a Dios la felicidad de saber que todos mis amigos que me ha dado el boxeo son parte de mi familia. Deseo compartir este honor con todos los que de una manera u otra han contribuido en esta aventura. Siempre lo he dicho: el protagonista de lo que hacemos en el boxeo es el peleador, y por él seguiremos trabajando como hasta hoy. No tengo las palabras exactas para agradecer a Dios y a mi gente todo su cariño; comparto este honor con todos y cada uno de mis amigos… ¡muchas gracias!”, expresó el también juez internacional del CMB, tras recibir el reconocimiento.

En 2011, Benjamín Rendón Castrejón, otro de los hombres de gran valía para el arte de fistiana de esta frontera,  tuvo el privilegio de convertirse en el primer tijuanense en ingresar al “Museo Leyendas del Boxeo del CMB”. En esta ocasión, el orgullo para la esquina de Latinoamérica fue por partida doble, pues al lado de Ibarra también fue inducido el excampeón mundial gallo y supergallo, Raúl “Jíbaro” Pérez.

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“Tijuana está repleta de personajes valiosos en todas sus facetas, actividades y ambientes. Y el pugilismo no es la excepción. Yo tuve el honor de ingresar al Museo del CMB en 2011, y ahora le tocó su momento muy merecido a mis grandes amigos Leo Ibarra y Raúl Pérez; los felicito sinceramente”, declaró Rendón Castrejón.

“Estoy muy orgulloso de representar al boxeo de mi ciudad y por el reconocimiento a mis compañeros. Espero en un futuro poder ser testigo de la inducción de otros personajes tijuanenses en este recinto que nació como una extraordinaria idea  de Don José (qepd) y Mauricio Suliamán, así como de la American Sports University”, agregó el llamado “Caballero del Boxeo”.

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En la misma ceremonia, ingresaron al museo ubicado en la Universidad del Deporte de San Bernardino, California, Gennady Golovkin, Joel de Hoya, David Martínez, Blinky Rodríguez, Víctor Ortiz, Mack Kurihara, Alex Ramos, James Toney, Hedgemon Lewis, Ryan O´Neill y Tell Torrence. (EFHV).

 

LA “PELEA DEL SIGLO”, UNA NOCHE DE CÁTEDRA Y PRETEXTOS

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Edmundo F. Hernández Vergara

Fotos: Germán Villaseñor

Si habría que culpar a alguien del pobre espectáculo que nos ofreció la denominada “Pelea del Siglo”, celebrada el pasado 2 de mayo en el MGM de Las Vegas, Nevada, sería al mexicano Juan Manuel Márquez. La única posibilidad de presenciar un duelo memorable estaba fincada en la esperanza de que apareciera el Pacquiao de las noches gloriosas, el mismo al que hace tiempo perdimos. La bestia que infundía miedo a sus rivales y cautivó a propios y extraños por la generosidad de su estilo, murió el 8 de diciembre de 2012, justo cuando cayó noqueado brutalmente a los pies del pupilo de Nacho Beristáin, en el epílogo del sexto round de aquella cuarta contienda. Esa noche se acabó el “Pac-Man”, o mejor dicho: se lo acabó Márquez.

Es del dominio de todos los involucrados en el arte de fistiana que un nocaut de esa magnitud deja secuelas físicas y psicológicas. Y el tagalo había dado muestras de lo anterior en sus tres combates posteriores a su estrepitosa derrota. Su confianza, cuando intenta entrar a la guardia de su adversario, ya no es la de antes. De igual manera, han desaparecido aquellas combinaciones infernales de seis, siete u ocho golpes, que lanzaba sin importar lo que recibiera, y que solían convertir las arenas en manicomios irrepetibles.

Aunque suene triste y continúe activo, al mejor Manny Pacquiaio ya sólo podremos verlo a través de la magia del video, porque el actual, el que perdió la contienda del sábado, es otro boxeador. Incluso, ya es otro hombre, un hombre al que el fantasma de la derecha aniquilante de Márquez jamás lo abandonará.

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Por eso fue tan fácil para Floyd Mayweather Jr. y tan frustrante para todos aquellos que encendieron la televisión o pagaron un boleto para ver perder al relámpago invicto de Grand Rapids, Michigan. La condición actual del filipino pasó desapercibida en el análisis de las mayorías porque hay asuntos que tienen prioridad en los procesos mentales de los fanáticos, como el morbo y el deseo ferviente de ver perder al llamado “Money”, en este caso. La pasión le ganó la pelea a la razón, y fue imposible entender que el deseo se había convertido en utopía, porque simplemente ya no había con qué materializarlo.

El mismo Pacquiao (57-6-2, 38 nocauts) sabe perfectamente que sus virtudes han mermado, pero ha preferido adjudicar su derrota a un supuesto desgarre de su hombro derecho. Sin embargo, no debe extrañarnos porque el tagalo nunca fue un ejemplo en las noches tristes. Sus conferencias  siempre han estado compuestas de pretextos en estas circunstancias. Manny siempre gana y, como el niño mimado y maleducado al que no se le ha enseñado que perder es parte del deporte y de la vida, ha elegido salvarse él y manchar la victoria digna de sus oponentes, aunque sea tan clara e inobjetable como un nocaut en contra. Y en este caso, argumentando una lesión en el hombro, no sólo está buscando salvar su prestigio y ensuciar el triunfo legítimo de Mayweather, sino también está manchando al boxeo, porque estaría confesando que fue partícipe de un fraude. La Comisión Atlética de Nevada no tiene registrado algún aviso previo a la contienda con respecto a la salud del hombro del “Pac-Man”, por lo tanto, cualquier cosa que se haya dicho después, carece de validez y suena a justificación. Reprobable ha resultado la actitud del filipino y su esquina no sólo en esta ocasión, sino siempre que ha probado la amargura del fracaso.

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Al parecer, Pacquiao y su equipo de trabajo no midieron las consecuencias y ahora tendrán que acudir a la Corte en Estados Unidos para atender un par de demandas que ha levantado gente que se siente estafada, tras  pagar los 99 dólares que costó el PPV (Pago Por Ver) en Estados Unidos. Asimismo, deberá enfrentar alguna sanción por parte de la Comisión Atlética de Nevada, por mentir, de acuerdo a su argumento manejado durante la conferencia de prensa, en el cuestionario que se realiza a todo pugilista previo a una contienda. El organismo asegura que el excamepón welter de la OMB respondió con un “NO”, en el apartado en donde se le cuestionó si sufría de alguna lesión que le impidiera tener acción el 2 de mayo.

Para fortuna del “Pac-Man”, todo este escándalo podría traerle más beneficios que perjuicios, pues seguramente le abrirá el camino hacia una revancha con el “Money”, a celebrarse tentativamente para abril de 2016, en la inauguración de la nueva Arena del MGM y en el aniversario número 58 del retiro de Rocky Marciano, cuya marca de 49 victorias sin derrota, podría ser superada esa noche por el 50-0 de Mayweather. Marco perfecto e inmejorable para una segunda batalla millonaria.

Por otra parte, mucho se habló previo al duelo sobre el papel determinante que podría jugar Freddie Roach, descifrando el estilo de Floyd. Finalmente se quedó muy lejos del objetivo, al igual que todos los entrenadores que lo han intentado hasta el momento. Desde hace tiempo, suele decirse que Roach es el mejor manager del mundo. Sin embargo, más que una realidad, parece una frase hecha. En los últimos años, el manejador estadounidense acumula más fracasos que éxitos. Además del monstruo que ha significado Pacquiao para la industria del boxeo, Roach no ha producido nada interesante ni digno que elogiar. Un buen entrenador plasma su estilo en sus pupilos, y no se ve por ningún lado a otro Pacquiao, ni siquiera un intento o una mala copia en todo el “Wild Card”. Recientemente, Floyd Mayweather padre declaró que su homólogo “es sólo un chiste”, y no anda nada equivocado. Roach es sólo un invento de la prensa estadounidense para no reconocer la grandeza de mexicanos como Ignacio Beristáin y Rómulo Quirarte, auténticos forjadores de campeones y extraordinarios estrategas. Lo triste es que existan aficionados aztecas que repitan el cliché y se rindan a los pies del extranjero, sin analizar y darse cuenta que el producto que hay en casa simplemente es mejor.

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En lo que respecta a Mayweather Jr. (48-0, 26 nocauts), no hay absolutamente nada que reclamarle. Si alguien esperaba otra cosa de él la noche del 2 de mayo, podríamos hablar de otro imposible creado exclusivamente por el deseo y la imaginación. En su pelea número 48, el virtuoso estadounidense fue congruente con su historia como boxeador y labró, round tras round, “bending” tras “bending” y golpe tras golpe, una cátedra del arte de la defensa y del contraataque, unificando los cetros welter del CMB, AMB y OMB. Y todo esto a los 38 años, una edad en la que escasos pugilistas permanecen siquiera activos.

Que nos agrade o despreciemos las formas y los caminos que ha elegido el pentacampeón universal para triunfar, es tan sólo una cuestión de gustos particulares. Pero en ningún momento podemos descalificar su estilo o tacharlo de antideportivo porque estaríamos enjuiciando a una de las escuelas más gloriosas y productivas en la historia del boxeo, como lo es sin duda la afroamericana. Lo que hace Floyd es totalmente válido y nos demuestra que no siempre gana el pugilista que camina hacia enfrente. En el boxeo, la inteligencia y la efectividad pueden desplazarse hacia cualquier parte, pero en este caso prefieren hacerlo hacia atrás y hacia los flancos.

En cuanto al lugar que merece en la historia el oriundo Michigan podríamos incluirlo, no sin problemas y bajo la desaprobación de algunas voces, en el “top 10” de los más grandes, aunque difícilmente el peldaño que le corresponde le permita ver hacia abajo a gente como Muhammed Alí, “Sugar” Ray Leonard, Joe Louis, Rocky Marciano y “Sugar” Ray Robinson.

Finalmente, puede resultar tan improductivo como entretenido imaginar qué se dirá en 50 u 80 años de la pelea del 2 de mayo de 2015. Posiblemente, se escuchará decir qué Pacquiao llegó lesionado, que ya no estaba en su mejor momento, que el negrito corrió y abrazó toda la noche y que mucha gente terminó decepcionada. Seguramente los periodistas de esos tiempos afinarán las nuevas plumas que les haya regalado la tecnología y dirán que la contienda fue deslucida, pero que no manchó en ningún momento el legado de ambos exponentes como leyendas del pugilismo… ultimadamente, que se diga lo que sea, pero que se diga algo, porque eso significará que el boxeo estará tan vivo como en nuestros días.

 

MAYWEATHER Y PACQUIAO, LA PRIMERA VEZ

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Edmundo F. Hernández Vergara

Fotos: Germán Villaseñor

Después de picar piedra en mis primeros años como periodista deportivo, redactando notas locales y elaborando secciones aburridísimas y sin la menor exigencia de creatividad (léase Zemana Deportiva), el semanario Zeta de Tijuana, B. C., me envío por primera ocasión a Las Vegas, en enero de 2001. Los editores me encargaron realizar la cobertura de la contienda de campeonato mundial entre los mexicanos José Luis Castillo y César Bazán.

De entrada, el viaje resultó entretenido. Me asignaron como fotógrafo a Ramón Blanco Villalón, el más sociable y bonachón de los hijos del director del periódico, Jesús Blancornelas (qepd). Manejamos toda la mañana de un viernes rumbo a nuestro destino, con toda clase de provisiones a bordo. Recuerdo un frío atroz y un paisaje de cuento: el desierto estaba nevado.

Ya en Las Vegas, gracias a la publicidad de las pantallas electrónicas que forman parte de la fachada del MGM, me percaté que la pelea entre Castillo y Bazán no era la estelar de la función, y que el show principal apuntaba hacia una estrella en pleno desarrollo, llamada Floyd Mayweather Jr., a quien yo no había visto pelear hasta esos momentos, siendo sinceros.

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Ramón Blanco se dio cuenta también de este “detalle”, y al otro día me propuso darle cobertura al pleito entre mexicanos y salirnos de la arena sin ver el duelo estelar, “para cenar más temprano”. Para esos momentos, yo ya estaba intrigado y muy entusiasmado con la idea de ver en vivo al medallista de bronce de Atlanta 96 y sobrino de Roger Mayweather (eran los únicos datos que tenía de él). Por eso no acepté, sin perder la cortesía, la propuesta del fotógrafo.

Ya en la arena del MGM, concretamente en la sala de prensa, un periodista proveniente de Santa Ana, California, me abordó durante la comida. Sus lentes anticuados, los surcos de su rostro y su cabello blanco lo delataban como testigo de mil batallas. El hombre apreció de inmediato mi inexperiencia y me sugirió que no perdiera de vista la pelea principal, porque iba a tener el privilegio de ver en vivo al heredero de las glorias de “Sugar” Ray Leonard y de todos los “Sugar” que hayan existido. “Se llama Floyd Maywether Jr. y es un relámpago; no dejes de verlo, hijo”, me aconsejó, y mi curiosidad creció aún más.

Esa noche cumplí con la encomienda de trabajo; Castillo noqueó a Bazán en seis rounds y le realicé una entrevista que salió publicada el siguiente viernes, pero no me quedé con las ganas de escribir algo sobre Mayweather. Y con mi pluma novata y maravillada por lo que había visto, hice un pequeño artículo que empezaba más o menos así: “La nueva joya del boxeo es un relámpago y se apellida Mayweather; es el heredero natural de las glorias de ´Sugar´ Ray Leonard. Pulverizó sin problemas y de manera espectacular al invicto Diego Corrales”. Esa fue la primera vez que vi al ahora llamado “Money”.

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Un par de años después, Manny Pacquiao apareció en el mapa boxístico de una manera similar. Recuerdo que fui con mi hermano Alain al “Book” de la Calle Octava y Revolución de Tijuana a ver una pelea de Marco Antonio Barrera, quien se preparaba para enfrentar a Erik Morales por tercera ocasión. Era noviembre de 2003 y muchos pensamos, dada la calidad y todas las virtudes del capitalino, que no tendría problemas para imponerse. El rival se llamaba precisamente Manny Pacquiao; no se sabía mucho de él, salvo que había sido campeón del mundo en divisiones inferiores y que era filipino. Por este último dato se podía suponer que sería un adversario combativo, estoico ante el castigo y desordenado en su técnica. Era un dato más significativo que el otro, que nos decía que había ostentado un cetro universal.

Todos fuimos ese día a ver a Marco Antonio Barrera y terminamos viendo al hasta entonces desconocido Emmanuel Dapridan Pacquiao, combativo, estoico y desordenado, como lo supusimos, pero con un plus nada habitual en los exponentes de aquellas islas: era espectacularmente veloz y bestialmente poderoso de puños. Barrera lo sufrió y terminó noqueado en once rounds, después de visitar la lona en repetidas ocasiones. Al final, todos los reflectores apuntaron hacia el “Demonio” de las Filipinas, mientras el mexicano bajó literalmente llorando del ring. Nacía entonces, casi sin darnos cuenta, una nueva figura, una leyenda.

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Meses después, tuve la oportunidad de verlo en vivo ante Juan Manuel Márquez, en lo que fue la primera de cuatro memorables batallas. Esa noche, el tagalo confirmó todo lo que vi en televisión, y aunque su esfuerzo sólo le alcanzó para empatar la pelea, dejó en todos una extraordinaria sensación.

A esas alturas de su carrera, Pacquiao aún no era nadie y se comportaba como cualquier terrenal. Por eso, a la mañana siguiente me lo encontré haciendo fila para entrar a desayunar al buffet del MGM. El filipino lucía lentes oscuros que ocultaban las huellas de las “caricias” de Márquez y se entretenía probando su suerte en las máquinas de “coras”, mientras esperaba su turno para acceder al restaurante. Su aspecto era melancólico; era evidente que el empate le sabía a derrota. No habíamos llegado aún a la época en la que las fotografías se comparten en las redes sociales; no tenían el valor y el significado que hoy tienen. Tal vez esa fue la razón por la que no le pedí que posara para mi cámara. Pero me le acerqué, le pedí que me firmara mi credencial de prensa y lo felicité por el gran espectáculo que había brindado la noche anterior. Así conocí al “Pac-Man”.

 

LA PELEA DEL SIGLO: INTELIGENCIA VS. POTENCIA

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Edmundo F. Hernández Vergara

Fotos: Germán Villaseñor

En todas las épocas, desde que el boxeo abandonó la clandestinidad de las bodegas de los barcos y adquirió seriedad como deporte, espectáculo y negocio, se han celebrado contiendas nombradas como “La Pelea del Siglo”. Esa fue la etiqueta con la que cargaron combinaciones como Jack Dempsey vs. Luis Ángel Firpo (1923), Muhammad Alí vs. Joe Frazier III (1975), “Sugar” Ray Leonard vs. Roberto Durán (1980), Marvin Hagler vs. Thomas Herns (1985), Julio César Chávez vs. Héctor Camacho (1992) y Oscar de la Hoya vs. Manny Pacquiao (2008), por mencionar algunas.

Muchas de ellas cumplieron con las expectativas; otras no tanto. Pero es necesario tratar de explicar cuáles son los parámetros para denominar una batalla entre dos boxeadores como “La Pelea del Siglo”.

En primer lugar, no hay duda de que se trata de un artificio mercadotécnico, pero la frase no funcionaría si los involucrados en el duelo no fueran pugilistas con un palmarés extraordinario y una calidad indiscutible. Entonces, es natural imaginar  que el choque de dos figuras sobre un ring arrojé un gran espectáculo, el mejor en cien años. Esa suposición genera una expectativa inusual, sueldos estratosféricos, altos índices de audiencia, récords en el “pago por ver” y, en términos generales, una derrama económica impresionante.

Después, revisando la historia, podemos percatarnos que algunos de estos magnos eventos terminaron decepcionando a propios y extraños.

En contraparte, tenemos aquellas contiendas que en un principio no atraparon la atención del planeta entero ni ofrecieron grandes bolsas a sus protagonistas. Sin embargo, una vez concluidas las acciones, se ganaron el derecho a ser nombradas como “Peleas del Siglo”. Es el caso, por ejemplo, del primer combate que sostuvieron en febrero de 2000 los mexicanos Erik Morales y Marco Antonio Barrera, quienes ofrecieron una auténtica guerra ante menos de cinco mil personas y en programación no restringida de la cadena HBO. Morales-Barrera I es, desde hace tiempo, un clásico, una auténtica “Pelea del Siglo”, por lo que se vio sobre el cuadrilátero y no tanto por lo que se dijo antes de ella. En el mismo tenor, podemos mencionar el enfrentamiento que sostuvieron Arturo Gatti y Micky Ward, en mayo de 2002, así como infinidad de riñas de cuatro, seis y ocho rounds que, lejos de los reflectores, han abonado para que el arte de fistiana se encuentre tan viva como siempre.

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Entonces, llegamos a la conclusión de que existen peleas del siglo desde la previa y otras que se ganan la distinción.

Y ahora, en 2015, es el turno de Floyd Mayweather Jr. y Manny Pacquiao, una combinación inmejorable, choque entre los dos monstruos que han sostenido en sus hombros el peso del boxeo en la última época. Es, indudablemente, una “Pelea del Siglo” desde la previa; esperemos también lo sea después de que coincidan sobre el ring del Grand Garden del MGM de Las Vegas, Nevada.

De antemano, es un hecho que el duelo hubiera resultado más atractivo hace tres años, sobre todo antes del brutal nocaut que sufrió el filipino ante Juan Manuel Márquez, en diciembre de 2012. Pacquiao posiblemente ya no sea el mismo, pero son aspectos que pasan desapercibidos para la mayoría de los aficionados. Sin embargo, hay asuntos que permanecen intactos, como el morbo y el deseo ferviente de ver perder a Mayweather. Veremos para qué le alcanza al “Pac-Man”.

A continuación, les dejamos un análisis muy particular de la contienda.

RIVALES EN COMÚN

Ambos exponentes cuentan con nombres en común en su récord de víctimas, y no son para nada nombres grises. Oscar de la Hoya, Miguel Cotto, Ricky Hatton, “Sugar” Shane Mosley y Juan Manuel Márquez sucumbieron en su momento ante los protagonistas de la magna velada que presentará Top Rank el próximo 2 de mayo, contribuyendo de alguna manera para que los apellidos del estadounidense y del tagalo se hicieran grandes.

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Alguien podrá argumentar que Pacquiao (57-5-2, 38 nocauts) venció a todos ellos (a excepción de Márquez) con mayor facilidad y lucimiento que Mayweather (47-0, 26 nocauts). Pero el dato no funciona para colocarlo como favorito en la “Pelea del Siglo”, principalmente porque el boxeo, al igual que cualquier deporte y la vida misma, es un asunto de estilos, circunstancias y momentos.

SU NÉMESIS

Nadie escapa de esta vida sin probar el poder de Némesis, la diosa griega de la venganza, la justicia retributiva y el equilibrio, que en otras épocas se ha interpretado también como nuestra contraparte.

Por más perfecto que se aprecie Floyd Mayweather sobre un cuadrilátero, por más impecable que luzcan su récord y su rostro sin marcas de combate, alguna vez sufrió ante un rival con características totalmente opuestas a las suyas. En abril de 2002, comandado por don Rómulo Quirarte desde la esquina, el sonorense José Luis Castillo, un fajador lento y potente de puños, puso seriamente en entredicho el invicto del virtuoso afroamericano. Esa noche se disputó en Las Vegas, Nevada, el cetro ligero del CMB en poder del mexicano, y a decir verdad, el orgullo de Grand Rapids, Michigan, perdió esa pelea. Tras 12 vibrantes episodios, casi nadie vio ganar a Floyd. Causó tanta polémica el veredicto de los jueces que el estadounidense debió conceder la revancha en diciembre de ese mismo año. Mayweather-Castillo II no arrojó nada interesante; el sonorense dejó de hacer muchas cosas que hizo en la primera batalla y no pudo recuperar su cinto.

Sin embargo, ahí quedó para la historia el duelo del 20 de abril de 2002, una fecha que Mayweather y su equipo de trabajo no recuerdan con agrado, es tema tabú, un mito para ellos, porque saben perfectamente que hoy no se hablaría de un récord perfecto ni de heredar al mundo del boxeo su legado como invicto, si los jueces hubieran actuado correctamente.

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Por otra parte, al Némesis de Pacquiao lo conocen hasta los más jóvenes. Se llama Juan Manuel Márquez, es orgullosamente mexicano y todos sabemos que el filipino no fue capaz de ganarle ninguna de las cuatro peleas que disputaron, aunque las estadísticas oficiales digan otra cosa.

El púgil tagalo nunca pudo con el llamado “Dinamita”, principalmente porque el peleador azteca es más técnico e inteligente que él. Por eso, en cada duelo que disputaron, Márquez se vio progresivamente mejor y, cuando le emparejó la velocidad y realizó entrenamiento de fuerza para aumentar la potencia de puños, lo noqueó.

A final de cuentas, la historia contará que a principios del segundo milenio existió un filipino temible y espectacular, pero también contará que nunca pudo con un mexicano que era mejor que él.

ARMA LETAL

La velocidad multiplicada por la fuerza es igual a potencia, dice la física. Y en el boxeo no hay personaje que encarne de manera más exacta esta fórmula que el “Pac-Man”. Por si fuera poco, el pupilo de Freddie Roach lanza golpes desde todos los ángulos y en su mejor versión es un pugilista impredecible.

Normalmente un boxeador lanza combinaciones de tres a cinco impactos, pero el mejor de los Pacquiaos llegó a completar series de siete u ocho envíos, aunque su mejor arma siempre será el “uno-dos”, de derecha-izquierda. Si logra volver a ese ritmo que no se le ha visto en sus más recientes compromisos, el zurdo de General Santos City, puede meter en serios problemas a Floyd Mayweather.

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En lo que respecta al autonombrado “Money”, encontramos su arma letal en la extraordinaria velocidad de piernas, manos y mente, que posee. El afroamericano es indudablemente el peleador en activo que mejor interpreta un combate; es un genio para ajustar y corregir errores sobre la marcha. Por esa razón nunca ha visitado la lona; siempre ha sido capaz de evitar ese segundo golpe que buscaba rematarlo.

Lo que veremos, entonces, el próximo 2 de mayo sobre el ring del MGM de la ciudad del juego, se puede resumir fríamente de la siguiente manera: inteligencia vs. potencia.

DEBILIDADES

Bien lo dijo don Nacho Beristáin hace unos días: “No le veo defectos a Mayweather”. Y esa es la realidad. Tendríamos que elaborar un análisis malintencionado y poco objetivo para encontrar alguna debilidad en el relámpago de Michigan.

No obstante sus 38 años de edad, el monarca welter del CMB y la AMB conserva su movilidad de piernas y sus reflejos intactos. El único factor que podría jugar en su contra sería el exceso de confianza que, dicho sea de paso, jamás ha aparecido en su brillante trayectoria.

En cambio, en el “Pac-Man” encontramos más de una debilidad. Hasta en sus mejores noches, el multicampeón universal ha exhibido una defensa deficiente. Ha recibido durante toda su carrera golpes de poder que ha logrado nulificar, en la mayoría de los casos, gracias a su extraordinaria capacidad para absorber castigo.

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Asimismo, es evidente que el zurdo de las Filipinas no es el mismo desde el impactante nocaut que sufrió a manos del “Dinamita” Márquez, el 8 de diciembre de 2012. Es del dominio de todos los involucrados en el arte de fistiana, que un nocaut de esa magnitud deja secuelas físicas y psicológicas. Y el tagalo ha dado muestras de lo anterior en sus tres últimos combates. Su confianza, cuando intenta entrar a la guardia de su adversario, ya no es la de antes; el fantasma de la derecha bestial de Márquez jamás lo abandonará. Sólo nos falta comprobar cómo está su aguante físico, y eso lo sabremos con el primer impacto de poder que reciba el 2 de mayo.

Por otra parte, hay que recordar que la pelea no se firmó en un principio debido a que Manny Pacquiao se negó rotundamente a realizarse pruebas antidopajes de sangre, propuestas por Mayweather. Desde que se empezó a hablar de la contienda como una posibilidad, el estadounidense ha insinuado en repetidas ocasiones que el “Pac-Man” pudo haber ingerido substancias prohibidas en algunos de sus pleitos. Inclusive, el filipino inició una demanda por difamación en 2011, que solamente sirvió para calentar más el duelo.

Para el “Money”, los  exámenes de orina a los que son sometidos los boxeadores no son suficientes para detectar alguna anomalía en su adversario. Esas fueron sus razones para exigir un control más estricto de cara a este importante compromiso.

A final de cuentas, Mayweather puede estar tranquilo; la Agencia Antidoping de Estados Unidos (USADA) será la encargada de realizar los controles de sangre y orina antes y después de la batalla. Es lo más justo, pero además de justo, Floyd piensa que ha debilitado a su rival.

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PRONÓSTICO

Floyd Mayweather Jr. es el favorito y debe de imponerse por decisión, con algunos apuros. Sumar el nombre de Manny Pacquiao a su lista de víctimas, representaría para el relámpago nacido en Michigan acceder al pedestal donde se encuentran leyendas como “Sugar” Ray Robinson, Muhammed Alí y “Sugar” Ray Leonard.

Una victoria clara de cualquiera de las dos partes, acabaría de tajo con la posibilidad de una revancha. Sin embargo, después de todo lo que hemos visto, es natural sospechar que una pelea tan lucrativa puede tener más de una edición. De esta manera, lo que vamos a ver el próximo sábado 2 de mayo, bien podría ser la primera de dos contiendas o el principio de una trilogía.

La justificación más válida para armar una serie de pleitos entre dos exponentes siempre ha sido la idea de repetir el espectáculo que ofreció la versión original. Pero también las revanchas surgen de los fallos polémicos, de las decisiones injustas que afectan al que merecía ganar. Y nadie puede asegurar que esto no sucederá el 2 de mayo. ¿O conocen a alguien que meta las manos al fuego por los señores jueces que trabajarán en la “Pelea del Siglo”?

ALCANZA BENJAMÍN RENDÓN LA INMORTALIDAD

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Commerce, Ca.-Minutos antes de las dos de la tarde del sábado 7 de marzo, el tijuanense  Benjamín Rendón Castrejón alcanzó la inmortalidad.

Tras un breve resumen de su inmejorable trayectoria alrededor de los cuadriláteros, ilustrado por algunos flashazos de sus mejores momentos, proyectados por la pantalla gigante instalada en el salón de un restaurante angelino dedicado a las carnes finas, el oficial del Consejo Mundial de Boxeo, tomó el micrófono ante poco más de 300 personas que se dieron cita, y comentó visiblemente conmovido:

“Sinceramente, estoy muy emocionado. Tal vez este reconocimiento sea inmerecido, pero de lo que sí estoy seguro es que en mi paso por el mundo del boxeo he hecho siempre las cosas con pasión, honestidad y preparación.  Por otra parte, quiero mencionar que nada de esto sería posible sin el respaldo de mi familia. En muchas ocasiones tuve que estar ausente en compromisos y fechas importantes por viajes a convenciones y asignaciones en peleas importantes. Por eso, mi esposa y mi hija Moniqué tienen un lugar especial”, dijo Rendón, provocando el aplauso sincero del auditorio.

Una vez apagadas las palmas, agregaría: “Este agradecimiento es extensivo para mis compañeros y amigos cercanos de la Comisión de Boxeo que presidió Dimas Campos Santiesteban en Tijuana. Puedo decir, a final de cuentas, que la gente del boxeo es mi segunda familia. Que Dios los bendiga a todos”.

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Entonces, Carol Steindler, una de las organizadoras, le entregó un elegante guante metálico color bronce, y le dio la bienvenida como uno de los primeros integrantes del recién creado Salón de la Fama del Boxeo Nacional de Estados Unidos, ante el orgullo de su familia y amigos cercanos que lo acompañaron, como Dimas Campos, Leobardo Ibarra y Edmundo F. Hernández.

Esa tarde, Benjamín Rendón también tuvo el privilegio de realizar la introducción correspondiente a la inducción del Licenciado Mauricio Sulaimán, presidente del Consejo Mundial de Boxeo,  y de su padre, Don José Sulaimám (qepd).

El reconocido dirigente agradeció a Rendón sus palabras con un abrazo y expresó:

 “Este reconocimiento es también para mi familia, para mi madre y mis hermanos. Quiero agradecer a todos aquéllos que se acercaron para brindarnos su apoyo cuando mi padre se encontraba en el hospital; hemos recibido mensajes muy bellos. Agradezco también la oportunidad que se me ha brindado para ser el presidente del CMB. Ha sido mi primer año y siento a mi padre muy cerca de mí; voy a trabajar hasta cumplir sus sueños… soy Mauricio Sulaimán, hijo de José Sulaimán. ¡Dios los bendiga!”, dijo la máxima autoridad del organismo boxístico de mayor prestigio en el mundo.

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En la misma ceremonia fueron inducidos otros personajes de trayectorias destacadas, como Miguel Cotto, Ken Thompson, Jack Reiss, Terry Norris, Eduardo García, Don Fraser, Dick Young, Leo Santa Cruz, Dan Goossen, Joe Goosen, Howie Steindler, Angel Ochoa, John Montes Sr., Danny “Little Red” López, Lily Urquidez Rodríguez, Jaime Ochoa.

Para Benjamín Rendón, de 73 años de edad, su inducción al Salón de la Fama del Boxeo Nacional de los Estados Unidos, representa el reconocimiento más importante de su recorrido en torno de los cuadriláteros en el mundo. Merecidamente, su labor no ha pasado desapercibida y puede afirmar con orgullo que también es miembro del Salón de la Fama del Deporte de Tijuana, desde el 11 de julio de 2009; y que en julio de 2011, ingresó, como personaje distinguido, al Museo de Leyendas del Consejo Mundial de Boxeo, ubicado en la Universidad del Deporte, en San Bernardino, California. (EFHV).

INGRESARÁ BENJAMÍN RENDÓN AL SALÓN DE LA FAMA DE LOS ANGELES.

 

Reconocimiento por Mauricio

Tijuana, B. C.-Benjamín Rendón Castrejón, uno de los oficiales más importantes en la historia del pugilismo tijuanense, forma parte del primer grupo de elegidos que tendrán el honor de ingresar este sábado 7 de marzo al recién creado Salón de la Fama del Boxeo Nacional de Estados Unidos(NBHF), con sede en Los Ángeles, California.

La idea original del nuevo recinto, que pretende reconocer e inmortalizar a lo más destacado del arte de fistiana, ha corrido a cargo de una sociedad de cuatro personas, compuesta por Bill Dempsey, Linda Young, Carol Steindler-Ferris y Marv Engquist., quienes esperan que el evento inaugural, a celebrarse este fin de semana en un lujoso restaurante de Commerce, California, resulte todo un éxito.

Benjamín Rendón fue propuesto para esta primera inducción por su brillante trayectoria como juez y supervisor internacional del Consejo Mundial de Boxeo, organismo en el que ha tenido la oportunidad de participar, alrededor del planeta, en contiendas de pugilistas de la talla de Andre Ward, Toshiaki Nishioka, Devon Alexander, Jacky Nava, Michael Carbajal, Edgar Sosa, Humberto “Zorrita” Soto, Antonio de Marco, José Luis Castillo, Pornsawan  Porpramook, Cristian Mijares  Jorge “Travieso” Arce, entre otros.

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Asimismo,  el tijuanense, quien en algún tiempo también perteneció a la Organización Mundial de Boxeo (OMB), cuenta con una carrera de casi 30 años como integrante de la H. Comisión de Boxeo de esta frontera, lapso en el que se ha desempeñado de manera exitosa en diversos puestos, siempre mostrándose como un personaje con aportaciones positivas para el deporte que practicó en la niñez.

“Siempre he sido una persona pro boxeo; la gente que me conoce lo sabe. Sin embargo, creo inmerecido mi ingreso al National Boxing Hall of Fame. Creo que hay gente que lo merece más que yo, pero agradezco infinitamente a las personas que así lo decidieron. Será un honor ingresar el mismo día y en el mismo grupo de elegidos en el que se encuentran el señor José Sulaimán (qepd) y su hijo Mauricio”, expresó al respecto el llamado “Caballero del Boxeo”.

“Será un día para recordar y disfrutar al lado de mi familia y de todos mis amigos del mundo del boxeo, que aprovecharé para saludarlos afectuosamente. Felicito a los organizadores por esta maginífica idea”, agregó.

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No será la primera ocasión que Rendón Castrejón es objeto de un reconocimiento de esta índole. Merecidamente, su carrera no ha pasado desapercibida y puede presumir que es miembro del Salón de la Fama del Deporte de Tijuana, desde el 11 de julio de 2009; y que en julio de 2011 ingresó, como personaje distinguido, al Museo de Leyendas de Consejo Mundial de Boxeo, ubicado en la Universidad de San Bernardino, California.

Al lado del tijuanense, también serán honrados en esta inducción inaugural,  otros hombres de carreras luminosas, en sus respectivas facetas, como Miguel Cotto, Ken Thompson, Jack Reiss, Eduardo Garcia, Terry Norris, Don Fraser, Dick Young, Leo Santa Cruz, Dan Goossen, Joe Goossen, Mauricio Sulaiman, Jose Sulaiman, Howie Steindler, John Montes Sr., Danny “Little Red” Lopez, Lilly Urquidez Rodriguez, Jaime Ochoa y Angel Ochoa. (EFHV)

 

OFRECERÁ TIJUANA MISA EN PRIMER ANIVERSARIO LUCTUOSO DE JOSÉ SULAIMÁN

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Tijuana, B. C.- Con motivo del primer aniversario luctuoso del Licenciado José Sulaimán Chagnón,  Tijuana, una de las plazas boxísticas más importantes en la historia de este país, le ha preparado para este sábado 17 de enero, en punto de las 5:00 PM, una misa en honor a su memoria en el Santuario del Sagrado Corazón, ubicado en la Calle Décima y Avenida Ocampo de la Zona Centro de esta ciudad.

La iniciativa ha corrido a cargo de Benjamín Rendón Castrejón, prestigioso oficial del Consejo Mundial de Boxeo y entrañable amigo del legendario dirigente pugilístico.

“Se va a cumplir un año del lamentable fallecimiento del Sr. José Sulaimán y no queríamos dejar pasar la ocasión para recordarlo y dejar claro que siempre lo tendremos presente, a través de una ceremonia religiosa. Su legado es grande; como dirigente deportivo no tiene comparación pero, quienes lo conocimos como persona, sabemos que era aún mejor ser humano”, expresó Benjamín Rendón al respecto.

Sulaimán Chagnón falleció el 16 de enero de 2014 en un hospital privado de Los Ángeles, California, tras sufrir complicaciones luego de una intervención a corazón abierto, dejando un espacio difícil de llenar. Ese día se marchó físicamente uno de los promotores más incansables de la humanización del boxeo, un personaje que alternó en algún momento con figuras políticas de la talla de Nelson Mandela y que alcanzó los elogios incluso de su contraparte: “En Paz descanse el padre del boxeo moderno”, declararía Gilberto Mendoza, Presidente de la AMB, al enterarse del fallecimiento de Sulaimán.

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Se espera que a la ceremonia asista una gran parte del medio boxístico de esta frontera, incluidos Manuel “Mantecas” Medina, Jacky Nava, Raúl “Jíbaro Pérez y Erik “Terrible” Morales, quienes en algún momento ostentaron un cetro del organismo presidido por  el dirigente tamaulipeco por más de tres décadas.

 “Es un detalle muy humilde y con mucho respeto para el Sr. Sulaimán. La invitación para que nos acompañen está abierta para managers, boxeadores, oficiales y, desde luego, para la prensa de Tijuana y del Sur de California”, indicó Rendón Castrejón.

La misa estará a cargo del padre Gabriel Pedroza. (EFHV)

“LOS CAMPEONES DE AHORA SON CAMPEONES DUDOSOS”: OLIVARES.

 

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*Entrevista publicada en el mes de mayo de 2002, en el semanario Zeta de Tijuana, B. C.

Edmundo F. Hernández Vergara

Su naturalidad, carisma y ese corazón indomable que lo acompañó en cada una de sus peleas, lo convirtieron en un personaje estelar no solamente del deporte mexicano sino también de su cultura popular.

Hoy, son pocos si no es que nadie, los que no conocen a Rubén Olivares. Ese famoso “Púas” mujeriego, borracho y despreocupado, que encarna perfectamente al típico “macho” mexicano. El mismo que nunca se rajó, que se subió por primera vez a un ring porque quería comer y compartía con los ‘compas’ del barrio sus triunfos y derrotas. En pocas palabras un verdadero ídolo, de esos por los que ahora llora el boxeo mexicano y en general el pueblo de México.

A sus 55 años de edad y a 32 de haber conquistado su primer título del mundo, tras siete meses de radicar en Tijuana, el tetracampeón universal habló con ZETA de todo. Fiel a su costumbre, se destapó y no dejó tema sin tocar, poniendo énfasis en el boxeo de antaño como un ejemplo para el pugilismo moderno.

Sentado frente a una pequeña mesa playera en el patio de su casa y restaurante, Olivares bromea, mientras el sol baña su espalda desnuda: “Está cerrado el restaurante porque los empleados me pidieron un día de descanso y les di el martes. Pero dime: cuándo descansan los chinos, por ejemplo”.

Ríe abiertamente y luego se le invita a recordar los viejos tiempos.

“Antes peleábamos 15 rounds, pero teníamos que trabajar 20 en el gimnasio. Precisamente el 22 de agosto de 1969 gané por primera vez un campeonato del mundo y todavía me acuerdo cuánto me costó”.  Sus recuerdos son interrumpidos para devolverle el saludo a un vecino y prosigue:

“En 1963 quedé en segundo lugar para la Olimpiada de Tokio; en 1964 gané los guantes de oro; en el 65′ debuté como profesional a los 17 años, hasta que a los 21 llegué invicto a disputar el campeonato mundial y me coroné. Hice 40 o 50 peleas para llegar a un campeonato del mundo y ahora con 10 ó 12 ya puedes ser campeón”, indica.

-¿Cuál es su opinión sobre la existencia de tantos organismos que avalan un título del mundo?

-Me da gusto porque así hay más ‘chance’ de que los peleadores sean campeones mundiales y ganen dinero. Aunque los campeones de ahora son campeones dudosos; tienen su cinturón pero como que les falta algo más. Les falta haber sufrido para que valoren su título, para que peleen como debe de ser.

-¿Ha disminuido la calidad?

-Ha bajado bastante. Me doy cuenta en la técnica, en la exigencia de una pelea, que antes eran a 15 y no a 12 rounds. Eso ha influido en que haya bajado la calidad. Si yo fuera presidente de un organismo aumentaría a 18 el número rounds. Así habría verdaderos campeones y apreciaríamos la constitución y condición física del peleador, su verdadera capacidad, aguante y fortaleza psicológica. Además sería un mejor espectáculo para la gente.

-¿Y en dónde dejaría el aspecto humanitario?

-Los que aguanten esos rounds es porque tienen consistencia, resistencia y todo lo que necesita un verdadero campeón del mundo. El que no los aguante se va salir del boxeo porque no va a querer hacerse daño solo –asegura-.

Con toda la autoridad que le dan las épicas batallas que protagonizó, Olivares prosigue con su crítica a los boxeadores modernos.

“Los boxeadores de ahora están muy ‘avedetados'; son unas ‘vedettes’, no les gusta ni que les toquen la cara. Ni siquiera les pegan fuerte y se caen. Se quejan de que el rival está más pesado un kilo o dos y yo era gallo y peleé con pesos pluma y ligeros”, argumenta.

Y luego remata: “Me da tristeza ver cómo le manejan la carrera a algunos peleadores; les ponen ‘bultos’ al principio y a la hora buena no pueden. De esto tienen la culpa los promotores, que son mis amigos pero de box no saben nada. La gente que maneja el box no sabe lo que es tirar un ‘jab’ ni los cuidados que necesita un peleador”.

-¿Existe la mafia en el boxeo?

-Hay gente muy deshonesta, corrupta y ratera. Son unos asquerosos. Y me da coraje porque yo aprendí desde muy niño a ser honesto; mi padre me enseñó y nunca se me olvidó. Yo tenía 12 años cuando una vez mi padre dejó un billete de cinco pesos sobre la mesa y se me hizo fácil agarrarlo; cuando me preguntó que si había visto el billete le dije que lo tenía en la bolsa… se enojó y me golpeó muy fuerte en la cara, me noqueó y se lo agradezco porque fue el nocaut que más me enseñó en la vida. Entonces, para mí, la honestidad es el principio de todo.

-¿Qué le enseñó el boxeo?

-A conocer a la gente. Se vuelve uno hasta psicólogo. Perdí muchas amistades por rateras y gané mucho dinero y campeonatos, pero yo me quedo con los aplausos y el cariño de la gente. El boxeo es mi vida.

Después de los obstáculos que le puso la Comisión del Distrito Federal para darle su licencia de ‘manager’, el “Púas” ha decidido emprender la aventura en Tijuana.

“Me vine para acá porque allá no me quisieron dar la licencia de ‘manager’. Aquí también batallé para que me la dieran, pero ya la tengo”, dice el  ídolo oriundo de Iguala, Guerrero, pero surgido de las entrañas de la colonia Bondojo de la Ciudad de México.

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-¿Es difícil ser ‘manager’?

-Me gusta. Además tengo mucho que enseñarles a los niños y a los muchachos que quieran entrenar conmigo. Sé cómo tratar a los peleadores, sé lo que necesitan… no hay que robarlos, que es lo que hizo el ‘Cuyo’ Hernández conmigo.

-Es difícil encontrar a alguien que hable mal del ‘Cuyo’ Hernández…

-El ‘Cuyo’ era un raterísismo,  una persona deshonesta, tranza… un tipo de lo peor. Y por si fuera poco no sabía nada de box”.

-¿Qué le dice a usted que México tenga siete campeones mundiales?

-Qué bueno que México tenga esos campeones mundiales, pero se me hacen pocos. Deberíamos de tener muchos más campeones. Quitando los pesos grandes, México debería tener un campeón por cada organismo.

-¿Quién es el mejor de los siete monarcas aztecas?

-Cada quien en su peso, pero uno de los más completos es Marco Antonio Barrera”.

-¿Cuál es su pronóstico para la revancha Morales-Barrera?

-Los dos son buenos, pero vamos a ver qué pasa. Barrera ya le pegó una vez, pero tiene que volver a demostrar. Ya se vio en la primera pelea que Barrera lo puede noquear, pero Erik Morales es un estupendo boxeador.

-Se dice que en el boxeo mexicano moderno existe un vacío tremendo; tenemos buenos campeones pero no hay un ídolo que arrastre multitudes como en su momento lo fueron el “Ratón” Macías, Olivares y más recientemente Chávez…

-Sí, Chávez fue el último y ya no ha salido otro. A los de ahora les faltan ‘huevos’. ¿Qué más se puede pedir? Hay técnica, entrenamientos, pero de qué les sirve si les da miedo. Les falta el producto de gallina.

-¿Qué hay que tener para ser ídolo?

-Un ídolo demuestra lo que vale arriba y también abajo del ring.

-¿Qué lugar le daría en la historia del boxeo mexicano a Julio César Chávez?

-Para mí el mejor ha sido el “Kid” Azteca. Chávez fue un peleador bueno, pero hasta ahí. Es el último ídolo, pero un peleador de vergüenza nunca jamás se queda sentado en el banquillo como se quedó Chávez contra de la Hoya. ¡Sal a pelear, cabrón! Hay que morir de frente y a los pies del rival. Y Chávez no lo hizo.

-¿Cuál es el futuro del pugilismo nacional?

-Debe de componerse. Estamos en el siglo XXI y tiene que ser mejor todavía. Hay un buen futuro y estoy seguro que al rato va a salir otro ídolo.

Original y ocurrente, como siempre, el “Púas” cierra la entrevista con una “poesía urbana” creada en su honor:

“Recordando solo y triste/ Pugilismo que de gloria me cubriste/ Las peleas que ha ganar tantas me diste/ Y cinturones de campeón en la cintura me ceñiste/ Tengo mi reino y lo digo con arrojo/ No, ni le busquen: soy el rey de la Bondojo/ Puños de hierro traigo yo pa’ mis rivales/ Y unos alcoholes para curarme mis males/ Las luchas cruentas no sólo se dan arriba/ Las luchas cruentas y salvajes son abajo/ Con estos cuates que te lavan el cerebro/ Y te empujan como quiera cuesta abajo/ Tengo mi reino y lo digo con arrojo/ No, ni le busquen: soy el rey de la Bondojo/ Puños de hierro traigo yo pa’ mis rivales/ Y unos rabos pa’curarme mis males…

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En paz descanse, don José Sulaimán Chagnón, finísima persona y uno de los hombres más influyentes y trabajadores en la tarea de humanizar y popularizar el boxeo a nivel mundial. Marcó una época y, aunque no faltan los comentarios negativos sobre su gestión como Presidente del Consejo Mundial de Boxeo, las cosas buenas que hizo pesan mucho más que todo lo malo que se le imputa.

Se ha ido un hombre ejemplar, sin embargo, fiel a los tipos de su estirpe, fiel a la esencia de esos seres que vinieron a este mundo a pisotear la intrascendencia, don José nos deja la sensación de que realmente sólo se fueron su cuerpo y su voz. El resto de lo que él es, de lo que hizo y lo que se hará en su memoria cuando de boxeo se trate, se queda para siempre con nosotros.

Se fue, como lo dijo de manera tan certera su homólogo de la AMB, Gilberto Mendoza, el PADRE MODERNO DEL BOXEO.

Descanse en paz, don José.

EFHV

REGALO INVOLUNTARIO

Foto: Germán Villaseñor

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Edmundo F. Hernández Vergara

Fotos Cortesía: Germán Villaseñor

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La carrera de Juan Manuel Márquez fue una noche de invierno en Las Vegas, en la que una derecha espectacular y demoledora apareció para acabar de golpe con una historia  de cuatro partes, electrizante y dramática, que hasta ese momento le había resultado injusta. Ese fue Juan Manuel. Y cuando las futuras generaciones nos pregunten por él, responderemos inmediatamente que fue un boxeador mexicano formidable, que convirtió a un pueblo entero en un manicomio irrepetible, la noche en la que noqueó y terminó con el mito del filipino Manny Pacquiao.

Todo lo demás que se diga sobre él, será de utilidad para pintar con palabras al guerrero legendario de más de sesenta batallas y 20 años sobre los encordados, incluida la derrota injusta del sábado 12 de octubre ante Timothy Bradley y el resultado de una posible revancha.

Ya nada podrá manchar la trayectoria de Márquez y menos en sus últimos rounds. A Julio César Chávez, por mencionar al mexicano más grande en el mismo rubro, no se le recuerda por sus derrotas ante Frankie Randall o Kostya Tszyu, sino por sus extraordinarios triunfos frente a Edwin “Chapo” Rosario, Meldrick Taylor y Héctor “Macho” Camacho, principalmente. De igual manera, al pupilo de Nacho Beristáin le corresponde un trozo de gloria ganado a sangre y fuego, que ha quedado petrificado en la memoria colectiva en una fecha: 8 de diciembre de 2012.

Foto: Germán Villaseñor

Foto: Germán Villaseñor

Tras el polémico veredicto del sábado 12 de octubre, Beristáin fue contundente y exacto en la sala de prensa del Thomas & Mack Center: “Bradley no tiene derecho a volverse a subir a un ring con un peleador de la categoría de Juan; conectó dos cabezazos y tres golpes muy buenos en toda la pelea. Es el único invicto con dos derrotas que conozco”, afirmó.

Al entrenador veracruzano lo asiste la razónBradley se encuentra muy lejos de la trascendencia y de compararse con los monstruos que dominan los cuadriláteros de su época, simplemente porque sus victorias y su estilo no lo convencen ni a él mismo: una noche huye  y a la siguiente se porta como un valiente al intercambiar golpes con un tigre como el ruso Provodnikov… pero luego vuelve a huir.

Algunos especialistas, en su afán de  demeritar la actuación del mexicano y de validar la victoria del llamado “Desert Storm”, han etiquetado al californiano en días recientes como un boxeador de élite. De esta manera, utilizando los mismos argumentos de los detractores de Márquez (la edad y su lentitud en peso welter, como principales motivos de su supuesta derrota) podríamos preguntar entonces: ¿hasta qué punto se puede considerar como un peleador de élite a un tipo que no pudo con un señor de 40 años y que, en busca de sembrar gloria sobre gloria, le peleó en una división que no es la suya?

Foto: Germán Villaseñor

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Con Juan Manuel se equivocaron siempre los oficiales de ring; nunca le regalaron nada. En su récord aparecen seis decisiones controversiales. Nadie le ganó bien hasta ahora, salvo el día en el que debutó y lo descalificaron, allá en el lejano mes de mayo de1993, ante Javier Durán.

Rectificando, podemos afirmar que el único regalo o reconocimiento que Juan Manuel recibió en carrera, por parte de un oficial de ring, fue involuntario. Jamás un error de los estadounidenses en la pronunciación de una palabra en castellano había sido tan correcto. Los maestros de ceremonia de los cuadriláteros, principalmente Michael Buffer, lo han anunciado siempre como “Marquez”, sin acento en la letra “a” y con todo el peso de la palabra en la última sílaba. Suena en realidad “marqués”. Involuntario por aquello de la pronunciación, aunque justo y merecido para un pugilista que, por su clase, calidad e incontables proezas, podría ser llamado sin problema alguno “el márqués del boxeo mexicano”.

“TÉCNICAMENTE, MÁRQUEZ ES EL NÚMERO UNO DEL BOXEO MEXICANO”: BERISTÁIN.

Foto: Germán Villaseñor

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Edmundo F. Hernández Vergara 

México, D. F.-“No me voy a retirar hasta que tenga otros treinta campeones del mundo”, bromea Ignacio Beristáin Rocha detrás del escritorio de su oficina, ubicada en las entrañas del gimnasio Romanza. A sus espaldas se aprecia un collage  conformado por imágenes en las que han quedado petrificados algunos de los momentos cumbres para el recinto. Sobresalen las fotografías del “cachanilla” Gilberto Román en pose triunfal y con el cinto supermosca del CMB. En el extremo derecho de la superficie, resulta imposible no detenerse  por  unos segundos para apreciar un “upper” de izquierda perfecto, que hace blanco brutalmente en el mentón del filipino Manny Pacquiao. Es la zurda fina de Juan Manuel Márquez, en su máxima expresión. Justo unos centímetros abajo, Beristáin ha colocado el cuadro en letras color marrón que acredita su inmortalidad como integrante del Salón de la Fama del Boxeo Mundial de Canastota, Nueva York, desde el mes de junio de 2011.

“La verdad es más importante para el mundo del boxeo ser parte de este recinto que ganarse un Óscar en lo que es sólo una actuación, porque aquí no es ficción, es la vida real de los golpes”, declararía el legendario manejador veracruzano en aquella ocasión.

Pasadas las dos de la tarde, el teléfono suena con insistencia en el Romanza. “Son los promotores que siempre quieren pagar cacahuates”, dice don Nacho, con esa elocuencia sin disfraces que lo caracteriza. Tras atender un par de llamadas, el entrenador que formó a Juan Manuel Márquez, le encarga a uno de los muchachos que lo auxilian en el gimnasio que no lo interrumpan más: “Estoy ocupado, diles que estoy con mi amigo de Tijuana… diles que estoy con el cuarto poder”, solicita.

Foto: Alain Hernández

Foto: Alain Hernández

A unos cuantos días del atractivo duelo en el que el llamado “Dinamita” Márquez tendrá la oportunidad de sembrar gloria sobre gloria, ante el monarca estadounidense Timothy Bradley, Beristáin se adelanta a las preguntas y declara:

“Juan no vendrá ahora en la tarde, tuvo un asunto personal que atender, pero ya entrenó en la mañana. Lo veo muy fuerte; va a llegar muy bien a la pelea del 12 de octubre. El estilo de Bradley le va a permitir a Juan hacer su pelea”, expresa.

Enseguida entra a la oficina Caín, un niño de aproximadamente 10 años de edad y cabellos castaños que le rozan los hombros. Saluda con mucha gracia y sin ninguna pena. Ha llegado a entrenar, como lo hace a diario, al mismo sitio en donde se forjó el púgil que acabó con el mito de Manny Pacquiao. Don Nacho se desvive en elogios por él:

“Este niño tiene cualidades naturales para el boxeo, pero también canta muy bien. Juan quiere que cante el himno (nacional) en una de sus peleas. Algo importante va a ser en la vida este muchacho”, vaticina el manejador de 74 años de edad.

“¡campeón del mundo!”, se anticipa Caín.

-¿Cómo Márquez?-, le pregunto.

-Sí, como él-, responde el niño con una seguridad muy simpática y se marcha a entrenar.

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Foto: Lombardo Armenta

Suena desde el fondo del pasillo que conduce hacia los aparatos y el ring, “Empty Spaces” de Pink Floyd, luego una de La Castañeda. El rock se funde con el ruido repetitivo de la pera loca y con el sonido implacable que produce el impacto de los guantes sobre las manoplas. En el Romanza Gym, cada movimiento tiene una razón de ser. La vara ha quedado alta pero es una motivación: todos quieren ser como Márquez. Desde el pequeño Caín hasta el clasificado mundial Felipe “Gallito” Orocuta.

Y lo más significativo para  ellos es que su ejemplo a seguir no es un recuerdo, sino un guerrero vigente. Resulta complicado entender que una carrera tan brillante puede ser todavía mejor. Sin embargo, un triunfo sobre el ring del Thomas & Mack Center, el próximo 12 de octubre, otorgaría una dimensión aún mayor a la carrera de Juan Manuel Márquez. Despojar del cetro welter de la OMB al estadounidense Timothy Bradley, lo convertiría en el primer púgil mexicano en ganar cinco campeonatos mundiales en la misma cantidad de divisiones, y en el único latinoamericano en alcanzar la hazaña. Asimismo, el capitalino colocaría su nombre al lado de otros monstruos sagrados como “Sugar” Ray Leonard, Marvin Hagler y Floyd Mayweather Jr.

Así lo entiende el autor intelectual de esta admirable historia. 

“Ganar el 12 de octubre significaría la gloria de haber tenido al peleador que obtuvo por primera vez en la historia los cinco títulos para el boxeo mexicano. Dejarlo ahí por mucho tiempo. Estamos buscando ese deseo de Juan, que sería una hazaña que nadie ha logrado en México. Tal vez, si se gana, estaríamos poniendo un hasta aquí a su carrera”, acepta el entrenador, quien en algún momento también dirigiera las carreras de Humberto “Chiquita” González y Ricardo “Finito” López. 

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-¿Cómo se imagina la contienda ante Bradley?

“A estas alturas, Juan está mejor físicamente que cuando peleó con Pacquiao. Es obvio que con Bradley va a ser una pelea diferente, va a ser una pelea técnica porque Bradley es buen boxeador, rápido. Tengo planeado pelearle de técnica a técnica. Vamos a tratar de imponer nuestra técnica y pelearle con lo que Juan tiene. Va a ser importante no salirnos de nuestro plan, como sucedió con (Marco Antonio) Barrera. Esa vez la pelea resultó cerrada porque nos salimos de lo planeado. Barrera le empezó a hablar en el ring, y Juan es caliente y le valió madre… esperemos que esta vez no nos pase”. 

Don Nacho adelanta que no habrá quinta pelea con el tagalo Manny Pacquiao. “Se conocen demasiado”, argumenta.

“No, ya no. Te doy un dato: pelearon 36 rounds y para la cuarta pelea Freddie Roach y yo llegamos con la misma idea de ponerlos a pelear en el centro del ring. Nuestra idea era agarrar a Pacquiao con una derecha al contragolpe y ponerlo en la lona, como no lo había logrado nadie. Dicen los pendejos que fue un golpe de suerte, pero tú que eres periodista puedes extractar y leer entre líneas que fue un golpe entrenado en el gimnasio. Estuvimos trabajando dos meses con esa idea. Por azahares del destino, estrategia o por lo que sea, Roach entrenó lo mismo y, si analizas, te puedes dar cuenta que Pacquiao derribó a Juan con la misma fórmula: lo esperó a que tirara y luego le metió la izquierda arriba… no habrá quinta pelea”, revela.

-¿En qué lugar de la historia del boxeo mexicano coloca a Juan Manuel Márquez?

“Después de esa victoria en la cuarta pelea ante Pacquiao, que fue histórica, por supuesto, yo nomás pondría a Julio (César Chávez) y Rubén (Olivares) por encima de Juan. Desde luego que Julio es lo mejor que hemos aportado al mundo del boxeo. Tal vez no ha sido el mejor, pero los números lo colocan sólidamente ahí. Lo que él le dio a los mexicanos no se los ha dado nadie. Analizando bien, podemos decir que ha habido mejores peleadores técnicamente que el güero (Chávez). Por ejemplo, Gilberto Román era más fino que él y no se diga Juan Manuel, pero el carisma del güero era impresionante. Cuando peleaba no había ni carros en la calle. En ese orden los pongo: Chávez primero, Rubén segundo y en tercer lugar, de acuerdo a mi experiencia, pongo a Juan, porque técnicamente hablando es el líder, el número uno del boxeo mexicano”. 

EL ROMANZA GYM, UN CAPRICHO QUE VALIÓ LA PENA 

En más de cuatro décadas de carrera, Beristáin ha forjado un nombre, un gimnasio y gente de la talla de Daniel Zaragoza y del “Cachanilla” Gilberto Román, en la víspera de su época dorada con Márquez.  Dieciséis años al frente del equipo olímpico de México, precedieron su trabajo con 20 campeones mundiales en el plano profesional, incluyendo tres integrantes del Salón de la Fama (Ricardo López, Humberto González y el mismo Zaragoza). Su currículum habla por sí solo.

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Foto: Alain Hernández

El hombre nacido el 31 de julio de 1939 en Actopan, Veracruz, es considerado actualmente como uno de los mejores estrategas boxísticos del planeta, así como la más grande personalidad que haya existido en su rubro en México, junto a Arturo “El Cuyo” Hernández.

Don Nacho no tiene problema en cederle su trono al “Cuyo”.

“México ha tenido grandes manejadores, pero el mejor de toda la historia es Arturo ´El Cuyo´ Hernández. No es que le quiera quemar incienso, pero era un señor con un sistema de trabajo perfectamente bien definido. Tengo conciencia de lo que estoy diciendo porque el señor tiene años de fallecido y yo tuve a un peleador formado por él (Ricardo López), que danzó su estilo en el ring hasta en su última pelea”, dice al respecto.

Beristáin habla con pasión sobre el arduo trabajo que envuelve a los entrenadores:

“Es tan difícil y absorbente el trabajo de un ‘manager’ que no te das cuenta ni siquiera de las cosas que pasan en el medio en el que te desenvuelves. Me ha dado resultados buenos dedicarme exclusivamente a lo mío. Trabajo intensamente con los peleadores, voy viendo su desarrollo y trato de enfrentarlos con rivales que les permitan el acceso al principio y después ir poniéndolos con más difíciles. Es un sistema que me ha permitido tener boxeadores de gran calidad”, afirma.

– ¿Cómo se metió en el mundo del boxeo? 

“Mi mamá murió cuando yo tenía siete años y mi papá me dejó con una tía. Desde entonces aprendí a arreglármelas solo; aprendí a pelear en las calles y de repente ya estaba inmiscuido en el box. Hice una carrera corta y me retiré por un problema en el ojo derecho. 

“Años más tarde me hice entrenador en la ciudad de México. Me frustraba leer los periódicos y no encontrar a ningún ‘pinche’ mexicano entre los clasificados mundiales. Entonces, entré al boxeo para ver qué podía hacer por los peleadores mexicanos”.

Una buena parte de lo que ganó en los ochenta y principios de los noventa en el pugilismo, Beristáin lo invirtió en su orgullo: el Romanza Gym, ubicado en la colonia Granjas México del Distrito Federal y cuyo nombre se deriva de una mezcla de los apellidos de Gilberto Román y Daniel Zaragoza. Su propietario lo define como un capricho. Y a 21 años de su inauguración, se puede decir que fue un capricho que valió la pena.

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Foto: Alain Hernández

“Es mi capricho y me cuesta dinero. Es un gimnasio dedicado a la memoria de Gilberto Román y al pundonor de Daniel Zaragoza. Lo hice con la esperanza de que algún día surgiera un boxeador con las dimensiones de Román, que era un grandioso peleador. Y Zaragoza fue un ejemplo en su momento. Todos querían ser como él. Pensé en ellos porque son los dos boxeadores que más he querido”, expresa. 

– ¿Cómo definiría su escuela, su estrategia boxística?

“Está basada en las piernas, movimientos defensivos activos y fintas. Me gusta que mis peleadores tiren golpes rectos combinados con curvos”. 

–¿En dónde están los mejores púgiles de México? ¿En el centro del país o en el norte? 

“El boxeo mexicano ha sido generoso con todos los Estados de la República. Veracruz, por ejemplo, está  alejado  de la mano de Dios y ha tenido campeones mundiales. Y en Tijuana ha crecido mucho el boxeo gracias a la presencia de hombres como Rómulo Quirarte. Hay calidad en todas partes”.

En medio de todo el éxito, pudiera suponerse que la única piedra en el zapato para el Romanza Gym había sido el “Pac-Man” Manny Pacquiao, hasta el fulminante nocaut del 8 de diciembre de 2012 que modificó a favor una historia que había resultado injustamente adversa. Sin embargo, hay un pugilista tijuanense que, en su momento, sólo causó dolores de cabeza a Don Nacho. Al recordarle las derrotas en fila que sufrieron tres de sus pupilos (Zaragoza, Bueno y Espadas) en contiendas de campeonato mundial ante Erik “Terrible” Morales, no puede ocultar su desencanto, aunque reconoce la calidad del púgil fronterizo.

“No me quedó ninguna espina clavada con respecto a Morales. Sé que es una profesión, pero a mí me daba mucha risa porque todo ese cuento nos dio a ganar dinero. Siempre he admirado a los peleadores de cojones como Erik, pero a Zaragoza no le ganó bien porque lo ayudó el réferi, la de José Luis Bueno ni siquiera fue pelea y el ‘pinche’ negro (Espadas) no quiso liquidarlo; en algunos momentos, Espadas le puso una madriza pero se arrugó”, recuerda.

Foto: Lombardo Armenta

Foto: Lombardo Armenta

–¿Cuál es su opinión sobre la corrupción que de repente aparece en el boxeo? 

“Antes, los promotores hacían buenas peleas, no mamadas. Ahora ya sabes quién va a ganar porque la gente interesada en el negocio lleva carne para sus tigres. Es una lástima porque pueden acabar con el boxeo”.

-¿Qué tan lejos ve el retiro, Don Nacho? 

“Con lo realizado me puedo ir tranquilamente, pero me iré con la idea de que hubo peleadores que pudieron haber sido campeones del mundo y por una cosa o por otra no lo fueron. Recuerdo a Arturo Delgado, medalla de plata panamericano y Leo Palacios, un zurdo muy bueno. Eran  peleadores mejores que muchos de los campeones que hemos tenido, pero así es el boxeo”.

Finalmente, el estratega veracruzano deja una moraleja a los “managers” mexicanos:

“Lo más bonito es trabajar y llevar a un peleador desde amateur hasta que se corone campeón. Ganes o no ganes dinero lo disfrutas mucho porque no es fácil forjar un campeón de gran calidad y, cuando lo tienes, hay que disfrutarlo porque no te dura toda la vida”, concluyó.

EMOTIVO HOMENAJE A GASPAR “INDIO” ORTEGA EN TIJUANA

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Tijuana, B. C.-Próximo a cumplir los 78 años de edad, Gaspar “Indio” Ortega puede decir que a final de cuentas salió de una arena con una corona universal en las manos. No lanzó un solo jab ni recibió golpe alguno. Sin embargo, la ovación resultó monumental. Sobre el ring, al filo de las 11 de la noche del 17 de agosto, Rudy Tellez y Benjamín Rendón, en representación de Don José Sulaimán, le colocaron al “Indio” la camiseta y el cinto del Consejo Mundial de Boxeo, tal como sucede con los monarcas actuales.

Con el público de pie en las gradas del Auditorio Municipal, ya con el cinto verde fajado a la cintura, Ortega se levantó hasta las rodillas el pantalón beige de su traje, simulando un calzoncillo de boxeo, y se puso en guardia, plasmando una imagen que quedará en la memoria colectiva por muchos años.

Y el “Cachanilla” criado en Tijuana tomó el micrófono, y se le quebró la voz. No era para menos.

“Nunca pensé que fuera tan famoso en mi tierra. Estoy muy feliz y muy agradecido con el señor José Sulaimán, con mi sobrino Joe Vargas y con mi gran amigo Benjamín Rendón por este homenaje tan bonito. Me subí más de 170 veces al ring, pero esta noche es una de las que no voy a olvidar nunca. Gracias a todos, han sido muy buenos conmigo”, expresó Gaspar Ortega, visiblemente conmovido.

“Por fin pude bajar de un ring con un cinto de campeón mundial y que mejor que haya sido con el del Consejo Mundial de Boxeo; me siento orgulloso. Nunca pude ganarlo arriba del ring, pero el cariño de la gente y de mi familia siempre me han hecho sentir como campeón del mundo. Esta noche soy el hombre  más feliz de todos”, agregó el ex púgil, quien pelea actualmente contra un segundo embate del cáncer de garganta.

Por su parte, Joe Vargas, sobrino de la leyenda y Presidente de V & B Promotions, manifestó su satisfacción por el éxito de la velada.

“Mi tío se merecía una noche así. Estoy orgulloso de haber podido participar directamente a través de V & B Promotions. Estoy seguro que nunca vamos a olvidar esto. El CMB se ha portado muy bien. Mis respetos para Don José Sulaimán. Vamos a seguir trabajando para que nuestra empresa siga dando de qué hablar. Gracias a la gente que vino y a los peleadores por su esfuerzo”, declaró Vargas, quien empieza a crecer como promotor.

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Finalmente, Benjamín Rendón Castrejón, quien se encargó de colocar el cinto a Gaspar Ortega, señaló:

“Ha sido una noche histórica. Gaspar fue un guerrero y es una de las leyendas no sólo del boxeo tijuanense, sino del mundo entero. Fue un honor hacerle entrega del cinto que tan merecidamente le ha obsequiado el CMB. Ha sido un gran detalle del señor Sulaimán, quien conoce de boxeo y sabe de la historia del ´Indio´. Felicito a la empresa V & B por hacer posible este momento”, puntualizó.

TEXTO: Edmundo F. Hernández V./V & B PROMOTIONS

FOTOS: Moniqué Rendón

“ES UN ORGULLO QUE ME COMPAREN CON EL ´INDIO´ ORTEGA”: ANTONIO MARGARITO

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Tijuana, B. C.-Desde hace algún tiempo el juez internacional del Consejo Mundial de Boxeo, Benjamín Rendón Castrejón, vio en Antonio Margarito una nueva versión de Gaspar “Indio” Ortega. El llamado “Tornado” aún no alcanzaba el clímax de su carrera en aquel momento, pero Rendón no se equivocó. Margarito llegaría a ser una figura y auténtico ídolo de la fanaticada tijuanense y de todo México, tras sus triunfos ante los puertorriqueños kermit Cintrón y Miguel Angel Cotto.

En unas de sus visitas a Tijuana, Gaspar Ortega aceptó el parecido y lo mencionó como su sucesor. Nunca tuvieron contacto, hasta hoy que se prepara el homenaje para el hombre que conquistó el Madison Square Garden de Nueva York, a mediados del siglo pasado. Margarito ha participado de manera muy activa en el evento que han preparado el Consejo Mundial de Boxeo y V & B Pomotions, perteneciente a Joe Vargas, sobrino de Ortega y entusiasta empresario boxístico en la frontera Tijuana-San Diego. La gente de box en Tijuana ha aprovechado la ocasión, ahora que se les ha visto juntos en las diversas actividades promocionales de la función del sábado 17 de agosto, para tomarse una foto en medio de las dos leyendas.

Ha sido una semana especial y así lo entiende el “Tornado”:

“Para mí, es un orgullo que se me compare con el ´Indio´ Ortega y más compartir estos momentos con él y participar en su homenaje. Los dos fuimos boxeadores que lo entregamos todo por Tijuana y eso la gente lo agradece”, expresó Margarito, quien aprovechó para descartar un posible regreso al ring.

“Se ha mencionado recientemente que voy a regresar a pelear, pero quiero aprovechar para desmentir esa información. Yo no voy a exponer mi integridad física y menos ahora que tengo a mi hija; la gente me sigue manifestando su admiración  y lo que hice en el ring, ahí quedó. No tengo motivos para regresar”, manifestó el “Tornado” de Tijuana.

Finalmente, Margarito hizo una invitación a los aficionados de ambos lados de la frontera para que asistan el próximo sábado al Auditorio Municipal:

“Esperamos que la gente asista este sábado al Auditorio. Joe Vargas de V & B Promotions se ha esforzado por presentar una buena cartelera, en honor a Gaspar Ortega. Ojalá podamos ver la arena llena; creo que el ´Indio´ Ortega se lo merece”, puntualizó.

Los boletos para la histórica función podrán adquirirse en las taquillas del Auditorio Municipal de Tijuana desde las nueve de la mañana de este sábado. Los precios oscilan entre los cien y trescientos pesos.

TEXTO Y FOTO: V & B PROMOTIONS

ENORGULLECE AL CMB HOMENAJE A GASPAR “INDIO” ORTEGA

 

208549_154743834590038_4815048_nEl Consejo Mundial de Boxeo, a través de su Presidente José Sulaimán, manifestó su satisfacción por el homenaje que se le rendirá este sábado 17 de agosto en Tijuana a Gaspar “Indio” Ortega, una auténtica leyenda del boxeo mexicano, quien conquistó la costa Este de los Estados Unidos, a mediados del siglo pasado.

Siempre tendrá un valor especial rendirle tributo en vida a un personaje que lo merezca. Y ese será el caso de Gaspar Ortega, gracias a la iniciativa del CMB, V & B Promotions y Benjamín Rendón Castrejón.

Don José Sulaimán  le tiene un aprecio especial al pugilista nacido en Mexicali y criado en Tijuana. Cuenta el Presidente del organismo boxístico más importante del orbe que en su natal Cd. Victoria, Tamaulipas, pudo sintonizar, por la cercanía con la frontera con Estados Unidos, la señal de muchas de las peleas que el llamado “Indio” estelarizó en el Madison Square Garden de Nueva York, entre 1954 y 1964.

Gaspar Ortega fue unos de los primeros pugilistas que despertó admiración en Don José. Por tal motivo, le resulta un orgullo participar directamente en el homenaje que se le realizará este sábado al mítico peleador, en el Auditorio Municipal de Tijuana. Para ese momento especial, el CMB tiene preparada una sorpresa muy significativa para un hombre que por circunstancias ajenas a su calidad, nunca pudo ceñirse una corona universal.

Rudy Tellez y Benjamín Rendón, oficiales de toda la confianza de José Sulaimán, serán los encargados de acudir en representación del Consejo Mundial de Boxeo, a una velada que se antoja resultará  memorable para Gaspar “Indio” Ortega y para la misma afición.

TEXTO Y FOTO: V & B PROMOTIONS

PRESENTAN EN TIJUANA FUNCIÓN EN HONOR DE GASPAR “INDIO” ORTEGA

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Tijuana, B. C.-Ante una concurrida asistencia que se dio cita esta tarde en uno de los salones sociales del Club Britania de esta ciudad, se llevó a cabo la conferencia de prensa correspondiente a la función que tendrá lugar el próximo sábado en el Auditorio Municipal,   en la que el Consejo Mundial de Boxeo y la empresa V & B Promotions rendirán un merecido homenaje a Gaspar “Indio” Ortega.

El legendario peleador, quien a mediados del siglo pasado tomó un camión desde San Diego, California, y cruzó toda la unión americana para triunfar sobre el cuadrilátero del Madison Square Garden de Nueva York, estuvo acompañado en la mesa de honor por su hijo Mike Ortega, por el ex campeón mundial welter, Antonio Margarito, el juez internacional del CMB, Benjamín Rendón Castrejón, el Presidente de V & B Promotions, Joe Vargas, así como por directivos del Salón de la Fama de Tijuana y algunos pugilistas que participarán en la cartelera.

Al momento de tomar la palabra, el “Indio” Ortega se dijo agradecido por el homenaje y muy sorprendido por la popularidad de la que goza en la tierra que lo vio crecer biológicamente y cómo boxeador.

“Estoy muy agradecido con la empresa V & B Promotions, con el CMB y con mi amigo Benjamín Rendón por hacer posible que yo esté de nuevo en Tijuana. Les agradezco este homenaje que realmente no merezco. Estoy muy contento de estar aquí de nuevo y muy sorprendido por la popularidad que tengo; nunca creí que fuera tan famoso en Tijuana”, dijo Ortega, quien radica desde hace años en Connetticut, en el Este de los Estados Unidos.

“Les deseo mucha suerte a todos los muchachos que van a participar en la función del sábado. Esperemos nos den un bonito espectáculo y ojalá salga algún campeón mundial de los prospectos de estás funciones que realiza con mucho entusiasmo mi sobrino Joe Vargas”, agregó el hombre nacido en Mexicali, Baja California.

Finalmente, el ex boxeador de 74 años de edad aprovechó para dejarle un consejo a los púgiles que inician su carrera:

“Yo nunca fui campeón del mundo, porque eran épocas más complicadas, pero pelee con lo mejor. Hice 185 peleas y puedo presumir que salí limpio del boxeo. Por eso siempre le aconsejo a los boxeadores que van empezando que aprendan a defenderse antes de aprender a golpear. A mí no me golpeaban y mírenme nada más ¡qué chulada!”, expresó sonriendo, mientras señalaba su rostro limpio, sin huellas de las batallas, con el índice.

De esta manera, toda ha quedado prácticamente listo para que la noche del próximo 17 de agosto, los tijuanenses puedan rendirle tributo a uno de sus hijos pródigos y a una auténtica leyenda del boxeo mexicano. Los boletos podrán ser adquiridos desde la mañana del sábado en las taquillas del Auditorio Municipal, a precios populares que van desde los 100 a los 300 pesos.

TEXTO Y FOTO: V & B PROMOTIONS

PREPARAN HOMENAJE EN TIJUANA PARA GASPAR “INDIO” ORTEGA

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Tijuana, B.C.-El Consejo Mundial de Boxeo y V & B Promotions, emprendedora compañía con sede en Tijuana y San Diego, realizarán un merecido tributo a Gaspar “Indio” Ortega, durante la función que tendrá lugar el próximo sábado 17 de agosto en el Auditorio Municipal de esta frontera.

La velada, en honor al hombre que cruzó toda la unión americana en un camión, para triunfar sobre el cuadrilátero del Madison Square Garden de Nueva York  en los años cincuenta, estará conformada con atractivos duelos entre contendientes de ambos lados de la frontera.

Joe Vargas, presidente de V and B Promotions y sobrino de Gaspar Ortega,  explica cómo surgió esta idea que ha sido recibida con mucho agrado en Tijuana.

“Siempre me he sentido muy orgulloso de ser sobrino del ´Indio´ Ortega y de todo lo que hizo como boxeador. Platicando con Benjamín Rendón surgió la idea; él me ha ayudado bastante y ahora que he empezado a hacer funciones en Tijuana pudimos concretar este pequeño tributo para mi tío, al cual se ha unido el Consejo Mundial de Boxeo a través del Sr. José Sulaimán, a quien agradezco su interés y su participación”, externó Vargas.

“Vamos a entregarle a Gaspar Ortega un reconocimiento especial, en presencia de otros grandes campeones, como Antonio Margarito. Queremos que sienta que toda Tijuana y la familia boxística estamos muy orgullosos de lo que hizo. También servirá de motivación y ejemplo para los jóvenes de nuestra empresa, queremos que conozcan su historia y que vean ellos que pueden hacer algo parecido”, agregó.

Se espera entonces una nutrida asistencia y un espectáculo de calidad para el próximo sábado 17 de agosto, fecha en la que los aficionados de Tijuana y San Diego tendrán la oportunidad de homenajear a una auténtica leyenda del boxeo mexicano, como lo es indudablemente Gaspar “El Indio” Ortega, quien estelarizó 30 combates en el Madison Square Garden y apareció en 45 transmisiones nacionales en Estados Unidos, durante la década de los cincuenta.

TEXTO Y FOTO: V & B PROMOTIONS

 

BENJAMÍN RENDÓN, UN INMORTAL DEL BOXEO TIJUANENSE

Rendón, recibe reconocimiento de manos del Lic. Mauricio Sulaimán

Rendón, recibe reconocimiento de manos del Lic. Mauricio Sulaimán

Edmundo F. Hernández Vergara

Tijuana, B. C.- A mediados del siglo pasado, en una época en la que los cuadriláteros eran sacudidos por monstruos de la talla de Rocky Marciano, Joe Louis y “Sugar” Ray Robinson, Benjamín Rendón Castrejón quedó prendado del Arte de Fistiana.

A sus  72 años de edad, el juez internacional y ex integrante de la H. Comisión de Box, Lucha Libre y Kick Boxing de Tijuana, echa el tiempo atrás para remembrar sus primeros pasos dentro de una actividad que marcaría el resto de sus días.

Cuenta que a la edad de 15 años, en su natal Tijuana, incursionó en el box amateur, recibiendo como respuesta una rotunda negativa familiar, hasta retirarse después de completar siete peleas invicto, obligado por una enfermedad respiratoria.

Así se resume su corta historia dentro de los cuadriláteros, misma que da paso a otra mucho más rica y productiva alrededor de ellos.

En su juventud practicó el beisbol y el tenis, pero jamás perdió de vista lo que él mismo llama su gran pasión: el boxeo.

Impartiendo justicia

Impartiendo justicia

Es hasta 1989 cuando retoma el contacto directo con el pugilismo gracias a la influencia de su amigo Ray Solís, quien lo invitó a formar parte de la Comisión de Box, que en ese entonces era presidida por Ariosto Manríquez.

De esta manera, inicia su trayectoria como juez, compuesta por cientos de combates titulares.

“Mi experiencia en el box ha sido muy satisfactoria. Me ha dado la oportunidad de viajar y conocer mucha gente valiosa de un deporte que quiero de verdad. Lo único que lamento es no haberme metido más joven en este ambiente”, comenta Rendón.

“El caballero del boxeo” –como se le conoce en el ambiente, por su fino trato e impecable vestimenta- siempre ha asistido puntual a las Convenciones anuales que realiza el Consejo Mundial de Boxeo. De cada una de ellas, asegura, ha regresado fortalecido por la actualización en materia boxística y, sobre todo, por la convivencia con grandes amigos que tiene alrededor del mundo. Sin embargo, Rendón guarda un cariño especial por la Convención celebrada en 2009, en Jeju, Corea del Sur, debido a que fue la primera a la que viajó acompañado de su hija Moniqué Rendón, prestigiosa oficial, también del organismo con sede en México.

“He asistido a varias Convenciones del CMB y siempre lo he hecho con gusto, pero en aquella ocasión viajé con una motivación más. Por primera vez, fui acompañado por mi hija Moniqué, quien ha seguido mis pasos en el boxeo como juez. Moniqué es una muchacha muy talentosa y una gran apasionada del boxeo… me siento muy orgulloso de ella”, revela.

Rendón, Olivares y "El Indio" Ortega

Rendón, Olivares y “El Indio” Ortega

-¿Cómo definiría su experiencia como juez y supervisor del CMB?

Es un orgullo pertenecer al CMB, me siento muy afortunado. Pertenecer al CMB, es pertenecer a una gran familia, es tener amigos en todas partes. Me siento muy complacido y orgulloso de tener una buena relación con el Sr. Jose Sulaimán, a quien considero un gran amigo y uno de los grandes personajes en la historia del boxeo. Sinceramente,  nunca imaginé en mi vida que iba a participar a este nivel en este deporte. Yo admiro a don José Sulaimán porque es una persona que se ha esforzado durante su estancia al frente del CMB y siempre ha salido adelante, pese a las adversidades”, afirma.

Y agrega: “Cuando Sulaimán fue electo como presidente en 1975, en Tunez, inicia una nueva era en el boxeo: inicia la era del boxeo más humano. Por iniciativa de don José, se acortaron las peleas de campeonato de 15 a 12 rounds, el pulgar derecho se pegó a la estructura del guante para evitar los piquetes de ojos; se estipularon los pesajes un día antes de las funciones y el reporte del peso de los campeones y retadores 30 y 15 días previos al combate; se creó el seguro de vida para los peleadores, cosa que no existe en otros organismo como la FIB; también ha creado un programa de ayuda a niños desvalidos (World Boxing Cares) que dirige la muy respetable dama Jill Diamond… ningún organismo tiene algo así”.

-¿Qué le parece la idea del cinto diamante del CMB?

“Es muy meritorio que un súper campeón tenga un cinturón tan bonito y tan bien hecho como éste. Cuando un boxeador llega a estas alturas, que expone la vida y se sacrifica, merece ser premiado con algo tan digno como el cinturón de oro… Es una idea fenomenal”.

Al lado de Don José Sulaimán y oficiales del CMB

Al lado de Don José Sulaimán y oficiales del CMB

En 2009, Benjamín Rendón fue objeto de un merecido reconocimiento en su natal Tijuana. Sus años entregados al boxeo y al deporte de esta frontera han quedado inmortalizados con su inclusión en el Salón de la Fama del Deporte de esta ciudad.

“Mi desempeño y logros dentro del boxeo los he realizado con cariño, pasión y profesionalismo. Para mí, ha sido un orgullo enorme haber ingresado al Salón de la Fama del Deporte de mi querida ciudad. Agradezco al comité ejecutivo y a mi amigo Dimas Campos, por animarme a intentar mi ingreso. Aprecio en Dimas a una persona emprendedora en todo lo que hace y no dudo, en ningún momento, que él también tendrá próximamente un lugar muy especial en esta vitrina tan importante de esta frontera. El apoyo incondicional y permanente que este joven empresario ha dado al arte de fistiana deberá ser reconocido en algún momento”, manifestó.

Por otra parte, Rendón habla sobre la importancia de los jueces dentro del boxeo.

“El juez tiene mucha responsabilidad; en sus manos queda una parte del esfuerzo de dos hombres que se sacrifican y exponen su integridad física. Los boxeadores son como los antiguos gladiadores del circo romano, que van a exponer su vida y merecen respeto. Por eso es muy importante que el juez  esté preparado, conozca el reglamento y que sea honesto. Preparación, honestidad y respeto, es lo que debe tener un juez”, expresa el también comerciante.

“El juez tiene que estar atento a las acciones los tres minutos de combate. Cada juez tiene un ángulo distinto y por lo mismo, cada uno puede apreciar cosas distintas. Por eso a veces hay diferencias de un punto o dos entre los mismo jueces”, añade.

Agradece la comprensión y el cariño de su esposa Mónica

Agradece la comprensión y el cariño de su esposa Mónica

– ¿Tiene ventajas un juez que fue boxeador sobre otros que jamás se han calzado unos guantes?

“Uno nunca sabe lo que aprieta el zapato hasta que se lo pone, pero no considero que sea ventaja. Un buen conocedor del boxeo, que se prepare y lea el reglamento, puede ir creciendo hasta convertirse en juez, aunque no haya sido boxeador”.

Respecto a decisiones descabelladas que se han presentado a lo largo de la historia del boxeo, los cuales son llamados popularmente “robos”, en referencia a la falta de respeto hacia el boxeador que realmente ganó la pelea, expresa:

“Han sido situaciones muy penosas. Los aficionados tienen ojos y aunque no sepan de reglas se dan cuenta. Hay personas que no están preparadas para peleas importantes. Todavía no conozco un juez corrupto, pero no descarto que existan, porque somos humanos y podemos fallar”.

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-¿Quién es, a su juicio, el mejor juez del mundo?

Duane Ford o  Lou Filippo, posiblemente. Ambos cuentan con una gran trayectoria. Todos los jueces del CMB son personas  muy capacitadas porque cada año acuden a las clínicas que se realizan en las Convenciones, independientemente de que los organismos afiliados al Consejo siempre tienen clínicas… un juez que conozca el reglamento, que ame el boxeo y que esté bien preparado no puede fallar…”

– ¿Es bien pagado un juez?

“Es una actividad placentera, pero muy seria y de mucha responsabilidad. Yo lo podría hacer gratis, no me importa la paga”.

– ¿Cuáles son las peleas más difíciles de calificar?

“Las peleas que tienen rounds muy cerrados. Solamente tienes unos segundos para anotar tu puntuación. Para ganar un round un boxeador tiene que imponer su estilo y conectar los mejores golpes y el juez debe estar atento a los dos. Lo que me da tristeza es que un peleador lleve una obra maestra y de repente le den un cabezazo o lo noquean con un solo golpe”.   

“Rendón Castrejón se detiene unos momentos en el significado que tiene para él el arte de fistiana y reflexiona:

“El boxeo es un deporte muy bonito. Es una de las primeras actividades que aprendió el hombre cuando apareció por primera vez sobre la faz de la tierra. Es un deporte muy noble que le permite ganar dinero y salir del anonimato a muchas personas. Si no existiera, jamás hubiéramos conocido a Rubén Olivares o Julio César”, dice.

– ¿Es diferente un día en el que va a ser juez de una pelea a otros?

“Sí, es muy diferente. Desde días antes empiezo con hambre de conocimiento a leer el reglamento; me acuesto temprano, me relajo, practico yoga y sé que no debo ingerir licor 24 horas antes. Siempre llego a la arena con una hora de anticipación y antes de la pelea me encomiendo a Dios; le pido que me ilumine y que no me permita ser torpe y perjudicar a una persona que merece respeto y se está ganando la vida a golpes”.

-¿Algo que desee agregar?

“Sí, me gustaría reconocer la labor de a mi amigo Rudy Tellez, un verdadero baluarte del CMB. Tellez ha hecho mucho por los peleadores mexicanos para que disputen diversos títulos ; es un incansable supervisor. Me siento muy orgulloso de ser su amigo. De igual manera, quisiera agradecer a mi querida esposa Mónica Montalvo por la comprensión y el cariño que me ha brindado para poder desarrollar mi trabajo dentro del boxeo, el cual me exige tiempo y ausencia de mi hogar”, puntualizó.

 

“CHÁVEZ, EL MEJOR; JUAN MANUEL MÁRQUEZ, EXTRAORDINARIO”: GASPAR “INDIO” ORTEGA

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Edmundo F. Hernández Vergara

Tijuana, B. C.- Esa historia increíble que nos han contado nuestros padres, abuelos y en algunos casos particulares Benjamín Rendón Castrejón, sobre un hombre humilde que en los albores de la década de los cincuenta abordó un camión en San Diego, California, con destino a Nueva York, y regresó en un automóvil del año como una verdadera luminaria, adquiere su real dimensión cuando es narrada por su protagonista.

Es un honor tener enfrente a un personaje que ha sido mitificado con justicia. Viste camisa amarilla, pantalón gris, zapatos negros y, a sus 73 años de edad, luce increíblemente un cuerpo tan esbelto como el que enseñó en cada uno de los 185 combates profesionales que componen su magnífica trayectoria. Seguramente, si subiera hoy mismo a una báscula, marcaría sin problemas las 147 libras que se le exigían en su época para pelear en la división de los welter.

De visita en su querida Tijuana, ciudad a la que lo trajeron sus padres al año de nacido, el mexicalense Gaspar Benítez Ortega (144-36-5), quien estelarizó 30 combates en el Madison Square Garden de Nueva York y apareció en 45 transmisiones nacionales en Estados Unidos durante la década de los cincuenta, abrió un espacio para asistir a la función boxística del 5 de septiembre y a un homenaje que le rindió una empresa de boxeo de su querida Tijuana.

Accesible y lejos de las poses de algunos monarcas actuales con menores méritos, el “Indio” Ortega, quien radica en el estado de Conneticut, en el Este de Estados Unidos, acepta platicar con FRONTERA DEL BOXEO, durante su corta estancia en esta ciudad. Durante la entrevista, se revela como un hombre sencillo y, sobre todo, como un conversador sumamente entretenido y consciente de lo fue algún día.

De entrada, Ortega inaugura voluntariamente la entrevista manifestando su tristeza por la inseguridad social que se vive en México.

“Estoy muy contento de estar nuevamente en Tijiuana, pero también muy triste porque en Estados Unidos me preguntan mis amigos que si qué siento por todo lo que pasa en mi país. Incluso, algunos noticieros se han refiererido algunas veces a Tijuana como la ciudad más peligrosa del mundo… es algo realmente lamentable. Creo que las autoridades deberían hacer algo y enseñarle al mundo la verdadera cara de esta ciudad y de este país, la de los grandes campeones mundiales de boxeo, por ejemplo”, expresa visiblemente preocupado.

De inmediato, recompone la figura y sonríe cuando recuerda la ovación que le brindó la afición, durante la función celebrada en el Auditorio Municipal de Tijuana, la noche del sábado 5 de septiembre de 2009.

“Todavía después de 50 años, la gente recuerda al ´Indio´ Ortega. Me dio una emoción grandísima. Se me acercaban niños y jóvenes que realmente no saben quien soy, pero las historias de sus padres les han creado un personaje. Aprecio mucho Tijuana”, dice el ex-púgil nacido el 21 de octubre de 1935.

– Cincuenta años después de sus hazañas, ¿cómo valora que la gente lo considere una leyenda?

“Yo nunca presumo que soy el ´Indio´ Ortega; yo solamente soy Gaspar. Yo salí en un camión de San Diego para Nueva York con una bolsa de sandwichs y cinco dólares con cincuenta centavos americanos; hice tres días y tres noches y casi no comí, pero regresé en 1954 en un carro del año y como el ´Indio´ Ortega. Para mí fue un milagro, una ayuda de Dios lo que pasó en mi vida porque me dieron durísimo”.

– A sus 73 años de edad, con más de 180 peleas, no parece que haya sido boxeador; es usted un hombre lúcido, ¿cuál fue su secreto?

“La defensa”, responde instantánea y categóricamente. “En el boxeo hay que evitar golpes. Les puedo decir mi secreto, pero no lo pueden ver. Hay un movimiento de cabeza que sirve para que los golpes resbalen; cuando el golpe no se puede evitar no hay que aguantarlo, sino irse con él para que pierda efecto. Entonces, hay que cabecear para evitar o amortiguar golpes y contraatacar. Muchas veces la defensa es contraataque y lanzar golpes caminando hacia atrás”, revela.

La reflexión sobre la defensa en el Arte de Fistiana, lo conduce directamente hacia una crítica constructiva de los pugilistas que observó en Tijuana, durante la función del 5 de septiembre.

“Anoche vi una función aquí en Tijuana y observé muchos defectos en los muchachos. Hay errores grandísimos en los boxeadores de ahora: no tienen coordinación cuando tiran los golpes, no hay defensa, se dejan golpear y eso no vale la pena. En poco tiempo, si siguen así, no van a terminar bien de sus facultades mentales”, afirma con toda la autoridad que le otorga su calidad de personaje legendario.

El “Indio” profundiza en el tema:

“Verdaderamente, si yo pudiese venirme para acá y entrenara a estos muchachos, todos serían unos campeones. Hay muchachos a los que les vi cualidades y habilidades, pero necesitan entrenar y practicar. Tienen que reunirse el manejador, entrenador y peleador para discutir puntos que se deben trabajar. Los movimientos que yo les enseñaría son completamente diferentes a los que han aprendido; mis movimientos eran elegantes, efectivos y le gustaban al público. A lo mejor estoy pidiendo mucho, porque quisiera que fueran como yo”, dice entre risas.

“Si el peleador quiere destacar, debe aprender defensa, resistencia y marrullerías. Sin hacer esas cosas que se ven horripilantes arriba del ring (amarres y cabezazos), el peleador debe saber cómo aguantar castigo y recuperarse sin que el público lo critique”, agrega.

– ¿Qué le impide regresar a radicar a su tierra?

“Yo deseo con toda mi alma venirme para acá, pero mis hijos y nietos viven en Conneticut y no podría estar sin verlos. Además, allá trabajo en una preparatoria entrenando muchachos y alejándolos de las drogas; no soy terapista, pero conozco la vida. El clima y la gente son diferentes. Me gusta más la cultura de aquí, pero las oportunidades que hay allá para la gente son mayores”.

Ortega vaticina que muy pronto veremos el producto de su trabajo como entrenador en Conneticut: “Tengo varios muchachos amateurs y los comparé con los boxeadores que vi en la función de aquí y en realidad no hay comparación; de los jovencitos que tengo, estoy seguro que va a salir al menos un campeón del mundo”, afirma.

Conversar con cualquier personaje de la llamada “vieja guardia”, conduce inevitablemente a una comparación entre los boxeadores actuales que tienen una extensa gama de posibilidades para coronarse como monarcas universales, y los de antaño, que sostenían sangrientas batallas de 15 rounds en busca de una oportunidad titular que, en muchos de los casos, nunca llegó.

“Hay todavía bastantes peleadores muy buenos, pero también hay muchos que están fabricados por la publicidad, la promoción y el dinero. Ahora, los promotores sólo buscan los millones y tienen cuatro campeones por división. Pero en aquel tiempo sólo existían un campeón y diez retadores; el que quería ser campeón, tenía que pelear con lo mejor. Esto habla de la calidad de los peleadores de antes”, dice Ortega, quien disputó sin suerte a Emile Griffeth el campeonato mundial welter, en 1961, “cuando ya no era el ´Indio´”.

– ¿Usted sería campeón actualmente?

El “Indio” suspira profundamente, ríe con una ironía que raya en la añoranza y responde:

“Seguro, es mucho más fácil. Podría ser campeón”.

– ¿Quién es el mejor boxeador que ha visto en años recientes?

“Julio César Chávez es de lo mejor que he visto. Su manera de pelear con mucho corazón, sabiduría y buena pegada, me recordaba mucho a los peleadores antiguos. Chávez hizo una buena historia y fue un gran campeón; está por encima de otros grandes como el ´Toluco´ López y el ´Ratón´ Macías. Julio César tenía un corazón de tigre… es el mejor de todos los mexicanos.”

De los 11 monarcas mexicanos actuales, Ortega no duda en señalar a Juan Manuel Márquez como el de mayor calidad.

“Me gusta muy poco el boxeo actual; no son muchos los boxeadores que me llenan y uno de ellos es Juan Manuel Márquez. Es un extraordinario peleador, con una escuela inspirada en la vieja guardia, llena de técnica y movimientos elegantes… Ojalá Dios le dé la satisfacción de vencer a Pacquiao, se lo merece”, declara.

Cuando se le interroga sobre los campeones mundiales que ha dado Tijuana en los últimos años, Ortega responde que su máxima referencia es Erik Morales.

“No conozco mucho a los demás, pero Erik Morales se merece todo mi reconocimiento; es un gran peleador. Para mí, es el mejor de los campeones que ha dado Tijuana. Lo vi pelear varias veces y tiene bastante corazón; se meneaba muy bien y tenía buenas combinaciones, aunque le faltaba un poquito de movimiento en cintura y cabeza”, indica.

– ¿Qué opina de Antonio Margarito? ¿Existe gente de la vieja guardia en Tijuana que lo compara con Usted?

“Margarito es un guerrero… tiene un corazón enorme. Es un peleador muy valiente, con un estilo muy mexicano, pero creo que debe mejorar bastante su defensa si quiere volver a ser campeón del mundo y mantenerse en un sitio importante. Si no mejora la defensa, no va a durar mucho…”.

– ¿Qué le parece lo que hizo de la Hoya? ¿Son reales sus seis títulos?

“De la Hoya es muy buen boxeador, pero cuando cambió de entrenador, le cambiaron el estilo. Cuando empezó, tenía movimientos defensivos muy bonitos, era magnífico y me gustaba mucho. Pero lo que terminó haciendo en su carrera fue horripilante. Se veía muy tieso y escondía su cabeza detrás del hombro como peleador de color, pero ese es el estilo de Mayweather; un mexicano no debe pelear así. Lo respeto por lo que es y lo sigo apreciando, pero la última pelea que hizo no me gustó nada”.

– Para Usted, ¿quién es el mejor campeón de todos los tiempos?

“´Sugar´ Ray Robinson”, responde sin dudar un sólo instante. “Robinson es el mejor peleador de todos los tiempos; es uno de los clásicos. Lo vi pelear una sola vez en vivo. Tenía todo enorme; sabía cuándo podía boxear hacia atrás y cuándo tirar sus golpes. Y en los pesos pesados el mejor fue Joe Louis”, añade.

–¿Qué opinión le merece el fenómeno actual del boxeo mundial encarnado por Manny Pacquiao?

“Es lo más espectacular que he visto en años… es un verdadero fenómeno; lo tiene todo: pega, aguanta, boxea, se faja… Indudablemente hubiera sido campeón también en mi época, me encanta verlo y no dudo que vaya a seguir ganando campeonatos.

Sin olvidarse de la colonia Morelos que lo vio crecer en Tijuana, Don Gaspar finiquita involuntariamente la entrevista cuando intenta explicar la procedencia de su nombre de batalla.

Las leyendas también lloran. A Ortega se le quiebra dramáticamente la voz entre cada palabra, los ojos se le hacen agua y tras explicar que sus padres eran oaxaqueños y que asistía a la escuela descalzo por falta de dinero, culmina con una frase cargada de historia:

“Por eso me dicen el ´Indio´…”.

 

PADUA QUIERE CONTINUAR LA “PESDILLA FILIPINA”

Padua

Padua

El tagalo Jaderes “Mayon” Padua, quiere aprovechar todas las ventajas que tiene para enfrentar al mexicano Fernando “Kochulito” Montiel  este 22 de junio en el Complejo Deportivo del Hotel Azul Ixtapa, cunado se disputen el campeonato Internacional supergallo versión CMB; Padua hace referencia a ventajas físicas y psicológicas para el pleito con el tres veces campeón del mundo.

La única ventaja física que tiene el asiático es su estatura; pero argumenta que el episodio que vivió Montiel con el filipino Nonito Donaire, seguramente no ha salido de su mente, e incluso se acercó a Donaire para que le aconsejara cómo noquear al mexicano.

“Estoy seguro de que la pesadilla continúa en la cabeza de Montiel, que se despierta por las noches soñando que lo noquea Donaire; yo vengo a terminar con eso, quiero retirarlo y terminar de una buena vez con lo que inició Nonito, en la vida hay coincidencias, señales; un filipino lo bajó de las nubes y otro lo pondrá en el retiro”.

“Desafortunadamente para Montiel su pesadilla no termina cuando despierte, sino que será peor pues le espera el retiro;  Nonito es un buen amigo mío y estuvimos charlando del combate, me develó todos los defectos y debilidades que pudo apreciar en él cuando lo enfrentó. Nonito me dio ánimos para regresar con ese triunfo a casa”, culminó el de Albay, Filipinas, quien actualmente se prepara en Los Ángeles para el duelo con el “Kochulito”.

Montiel aseguró que si caía con Padua su suerte estaba echada y no tendría nada más que hacer en el boxeo profesional.

Texto y Foto: Prensa Promociones del Pueblo

 

TOMOKI KAMEDA CONTINUA CON SU PREPARACION

Kameda

Kameda

Aunque para la mayoría de boxeadores  no es común concentrarse por una semana en la ciudad sede de su pelea, El “Mexicanito” dejó en claro que para él es parte importante de su estrategia  entrenar por unos días en Cebú Filipinas, puesto que el día 1 de Agosto sostendrá el compromiso más importante de su carrera.

El menor de la dinastía Kameda se está preparando a conciencia para encarar al campeón e invicto de la división gallo de la Organización Mundial de Boxeo, el oriundo del País de Uganda Paulus Ambunda  quien cuenta con un excelente record de 20 peleas ganadas de las cuales 10 ha sido por la vía del cloroformo  y kameda sabe que Paulus no dejará ir fácilmente su fajín.

El “Mexicanito” quedó concentrado desde hace dos días  y por una semana en la ciudad sede de la pelea. Solamente sale de su campo de batalla para realizar su carrera matutina y acudir al gimnasio. Su entrenador y su equipo completo como nutriólogo y preparador físico, supervisan diariamente el trabajo del peleador oriental.

Hoy es día del padre en el continente americano, es como Tomoki “Mexicanito” Kameda quiere agradecerles su apoyo y hacerles llegar una fuerte felicitación a todos los que tienen la dicha de ser padres, pero en especial a sus fans en México que son Papás. Kameda sabe que esta pelea   aparte de todo va con una dedicación muy en especial a la afición mexicana que es una de las partes más importantes de su trayectoria ya que es la afición que lo vio nacer como boxeador profesional y es el país donde más ha crecido su carrera.

Por otra lado, hoy dedicó la mayor parte de su tiempo a estar perfeccionando la estrategia con sus sparrings, que son filipinos hasta ahorita y que empleará para poder vencer a su rival el próximo 1 de Agosto.

Texto y Foto: René Pérez

 

LLEGA “KOCHULITO” A IXTAPA

Equipo de Montiel

Equipo de Montiel

El tres veces campeón del mundo Fernando “Kochulito” Montiel hizo su arribo este lunes al aeropuerto de Ixtapa-Zihuatanejo para enfrentar esta sábado al filipino Jaderes Padua en el Complejo Deportivo del lujoso Hotel Azul Ixtapa, estelarizando la cartelera de “Sábados de Corona”.

Montiel Martínez llegó al bello destino turístico acompañado de su equipo de trabajo y tras repartir autógrafos en la terminal aérea y complacer a los aficionados que se querían tomar fotografías con él, se dirigió al hotel sede para concentrarse de cara al importante
duelo, donde se disputará el cetro Internacional supergallo del Consejo Mundial y tal vez una oportunidad titular este mismo año.

Ahora Montiel culminará su preparación con la etapa de aclimatamiento y realizando los últimos ajustes al tonelaje, para este viernes marcar sin problemas el límite de la división, del cual asegura se encuentra a un par de libras, algo que no es un problema faltando
casi 5 días.

La velada que organizan Promociones del Pueblo y Kochul Montiel Producciones, con el apoyo de Grupo Modelo, será estelarizada por el encuentro entre Montiel y Padua, además de un sensacional respaldo donde verán acción excampeones mundiales, retadores al
título, altos clasificados, ex seleccionados mexicanos e invictos.

Texto y Fotos: Prensa Promociones del Pueblo

 

 

“DEMONIO” AMENAZA INVICTO DE”FLASH” FLORES

Cota

Cota

El mochiteco Jorge “Demonio” Cota se declaró hoy en óptimas condiciones para encarar el duelo ante el invicto  regiomontano Humberto “Flash” Flores en pleito acordado a ocho giros en peso superwelter.

El “Demonio” ha realizado una ardua preparación que se refleja en su excelente forma física, pues compartió el campo de entrenamiento con sus paisanos Fernando “Kochulito” a montiel y Adrián Verdugo que también verán acción en la velada que organizan Promociones del Publo y Kochul Montiel Producciones, con el apoyo de Grupo Modelo.

Cota tendrá un complicado choque con el invicto “Flash” Flores, quien ha declarado que el sinaloense conocerá al verdadero demonio este sábado durante la pelea que sostendrán en el respaldo de “Ixtapa de KOchulito”, mismo que será transmitido a todo el continente por la señal de TDN en sus “Noches de Puños” por sistemas satelitales de televisión.

El resto de los encuentros de respaldo que serán transmitidos por TDN serán estelarizados por el excontendiente Eduardo “Canilla” Escobedo que enfrenta a Adrián Verdugo en peso superpluma; mientras que el invicto Mario “Yayo” Muñoz se verá las caras con el local Jorge Adame en supergallo.

Texto y Foto: Prensa Promociones del Pueblo

GARCÍA VS. LÓPEZ, ESTA NOCHE

Foto: Pepe Rodríguez

Foto: Pepe Rodríguez

Esta noche, en Dallas, Texas, el puertorriqueño Juan Manuel López (33-2, 30 nocauts) intentará coronarse por tercera ocasión en su carrera, cuando se mida con el mexico-estadounidense Miguel “Mickey” García (31-0, 26 nocauts), quien no tendrá derecho a retener el título pluma de la OMB, en caso de salir victorioso, debido a que no marcó el límite de la división durante la ceremonia de pesaje, celebrada este viernes 14 de junio. Se espera una pelea de alarido en el American Airlines Center, entre el noqueador borinqueño y el invicto de Ventura, California.

“REY” SANTOS, “YAYO” MUÑOZ, “DEMONIO” COTA Y “CHINO” MÉNDEZ EN IXTAPA

 

Santos

Santos

Calidad de sobra podrán apreciar este 22 de junio los aficionados que se den cita en el Hotel Azul Ixtapa, para presenciar la cartelera que organizan Promociones del Pueblo y Kochul Montiel Producciones, con el apoyo de Grupo Modelo y que ha sido denominada “Ixtapa de KOchulito”.

Prospectos de la talla de Arturo “Rey” Santos, Mario “Yayo” Muñoz, Jorge “Demonio” Cota y Marcos “Chino” Méndez verán acción en la espectacular velada que ya cuenta con explosivos encuentros estelares que tendrán al público al filo de la butaca.

El olímpico en Beijing 2008 “Rey” Arturo Santos se mide con el invicto Eduardo “Zurdito” Sánchez en encuentro de semifondo a ocho giros en peso supergallo; el invicto tapatío Mario “Yayo” Muñoz, enfrenta al acapulqueño Jorge Adame.

En choques de respaldo Jorge “Demonio” Cota busca abrirse camino rumbo al título del mundo cuando encare al imbatido regio Humberto “Flash” Flores que también busca escalar a grandes alturas en las listas de contendientes.

En duelo de corte internacional, Marcos “Chino” Méndez de Apatzingán, quien representara a México en diversos torneos a nivel mundial, choca en encuentro dentro del peso mediano con el argentino Luis “Ché” Acuña, que radica en la Ciudad de México y entrena con Nacho Beristain, un encuentro entre invictos que llama poderosamente la atención en los pleitos de fondo.

El choque superestelar de la cartelera será protagonizado por el tricampeón mochiteco Fernando “Kochulito” Montiel, quien de disputa el campeonato Internacional supergallo del Consejo Mundial de Boxeo (WBC) con el peligroso filipino Jaderes Padua en encuentro a doce asaltos como lo marca el reglamento; además la valiente Irma “Güerita” Sánchez invade la división mosca y tendrá una dura prueba en la persona de la colombiana Olga “Monita” Julio.

Texto y Foto: Prensa Promociones del Pueblo

“KOCHULITO” VA POR OTRO LLENO EN IXTAPA

Montiel

Montiel

Nuevamente la hermosa bahía de Ixtapa-Zihuatanejo será sede de los “Sábados de Corona”, que semana a semana registran altos niveles de audiencia; la entusiasta afición local tendrá nuevamente la oportunidad de presenciar una cartelera de primer nivel, pues no sólo los tres combates estelares son de alto calibre.

En la cartelera que organizan Promociones del Pueblo y Kochul Montiel producciones, con el apoyo de Grupo Modelo, intervendrán excampeones del mundo, exolímpicos, altos clasificados e invictos, lo que sin lugar a dudas es una garantía para la afición que en febrero registro un sensacional lleno en el centro de Convenciones, por lo que ahora se buscó un lugar más amplio para efectuar la velada.

Y no es para menos, pues el triple monarca universal Fernando “Kochulito” Montiel no sólo disputará el campeonato internacional supergallo, sino que pondrá en juego su retiro con el peligroso tagalo Jaderes “Mayon” Padua; además la valiente tapatía Irma “Güerita” Sánchez invade la división mosca y tendrá una dura prueba en la persona de la cafetalera Olga “Monita” Julio, mientras que el olímpico mexicano Arturo “Rey” Santos choca con el experimentado sinaloense Carlos Rodríguez.

En el resplado aparecen cuatro duelos por demás atractivos, en peso medio choca Jorge “Demonio” Cota, clasificado mundial, con el invicto regiomontano Humberto “Flash” Flores; en superpluma Eduardo “Canilla” Escobedo se mide con Adrián Verdugo; el invicto jalisciense Mario “Yayo” Muñoz se verá las caras con el local Jorge adame; mientras que en otro duelo de corte internacional, el exseleccionado mexicano Marcos “Chino” Méndez busca mantener su racha imbatida, cuando enfrente al también invicto argentino radicado en México Luis “Ché” Acuña en peso mediano.

Las acciones podrán seguirse por las pantallas de Televisa deportes en su serie “Sabados de Corona” en todo México y el sur de los estados Unidos, y en el resto del continente por la señal de TDN en su “Noche de Puños” por los sistemas satelitales de televisión.

Texto y Foto: Prensa Promociones del Pueblo

 

BELLEZA Y TALENTO DE AVA KNIGHT, LA “DESTRUCTORA DE MEXICANAS”

 

Ava Knight

Ava Knight

La norteamericana Ava Knight, campeona Diamante mosca del Consejo Mundial de Boxeo participó este fin de semana en su natal Chico, California en un concurso de Bikini Fitness, donde obtuvo el segundo puesto gracias a su estilizada y bien delineada figura producto de sus arduos entrenamientos de boxeo.

“Estar en buena forma es una de las claves del boxeo, realmente disfruté haber participado en este concurso, nunca antes había visto tanta gente en buena forma; el boxeo ha mejorado mi vida, pues nunca me había sentido tan saludable”.

Fue el primer intento de la multicampeona en el Concurso de Bodybuilding, Figure and Bikini, quien participó en la categoría de Bikini; “El próximo año lo intentaré de nuevo, esta vez con la intención de quedarme con el trofeo de primer lugar, es un nuevo reto en mi carrera como deportista“; finalizó Knight.

Ahora la “Destructora de Mexicanas”, vuelve a prepararse en los encordados y espera fecha para exponer nuevamente el cinturón Dimante peso mosca del CMB, y afirma que le gustaría unificar con alguna europea o una de las norteamericanas quienes actualmente reinan en la división por los principales organismos.

Texto y foto: Prensa Promociones del Pueblo

 

COMO JULIO CÉSAR

Márquez, castigando a Pacquiao

Márquez, castigando a Pacquiao

Edmundo F. Hernández Vergara

Fotos Cortesía: Germán Villaseñor 

Las Vegas, Nevada.-Ocho años más tarde y 36 episodios después, el viejo guerrero azteca se encomendó a los dioses, afiló su espada de las mil batallas sin descuidar totalmente el escudo y decidió que no había mañana. Con el respaldo incondicional del pueblo, que clamaba justicia a una sola voz, salió a matar o morir, como tenía que hacerlo, frente a un adversario al que ya había vencido al menos en dos ocasiones, aunque la historia oficial se ha negado a reconocerlo.

Con esa actitud, el capitalino Juan Manuel Márquez afrontó su cuarto duelo ante el filipino Manny Pacquiao (50-4-2, 38 nocauts). La dosis extra de agresividad que el llamado “Dinamita” agregó a su estilo para el compromiso más importante de su brillante trayectoria, arrojó una versión más breve de sus enfrentamientos con el tagalo pero igual o más electrizante, dramático y memorable que los tres anteriores.  El mexicano fue suicida, estoico y en algunos momentos hasta inconsciente, en la búsqueda de una victoria que le habían negado los hombres de traje y corbata, una y otra vez.

En una arena enloquecida que pasó con una facilidad asombrosa, casi de manera automática, de la euforia a la angustia y viceversa, Márquez  (55-6-1, 40 nocauts) no tardó en sorprender a propios y extraños al derribar al “Pac-Man” en el tercer round, producto de un brutal volado de derecha que se incrustó preciso y sin piedad en el rostro del pupilo de Freddie Roach. Paradójicamente, cuando se suponía que el tetracampeón mundial debía emplearse a fondo para finiquitar el pleito, cuando las circunstancias parecían propicias para acabar de una vez por todas con toda la polémica, prefirió ser cauto por única ocasión en la noche, pese al frenesí de la fanaticada que pedía de pie el nocaut. La euforia se apagó paulatinamente y le abrió paso a la angustia. Pacquiao asimiló de la mejor manera su primera caída desde 2004 y le arrebató dramáticamente el control de las acciones al mexicano hasta devolverle la cortesía en el quinto giro. Márquez tocó el suelo del ring con el guante izquierdo, tras recibir un pisotón involuntario y una zurda cortita al mentón. Kenny Bayless le aplicó la cuenta de protección, lo apreció apto para continuar y se lo soltó al tigre que ya lo esperaba para rematarlo. Juan Manuel sobrevivió con valentía, sin amarres y lanzando golpes, como siempre lo ha hecho en su carrera en esas circunstancias, pero llegó aturdido a su esquina.

El púgil mexicano se consagró

El púgil mexicano se consagró

A esas alturas del estrujante combate, la raza de bronce que tapizó hasta el último rincón del graderío esmeralda del majestuoso Grand Garden del MGM, con los colores de la bandera mexicana, cánticos y ocurrencias, entendió que el admirable paisano que se encontraba sobre el cuadrilátero estaba en serios  problemas y necesitaba aliento. Y se lo ofreció muy a su manera: “¡Márquez, Márquez, Márquez… pártele su madreeee! ¡Márquez, Márquez, Márquez… pártele su madreeee!”, fue el coro estruendoso que cimbró las raíces de concreto del recinto, durante el minuto de descanso. Y le seguiría el “Cielito lindo”, que aparecería como una especie de conjuro contra el filipino: “¡Ayayayayayyaaaaaaaaaaay, canta y no lloreeeeeeeeees…!”.

Mientras tanto, en la esquina, don Nacho Beristain y sus “seconds” intentaban recomponer el camino y reanimar a Márquez, quien sangraba notoriamente del puente de la nariz. Con la intención de parar el fluido,  el reconocido manejador presionaba con fuerza con un trozo de algodón en la zona más afectada, sin descuidar en ningún momento el aspecto táctico. Consciente del momento crítico, Beristain le pidió desesperadamente a su pupilo que volviera al boxeo elegante que lo encumbró, que no intercambiara golpes y que manejara la media y la larga distancia. Juan Manuel dijo que sí con la cabeza, pero en cuanto escuchó la campana que marcó el inicio del sexto round continuó con el pacto no escrito que había hecho con el tagalo. Uno de los dos debía terminar esa noche en la lona y ambos protagonistas estaban de acuerdo con el epílogo de una historia repleta de injusticias, sangre, fuerza, voluntad y emociones ilimitadas, que inició en mayo de 2004 y que terminó por inmortalizarlos.

El nocaut se asomaba con descaro en el Grand Garden y cualquiera hubiera apostado en esos momentos que el desenlace antes del límite se daría a favor del filipino. Nada más lejos de la realidad. El Pac-Man entendió que su presa estaba herida y trató de acabarla incrementando la intensidad y la velocidad en sus ataques. Con la fanaticada de pie, el multicampeón universal buscó a toda costa el golpe definitivo que acabara con la contienda y con toda la controversia que generaron sus triunfos anteriores ante el mexicano. Márquez, por su parte, se hizo grande en la adversidad. Soportó estoico algunos bombazos y muchos otros los eludió en base a su extraordinaria defensa. Respondió también con golpes aislados pero contundentes y terminó frustrando las intenciones de su rival. Así llegó la advertencia de los 10 segundos del round, que nos tenía preparado uno de esos sobresaltos inolvidables que sólo suele ofrecernos el boxeo. Pacquiao intentó cerrar en busca del nocaut, pero no mostró nada nuevo: fintó con la derecha, lanzó el “jab” con la misma mano y cuando se aprestaba a utilizar esa izquierda anestesiante que lo sacó del anonimato, Márquez lo sorprendió con un movimiento lateral centellante que lo dejó indefenso frente a una derecha amartillada, espectacular y demoledora que lo liquidó faltando tan sólo un segundo para que terminara el asalto.

El capitalino logró un nocaut histórico

El capitalino logró un nocaut histórico

Ante cualquier otro adversario, el famoso “uno-dos” de derecha-izquierda del pupilo de Freddie Roach hubiera resuelto el problema, como en tantas otras noches. Pero no ante Juan Manuel, quien lo conoce de sobra y aprendió desde los primeros segundos de esta historia a eludir esa combinación que lo mandó a la lona en tres ocasiones, durante el primer pleito celebrado en mayo de 2004. Márquez aprendió a evitar que la combinación terminara en su rostro y, con el paso de los rounds y de las peleas, descubrió el antídoto contra la bestia.

Márquez encontró justicia con el tiempo porque la buscó y no reparó en ningún momento en las críticas sobre su edad ni en las apuestas que nunca le han favorecido, pese a sus triunfos no oficiales ante el filipino. Mucho menos se detuvo a preocuparse en las ventajas de peso que concedió al llamado “devorador de mexicanos”, quien marcó cuatro libras más en la balanza. Estaba decidido y nada lo detuvo. El sábado 8 de diciembre de 2012, el púgil capitalino  le regaló a su gente una de las noches más felices en la historia del deporte mexicano y situó su nombre, de una vez por todas, entre los monstruos sagrados del boxeo de este país.

En la sala de prensa, minutos después de la conclusión del memorable combate, Ignacio Beristain confesaría sin titubear que Juan Manuel Márquez es el mejor de los 25 campeones mundiales que ha dirigido durante su trayectoria como manejador. Posteriormente, agregaría en tono de broma que no sabía si regañarlo o felicitarlo, pues desatendió en gran parte del pleito sus indicaciones: “Me cansé de pedirle que no se quedará (dentro de la guardia de Pacquiao), que no intercambiara golpes pero no me hizo caso. A final de cuentas llegó el nocaut y no sé si reclamarle o felicitarlo”, expresaría el que para muchos es el mejor manager del mundo en la actualidad.

Don Nacho remataría: “Juan Manuel es un boxeador fino, elegante y esta noche dejó muy claro que es mejor peleador que Pacquiao”.

El nocaut histórico del “Dinamita” será recordado por muchos años y podemos meterlo, sin ningún problema, por su magnitud y por lo que ha representado para el pueblo de México, en la misma canasta en la que encontramos aquellos triunfos fantásticos conseguidos por Rubén Olivares contra el japonés Kazuyoshi Kanazawa, el de Salvador Sanchéz ante el puertorriqueño Wilfredo Gómez y el que obtuvo Julio César Chávez frente al estadounidense Meldrick Taylor, por mencionar los más siginificativos.

Pacquiao simepre tuvo respuesta

Pacquiao simepre tuvo respuesta

Hablando del “César del Boxeo”, habría que avisarle que debe empezar a hacerle un espacio a Juan Manuel en el pedestal donde se encuentra desde hace tiempo y con justicia. El capitalino cada vez se asemeja más a él, por el tamaño de sus hazañas, su arraigo con la gente y hasta por sus dedicatorias a presidentes de extracción priista.

En cuanto al futuro del tetracampeón mundial, ya se habla desde ahora de una nueva versión de sus duelos con el filipino y de una posible revancha ante Floyd Mayweather jr. El retiro también es una opción, la más viable indudablemente de todas, principalmente cuando se ha alcanzado el límite de la gloria.

Sin embargo, sea cual sea su decisión, nada manchará ya su nombre. Márquez ha hecho una carrera extraordinaria y, mientras no cuelgue los guantes, debe ser considerado como el mejor boxeador mexicano de la actualidad y uno de los primeros en el ranking libra por libra.

Comúnmente, nos cuesta trabajo percibir, en el momento, que la historia se está escribiendo y que estamos en presencia de personajes irrepetibles. Es el caso del “Dinamita”, versión moderna de Olivares, Pintor y de todos los grandes discípulos del “Cuyo” Hernández –maestro de Beristain-, quien al paso de los años será recordado como una leyenda, como un guerrero de época que destruyó el mito de Manny Pacquiao… Nada más.

RÉFERI, JUEZ Y “GERULES”

Juan José Ramírez

Juan José Ramírez

Edmundo F. Hernández Vergara 

Tijuana, B. C.-Aquel 13 de agosto de 1961, don Víctor Ramírez tomó a su mujer de la mano y se encaminó presuroso hacia la vieja arena del poblado Las Agrias, del municipio de Tuxpan, Nayarit.

Sin mayores recursos, el campesino se refugió en su segundo oficio para obtener los 30 pesos que le cobraría el doctor por el parto de su esposa, quien cumplía en esos días el noveno mes de embarazo.

Con esa angustia, don Víctor se metió a un tinglado a intercambiar golpes con otro hombre y dejó a su mujer en las gradas con la promesa de acudir a un hospital en cuanto terminara la riña. Pero no hubo necesidad ni tiempo. La criatura había elegido esa fecha, ese lugar y ese ambiente para iniciarse en la vida.

En las entrañas de la vieja arena se escuchó su primer llanto. Alguien cortó el cordón umbilical que lo unía a su progenitora, pero el que lo mantiene atado hasta la fecha al boxeo nadie lo encontró.

Ese día nació en Tuxpan, Nayarit, Juan José Ramírez Avilán, el boxeador, el réferi, el juez y el payaso “Gerules”.

Al pugilista lo dejó hace tiempo a pesar de los 55 nocauts que consiguió en 65 contiendas, pero el réferi, el juez y, sobre todo, “Gerules”, un payaso nacido de la casualidad, están en su mejor momento.

El réferi

El réferi

Un personaje tan versátil debe tener algún secreto, aunque Ramírez le atribuye sus distintas caras a los imprevistos de la vida.

“Uno nunca termina por conocer lo que trae adentro. La vida da muchas sorpresas. Después de ser una persona a la que le costaba trabajo platicar con los demás, ahora soy un payaso que anima fiestas”, dice el nayarita de 48 años de edad.

Y si su llegada al mundo resultó repentina y hasta cierto punto inesperada, su origen como pugilista no desentona con la historia.

El mismo día que cumplió 15 años, Juan José acudió en calidad de aficionado a una función de box en su natal Nayarit, y terminó sobre el ring como uno de los púgiles triunfadores de esa noche. Sin haberse calzado jamás unos guantes, el muchacho aceptó cubrir la ausencia de uno de los púgiles de la velada a cambio de 150 pesos. Peleó con el nombre del “Gallo Tapado” y ganó una decisión en seis rounds, pero juró no volver a desafiar los peligros de un ensogado.

“Fue en 1976 y juré no volver a boxear porque duré ocho días con calentura por los golpes. Pero más rápido cae un hablador que un cojo y regresé. Me habían gustado los aplausos y el dinero que gané”, recuerda Ramírez.

Dos años después de su debut en Nayarit, a Juan José se le presentó la oportunidad de continuar su carrera como boxeador en la ciudad de México, Guadalajara o Tijuana.

Y el sentimiento lo guió a la frontera. Anhelaba ganar dinero y construirle una casa a sus padres y posiblemente en cualquiera de las tres ciudades lo hubiera logrado. Sin embargo, en Tijuana vivía la mujer que sería su esposa y que había conocido durante unas vacaciones en Nayarit.

“Así llegué a Tijuana. Me vine siguiendo a la que ahora es mi esposa”, expresa.

Divierte a chicos y grandes

Divierte a chicos y grandes

“Recuerdo el día que llegué a Tijuana. Eran las cinco de la mañana y afuera de la casa del tío con el que llegué, me estaba esperando un muchacho que no conocía para irnos a entrenar al gimnasio de Pedro Morán. Era el ´Rocky´ Valero, que después sería campeón nacional”, agrega.

Quienes lo vieron en acción, describen a un fajador-técnico con una pegada de espanto y aseguran, sin caer jamás en la duda, que en estos tiempos, sería un campeón mundial de respeto.

Su retiro como boxeador fue prematuro, pero Juan José no se arrepiente:

“Yo me metí al boxeo con la ilusión de ahorrar para construirle una casa a mis papás, y en cuanto cumplí mi objetivo, me retiré. No quise quedar lastimado y preferí dedicarme a otros trabajos, porque desde que llegué a Tijuana me fue bien en el box y en todas partes”, señala el nayarita, quien acumula más 40 contiendas de campeonato mundial como réferi y juez.

– ¿Cómo surge el payaso “Gerules”?

“Hace 18 años fui ocasionalmente a Plaza Río y había un concurso de payasitos. Yo era un muchacho muy temeroso y me invitaron a competir. Estaba nervioso pero me llevé la gran sorpresa que le gané a todos y los demás concursantes eran actores. De ahí me gustó y nació “Gerules”, que es una palabra de mi abuela que significa niño flojo.

“El payaso nació sin querer, igual que el boxeador. Me agrada divertir a la gente y que los niños sonrían. Es un trabajo muy serio. Gerules es el hermano menor de Juan José Ramírez; es un personaje muy bonito que vive dentro de mí y me ha ayudado mucho. Gerules es mi otro yo y una buena medicina para el estrés”, añade.

– Si tuviera que elegir entre la adrenalina del boxeo y la sonrisa de los niños, ¿con qué se quedaba?

“Es un reto difícil porque gozo de las dos cosas. El boxeo me ha abierto muchas puertas, me ha ayudado a conocer lugares y personas. Y el payaso pues… me encanta, lo siento y lo hago con mucho gusto. No soy de esos payasos que nada más cumplen. Sería muy difícil decidirme por alguna de las dos cosas; es la brutalidad hecha arte contra la sonrisa inocente de los niños”.

Sin embargo, no hay por qué elegir. A pesar de los contrastes, ambas situaciones pueden mezclarse:

“Cuando peleó Erik Morales contra Junior Jones en El Toreo, hace ya algunos años (en 1998), yo tenía un contrato en la tarde como payaso. Yo iba a referear la pelea de la ´Cobrita´ Soto con un argentino y tenía que estar en la arena a las 6. El ´show´ fue de una hora, pero el señor de la fiesta quería una hora más y le tuve que explicar que me estaban esperando en El Toreo para referear una pelea de box. El señor no podía creer que el payaso también fuera réferi, pero me dejó ir. Todavía llegué maquillado a El Toreo y me despinté en el vestidor”, relata.

-- ¿Quién tiene mayor responsabilidad: un juez o un réferi?

“No hay comparación. En las manos de un réferi puede estar la vida de un boxeador y el juez solamente decide un resultado”.

– ¿Quién es el mejor réferi de México? 

“Pienso que Octavio Meyrán era uno de los mejores y aquí en Tijuana tenemos a Memo Ayón, que es uno de los más experimentados. A él, además de admirarlo como réferi, le agradezco porque ha sido una de las personas que más me ha ayudado aquí en Tijuana.

– ¿Quién es Juan José Ramírez?

“Juan José Ramírez es una persona trabajadora y que está dispuesta  a ayudar a las personas que lo necesiten”.

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El 13 de agosto de 2000, de nueva cuenta, el día de su cumpleaños, la casualidad apareció en su vida pero esta vez disfrazada de tragedia. Un accidente automovilístico en la carretera Ensenada-Tijuana cambió de nuevo la vida de este personaje tan valioso de la ciudad de Tijuana, quien se mantiene en pie de guerra:

“A la altura de Cantamar, en una vuelta, se me apagaron las luces, no vi nada y me fui al precipicio. El carro dio varias vueltas y yo salí sin ningún rasguño, pero mi esposa se quebró su columna en cuatro partes. Hemos batallado durante casi nueve años. Ella está operada, está en una silla de ruedas y los doctores me han dicho que ya no va a caminar, pero es un milagro de Dios que yo la tenga. La vida me enseñó a luchar, y ahora, “Gerules” y yo, luchamos por ella…”.

 

 

 

JOYA MANCHADA

 

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Edmundo F. Hernández Vergara

Fotos Cortesía: Germán Villaseñor

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Las Vegas, Nevada.- La mañana del esperado sábado 12 de noviembre había que hacer el “check-out” a las 11 y abandonar el hotel de la Avenida Tropicana para iniciar una extensa jornada que prometía un epílogo inolvidable. Al filo de la hora –para no perder la costumbre-, tras un baño exprés, todavía envuelto en una de esas toallas eternamente blancas de los hoteles, enciendo la televisión y extraigo toda la ropa que hay en la maleta en busca de una combinación prioritariamente cómoda: pants negro, chamarra gris, camiseta verde tipo polo, unos “Skechers” y un poco de gel, de un dólar, adquirido en la tienda del hotel.

Entre tantos canales fríos y ñoños de la televisión anglosajona, casualmente, el aparato ha quedado estacionado en la transmisión del último capítulo de la exitosa serie 24/7 del duelo Pacquiao-Márquez, producida por la cadena HBO. Aparecen los hijos de Juan Manuel. El mayor, el de lentes, el que ha declarado abiertamente que no le gusta el boxeo dice, palabras más, palabras menos, que el último día que su padre entrenó en la Ciudad de México no fueron a la escuela para acompañarlo en el gimnasio, que han visto los entrenamientos de Pacquiao, quien se ve fuerte, pero nunca más que su papá. Con el inconfundible ruido de la “pera loca” como fondo, el más pequeño, Emilio, de aproximadamente cinco años de edad, interrumpe a su hermano y dice con esa expresión en los ojos exclusiva de los niños, mitad pícara, mitad inocente: “todo va a salir bien…”.

Por alguna razón, la frase del niño me conmovió hasta el límite y, en ese instante, sentado en la cama de la habitación que hacía diez minutos había dejado de ser oficialmente mía, desee con toda la fuerza y sinceridad de mi corazón de aficionado, y no de periodista, el triunfo de Márquez. Por su hijito, por toda su familia, por los antecedentes de las primeras dos contiendas ante el filipino, por toda la gente que aseguraba que lo iban a noquear y porque se trata de un tipo ejemplar, limpio, educado y que se hizo figura lejos de la mano de un promotor influyente.

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Posteriormente, aparece a cuadro don Nacho Beristain, quien le cambia el rumbo emocional al programa y, de la ternura, nos lleva al humor con ese lenguaje tan veracruzano, tan irreverente, tan suyo. El llamado “Dinamita” es “manopleado” con intensidad, pero el “manager” detiene el entrenamiento. Ha visto uno de esos errores apenas perceptible por los expertos: “No hagas eso, Juan; no te vaya a agarrar con un gancho este hijo de la chingada”,  le dice Beristain, imaginando el peor de los escenarios.

Y todo (lo que estuvo en las manos del mexicano) salió bien, tal como lo vaticinó el pequeño Emilio y como lo previno Don Nacho. La noche del 12 de noviembre, Juan Manuel subió al cuadrilátero del majestuoso MGM Grand con la inteligencia, el corazón y la concentración como los mejores aliados de su calidad y experiencia. Y a sus 38 años de edad y cuatro kilos por encima del peso en el que reina –lo cual engrandece aún más su hazaña-, labró desde el primer segundo del combate, jab tras jab, derecha tras derecha, bending tras bending, una de las obras maestras de la historia reciente del arte de fistiana.

 

Desde su trinchera, Márquez ejecutó a la perfección la estrategia que Beristain diseñó en el gimnasio. El llamado “Dinamita” hizo un trabajo impecable a la defensiva y eludió la mayoría de las izquierdas de poder del filipino, quien jamás encontró la fórmula para entrar y descifrar el acertijo que le puso enfrente un adversario que siempre lo ha superado en lo que a técnica se refiere y que ahora, le compitió también, ante el asombro de propios y extraños, en el aspecto de la velocidad.

¿En dónde quedó entonces ese monstruo invencible y espectacular del que todo mundo hablaba? ¿Qué hizo de extraordinario el peleador al que los apostadores  y especialistas le faltaron al respeto pronosticando un nocaut en su contra en menos de seis episodios, después de haber brindado 24 rounds de antología con el tagalo?

El mexicano simplemente aplicó la experiencia de las dos ediciones anteriores y eliminó los errores que le habían costado cuatro caídas en total. Márquez le caminó al zurdo casi siempre hacia la izquierda, marcándole el jab, sacándole el pie de su compás y entrando en su guardia solamente cuando fue necesario con esa derecha recta que le abrió el camino y lanzando combinaciones de cuatro golpes, exclusivamente en los momentos de mayor control de la contienda. El triple campeón mundial no arriesgó más de la cuenta pero hizo lo correcto: una pelea quirúrgica, fina y suculenta táctica y técnicamente. Era la única forma de acabar con el tigre que tenía enfrente.

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Así, al contragolpe, respetando la idiosincrasia del mexicano, Juan Manuel (53-6-1, 39 KOS) anuló a Pacquiao (54-3-2 con 38 KOS), hizo trizas los momios de los apostadores, cerró una buena cantidad de bocas (incluidas muchas mexicanas), que no le concedían la mínima oportunidad y le cumplió a una afición formidable que jamás dudó en su proeza e hizo suya la arena esmeralda del MGM con sus coros y cánticos escalofriantes: “…yo soy de los hombres que no temen nada/y aunque esté perdido no me se rajar…”, “¡Sí se puede, sí se puede!”, “¡Oléééééééééé, olé, olé, oléééééééééé, Márqueeez, Márqueeeeeeeeeez,!, “Ayayayayayyyyyyy, caaaaaaanta y no llooooores…, “¡México, México, México!”.

Sin caer en la exageración, el púgil capitalino ganó ocho o nueve de los 12 rounds del combate por el título welter de la OMB. Ni siquiera se trató de una pelea tan pareja como muchos pregonan, y el “Pac-Man” y los mismos jueces lo saben.

Después, habría que explicarle al pequeño Emilio por qué, tras la magistral exhibición de su progenitor, le levantaron la mano al otro señor. Y, cuando crezca, habrá que decirle que existe algo que se llama corrupción, que se encuentra perfectamente arraigado en el tuétano de  casi todas las esferas y ámbitos de este mundo,  y que ensucia, entorpece, anquilosa y daña, sin pudor alguno, esfuerzos sinceros y ejemplares como el de su padre.

Tres tipos sin escrúpulos y al servicio del poder, mancharon la noche del sábado con sus puntuaciones disparatadas (114-114, 115-113 y 116-112, a favor del zurdo de las filipinas)  una verdadera joya del boxeo y privaron al mexicano de ensanchar, aún más, su brillante trayectoria, con la obtención de su cuarta corona en la misma cantidad de divisiones.

Demasiada suciedad. La pérdida millonaria que pudo causar el triunfo del capitalino en las apuestas y, posiblemente, el temor de perjudicar la firma de un duelo Pacquiao-Mayweather, marcaron la tendencia. Sin embargo, ahora tendríamos que preguntarnos a quién le interesa realmente ver al “Pac-Man” ante el orgullo de Michigan, con el filipino devaluado. Márquez lo desnudó el sábado y se lo sirvió en charola de plata a Floyd.

Por otra parte, sería prudente que las autoridades del país, cuyo estandarte ante el mundo son la libertad y las oportunidades, intervinieran en este tipo de situaciones tan penosas que perjudican al aficionado que paga un boleto, a los protagonistas y, en suma, la imagen del boxeo.

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¿Qué le queda ahora a Juan Manuel? Sólo tiene dos opciones: retirarse y ponerle fin al guerrero legendario e irrepetible que es. O, exigir que la cuarta contienda, la cual es prácticamente un hecho, se realice en México con un jurado imparcial y, buscar, en un estadio Azteca o Plaza Monumental repleta e hirviente, cómo sea y a cómo de lugar, esa victoria que no lo deja dormir y que le debe tres veces la historia… y los jueces.

¡A LA CÁRCEL!

Tras librar un laberinto humano de lamentos, porras frustradas, escotes, minifaldas, perfumes, mentadas, empujones y risas, arribo a la sala de prensa del MGM y me encuentro a primera mano a un periodista sexagenario con el que platico en este tipo de eventos desde hace casi diez años y del que, hasta la fecha, no sé su nombre.

El hombre proveniente de Santa Ana, me aborda y me dice sin saludo previo: “No tienen madre estos cabrones… tengo más de 50 años viendo box y no me acuerdo ahorita de un robo tan grande. Pero qué bonito peleó Márquez, ¿verdad, hijo?”.

En el intercambio natural y necesario de opiniones, todos colaboramos en la sala de prensa para acabarnos los sinónimos y definir con la mayor exactitud posible el resultado que indignó a la mayoría esa noche: robo, fraude, estafa, atraco, hurto, engaño, timo…

Y también en inglés: theft, fraud, swindle, robbery, bunco, cheat, bullshit …

“Hoy me reclamaron por venir a verte/no quieren que vuelva por aquí jamás/dicen que si vuelvo encontraré la muerte/que por ti la vida me van a quitar…”

Debajo del multicolor cielo electrónico de Las Vegas “viejas” (antiguo downtown), Melquiades observa con la pose clásica que alguna vez adoptamos de niños para tomar agua de la lluvia (rostro expuesto al firmamento, boca abierta y  cuello erguido), un video de la legendaria banda de rock inglesa Queen: “We will rock you”.

La melodía realmente proviene del cielo, por la calidad de su manufactura y porque Freddie Mercury, posiblemente, desde que se nos fue, canta allá.

“Buddy you’re a boy make a big noise/Playin’ in the street gonna be a big man some day/You got mud on yo’face/You big disgrace/Kickin’ your can all over the place/Singin’…”, entonan todos, como cómplices de ese momento, incluido nuestro amigo.

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Bajito de estatura, moreno, gorra de los Phillips y chamarra de los Packers, que impide apreciar el color de su camiseta, Melquiades es uno de esos hombres que aparentan más edad de la que verdaderamente tienen, de esos a los que en broma les decimos “que los corrieron sin aceite”. Tendrá unos 30, pero aparenta 40. La vida no es fácil.

Después de cantar en plena calle con cientos de personas que nunca había visto en su vida, recompone la figura, vuelve a la realidad y recuerda el motivo de su presencia en ese lugar. De una bolsa negra, de esas que usamos para la basura, saca su mercancía y la empieza a ofrecer a cualquiera que pasa a su lado. Son camisetas “piratas” relacionadas con los magnos eventos de ese fin de semana, en la capital del juego.

“Las de los conciertos de Rod Stewart y de Santana las tengo en 10 dólares y la de la pelea del Pacquiao con el Márquez, en 15”.

 “Piensan asustarme para que te deje/pero nunca nadie lo podrá lograr/mientras tú me quieras yo estaré presente/cerca de tu casa para platicar…”

Una hora después de que Michael Buffer le informara a más 18 mil fanáticos en la arena y a millones de televidentes que los jueces habían perdido la razón, hizo su aparición en la sala de prensa Juan Manuel Márquez, escoltado por Ignacio Beristain y Fernando Beltrán, visiblemente contrariados.

Márquez tomó el micrófono, intentó esconder la mirada debajo de la visera de su gorra blanca, pero terminó viendo a todos de frente, con la seguridad y el orgullo de todo aquél que sabe que ha hecho su trabajo muy por encima de lo correcto.

Estoy desilusionado, muy triste. Tengo que pensar y decidir con mi familia si realmente voy a seguir en este deporte. No es posible que tres personas que supuestamente están preparadas para calificar una pelea te echen a perder cuatro meses de entrenamiento. Uno se olvida de su familia, se olvida de que tiene hijos, se entrega a una carrera por 18 años y al final aparecen tres tipos a los que no les importa nada y te roban todas las ilusiones… estoy muy frustrado”, declaró inicialmente.

“Ya van tres veces. Si volvemos a pelear, se la van a volver a dar a él y no va a quedar más remedio que pegarme un tiro. Lo único que le pido a los jueces es que vean lo que está pasando arriba del ring y no lo han hecho. Ya le gané tres veces, pero no sé que quieran que haga para que me den el triunfo; voy a tener que matarlo y a lo mejor aún así, también le levantan la mano”, agregó.

Posteriormente, un periodista de rasgos orientales le propone entre en broma y en serio, que mande a hacer una camiseta que diga “Yo le gané a Pacquiao tres veces”, provocando la risa de los presentes.

“No lo había pensado, pero voy a considerarlo”, respondió el “Dinamita”, con una sonrisa melancólica.

Más indignado que frustrado, fiel a su estilo, Don Nacho fue punzante en sus declaraciones:

“Fue una cátedra. Juan Manuel le dio una lección de boxeo a Manny Pacquiao pero no contábamos con la aparición de tres pillos que se pusieron un antifaz. Esto es una estafa, un robo de la peor calaña. Fue una burla para Juan Manuel y también para Pacquiao. Este tipo de atracos puede provocar que la gente ya no quiera comprar boletos para una cuarta pelea. Deberían de vetar a estos tres tipos”.

“A mí no me asustan tipos lenguas largas/que solo lo presumen para apantallar/yo soy de los hombres que no temen nada/y aunque esté perdido no me se rajar…”

“Siempre les superamos el diseño a las originales. Por eso nos avientan a la ´placa´. Ayer se llevaron a dos compañeros al bote junto con unas personas que les estaban comprando camisetas. Dicen que es un delito muy grave, pero hay que comer.”, afirma Melquiades con un acento inconfundiblemente chilango.

“Ya tengo dos años por acá y la he hecho de todo: he trabajado en el campo, lavando platos, limpiando baños y hasta repartiendo tarjetas de ´teiboleras´. Las camisetas dejan buen dinero cuando hay peleas como la de mañana, pero no hay muchas peleas así; sólo tres o cuatro al año y se acabó, mi jefe”, añade.

Una de esas cincuentonas enamoradas eternamente de la inconfundible voz y los cabellos dorados y alborotados de Rod Stewart, interrumpe las explicaciones del hombre para comprarle una playera del cantante británico, quien esa noche se presentaría en el Colosseum del Caesars Palace.

Aún con los billetes en la mano, Melquiades prosigue con su monólogo: “Allá en el D. F. vendía plata y discos ´piratas´ en La Lagunilla y en el Zócalo. Al negocio de los discos le dio en la madre el internet y la plata siempre se ha vendido, pero ni plata era. Los que más compraban eran franceses, que se iban creídos con su plata que se les despintaba y se les convertía en cobre ya que andaban de nuevo debajo de la Torre Eiffel. Ni modo que se regresaran a reclamar”, dice y suelta una carcajada.

“Si tus pretendientes quieren que me muera/yo te lo aseguro que los burlaré/yo seré tu dueño aunque no lo quieran/y el que se atraviese te lo quitaré…”

Pacquiao se tomó su tiempo para hacerle frente a los más de 300 medios de comunicación, que fueron acreditados para su tercer duelo con el “Dinamita”. Siempre se ha mostrado como un tipo sencillo y centrado y no sería extraño que su tardanza se haya debido a que él tenía la intención de reconocer su derrota y alguien lo convenció o le ordenó que no lo hiciera.

Finalmente, el púgil de 32 años de edad hizo su aparición en el estudio A& B del MGM muy cerca de la media noche. No aparecieron las bromas ni las sonrisas de otras veladas. Las huellas de la batalla se apreciaban encima de su ceja derecha y en su mirada se dibujó continuamente la pesadumbre de la derrota.

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Aún así, el oriundo de General Santos, Sarangani, defendió la más polémica de sus 54 victorias:

“Sí, quedó claro que yo gané. Gané claramente”, expresó, provocando múltiples expresiones de desaprobación entre los representantes de la prensa.

“No culpo a los  seguidores de Márquez; ellos creen que él ganó. Yo bloqueé muchos de sus golpes y él me dio muchos cabezazos. Quisiera darle la revancha“, comentó.

Acto seguido, el filipino atendió algunas inquietudes de los medios, hasta que Bob Arum dio por concluida la conferencia argumentando que estábamos muy cerca de las 12 de la noche. Tocó su reloj con el dedo índice de su mano derecha y nos mandó a dormir a todos.

Al otro extremo de la sala, el tijuanense Fernando Beltrán, apoderado de Juan Manuel Márquez, declaraba, iracundo, a una televisora estadounidense, que los tres jueces que afectaron a su representado, deberían ir a parar a la cárcel.

Vamos a pedir su inhabilitación. Deberían vetarlos… ¡deberían meterlos a la cárcel!”, propuso el promotor.

“Mañana sin falta aquí estaré presente/ya sabes la hora no me quedes mal /de lo que te dije no tengas pendiente/solo dios la vida me puede quitar…

Parpadea la escandalosa caligrafía del neón de Las Vegas “Viejas” y el rostro ojeroso de Melquiades, aparece y desaparece, se acerca y se aleja.

Cruza la calle con su morral de plástico y al llegar a la esquina lo sorprende una patrulla. Lo abordan dos policías con rasgos orientales (¡¿filipinos?!) que le arrebatan la bolsa, lo esculcan, lo esposan, hablan por radio y se lo llevan.

Es entonces cuando cabe la reflexión y entendemos que existen faltas sociales y legales que son castigadas, otras que no y algunas más que quedan impunes. Y que hay hombres, en todos los ámbitos de la vida, que visten de saco y corbata  y que transitan por la vida con el disfraz de tipos distinguidos y honorables, que merecen también ir a la cárcel.

 

 

JUAN MANUEL, EL MARQUÉS DEL BOXEO MEXICANO

El mexicano le repitió la dósis a Díaz

El mexicano le repitió la dósis a Díaz

Edmundo F. Hernández Vergara

Las Vegas, Nevada.- Jamás un error en la pronunciación de una palabra en castellano por parte de los estadounidenses había sido tan correcto. Le dicen Marquez, sin acento en la “a” y con todo el peso de la palabra en la última sílaba. Suena en realidad “marqués” y así se escuchó la noche del 31 de julio en el Event Center del Mandalay Bay, en un coro unánime y ensordecedor de más de nueve mil almas que sonó a tributo: “¡marqués, márqués, marqués!”.

Involuntario –por aquello de la pronunciación-, aunque justo y merecido para un pugilista que, por su clase, calidad e incontables proezas, podría ser llamado, sin problema alguno, “el marqués del boxeo mexicano”.

Y el sábado anterior nos dio una prueba más de su grandeza, al resolver con lujo de facilidad una revancha que se preveía tan complicada como la primera contienda, que fue catalogada como la mejor del 2009.

En esta ocasión, el pleito difícilmente recibirá un galardón a final del año porque resultó en gran parte un monólogo de Juan Manuel (51-5, 37 nocauts) y porque Juan Díaz (35-4, 17 nocauts) arriesgó esporádicamente, mostrando un enorme respeto por el multicampeón.

El “upper” de izquierda, en primera instancia, lanzado como una estocada a la inversa, que se incrustó de lleno en la mandíbula del “Baby Bull” y que estuvo a punto de finiquitar la contienda en más de una ocasión, aunado al “jab” que empezó a lanzar el monarca de los ligero con mayor constancia a partir de la segunda parte del combate, le cerrarron cualquier posibilidad de triunfo al peleador mexico-estadounidense.

Díaz tomó un receso en sus estudios de Derecho con la intención de llegar en las mejores condiciones al combate de su vida y, en el transcurso del mismo, se conformó solamente con aguantar toda la ruta. Evitar el nocaut fue su principal objetivo pero se quedó lejos de la hazaña, pese a ser diez años menor que Márquez. Y, aunque todavía es joven, posiblemente nunca volverá a tener la oportunidad de agenciarse en una misma noche dos títulos universales (AMB Y OMB), y menos ante un adversario de ese tamaño.

Por su parte, después de la derrota del pasado 18 de septiembre ante Floyd Mayweather Jr., el capitalino regresó con éxito a las divisiones en las que ha labrado un nombre y se ha posicionado como un pugilista de época. La idea, ahora, a sus 36 años de edad, es buscar un tercer duelo ante el filipino Manny Pacquiao, el cual podría concretarse para el primer trimestre de 2011.

Sin embargo, pase lo que pase en los escasos rounds que le restan a la carrera de Juan Manuel Márquez, nada manchará su nombre. Ha hecho una carrera extraordinaria y, mientras no cuelgue los guantes, debe ser considerado como el mejor boxeador mexicano de la actualidad.

Comúnmente, nos cuesta trabajo percibir, en el momento, que la historia se está escribiendo y que estamos en presencia de personajes legendarios. Es el caso de Márquez, versión moderna de Olivares, Pintor y de todos los grandes discípulos del “Cuyo” Hernández –maestro de Beristain-, quien al paso de los años será recordado como una leyenda, como el marqués del boxeo mexicano.

FOTOS: German Villaseñor 
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MAYWEATHER, EL AUTÉNTICO “SUGAR” CONTEMPORÁNEO

Mayweather-Mosley

Edmundo F. Hernández Vergara

Fotos Cortesía: Germán Villaseñor

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LAS VEGAS, NEVADA.-  Tal como se esperaba, el duelo de relámpagos oscuros que paralizó al mundo del boxeo el fin de semana, terminó por desencantar a las mayorías y arrojó como vencedor al nacido en Gran Rapids, Michigan, sobre el de Pomona, California, gracias a su mayor velocidad, inteligencia y probada calidad sobre los ensogados.

Ante poco más de 15 mil fanáticos que respondieron al llamado de la Golden Boy Promotions, colmando el graderío esmeralda del Grand Garden del MGM, Mayweather Jr. y Mosley se enfrascaron la noche del primero de mayo en una conservadora batalla de estrategias -regida mucho más por la inteligencia que por la valentía-, que solamente varió en el segundo round cuando Shane lastimó seriamente al llamado “Pretty Boy”, quien sobrevivió milagrosamente de pie hasta el final del episodio.

Fue en realidad sorprendente y hasta cierto punto increíble observar agazapado, indefenso y haciendo hasta lo imposible por evitar una estocada que pudo ser definitiva, a un púgil al que se le recordará por haber hecho de la defensa un arte, durante su luminosa trayectoria.

Pero fue sólo el susto para Floyd porque el minuto de descanso resultó suficiente para que recobrara la sonrisa y empezara a apagar la euforia de aproximadamente tres terceras partes de la arena que estaba con Mosley, incluidos los mexicanos que fueron a apoyar al “Canelo” Álvarez.

“¡Mosley, Mosley, Mosley!”, era el alarido ensordecedor y prácticamente unánime a esas alturas de la noche, en la catedral del boxeo.

Pero fue todo para “Sugar” y sus seguidores porque a partir del tercer round dejó de lanzar inexplicablemente el “jab” e inició el monólogo del más grande exponente de la escuela afroamericana de la actualidad y uno de los mejores de todos los tiempos. Mayweather encendió la orquesta y sonaron las primeras notas de ese vals asesino que lo ha llevado a ganar cada una de sus 41 contiendas en el boxeo de paga, y que a muchos ha hecho caer en la tentadora suposición de que estamos en presencia de un púgil realmente invencible.

Inclusive, pese a las complicaciones de los albores del pleito, el orgullo de Michigan dejó en está ocasión la bicicleta en casa y le rindió un portentoso tributo a la definición que aparece en algunos diccionarios de la palabra “Boxeo” (“… pegar y que no te peguen…”), resanando cualquier resquicio por donde pudiera colarse de nuevo la ilusión de la fanaticada que acudió a la arena a verlo perder.

Bien plantado y siempre al acecho, el autoproclamado “Money” utilizó como principales armas ese híbrido de jab y recto al vientre, una y otra vez, para terminar rematando ocasionalmente y cada vez con mayor frecuencia con esa derecha centellante, demoledora y espectacular, que Mosley captó solamente con el sentido del dolor y nunca con el de  la vista. Toda una patente de la escuela afroamericana.

De esta manera, Mayweather (41-0, 25 nocauts) se llevó una amplia y merecida decisión unánime al cabo de 12 rounds (119-109, 118-110 y 119-109), en lo que pretendió ser una versión moderna de los épicos duelos que arrojó en la década de los ochenta la triangulación Leonard-Hearns-Hagler.

Sin embargo, esta combinación se quedó corta principalmente por la superioridad evidente del pentacampeón y porque a sus 38 años de edad,  los mejores días de Mosley (46-6, 39 nocauts) sobre los entarimados  han quedado en el pasado, pese a su resonante victoria frente Antonio Margarito.

Tras su retorno a los cuadriláteros, el invicto estadounidense ha hilvanado dos victorias y ahora todo apunta nuevamente hacia el filipino Manny Pacquiao, en una contienda que rompería todos los récords y pondría a medio mundo, más filipinas, en contra del “Money”, quien dicho sea de paso, sabe alimentarse con toda naturalidad de silbidos, improperios y descréditos.

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Les puede gustar o no,  lo pueden odiar, pueden seguir llenando las arenas para ver si lo noquean y pueden continuar diciendo que no vende, como otros, pero nadie podrá negar su calidad ni ignorar su legado, porque al paso de los años se le hará justicia y se le colocará al lado de las grandes leyendas de la escuela afroamericana, como Muhammed Alí, Ray Robinson, Tommy Hearns, Marvin Hagler y Ray Leonard, porque Floyd es simplemente el auténtico “Sugar” de nuestros tiempos.

 “ARIZONA SOMOS TODOS”

Tras vencer a Juan Manuel Márquez en septiembre de 2009 y consumar su esperado regreso a los entarimados, Floyd Mayweather era entrevistado por la cadena HBO sobre el ring del Grand Garden, cuando fue empujado y agredido verbalmente por Sahne Mosley, marcando el inicio de la historia que culminó el sábado 1 de mayo en esa misma arena.

Aquella escena tan propia de la WWE, enloqueció de emoción a un colega de un medio texano que me gritó a la cara de manera inesperada: “Esta es la pelea que queremos ver. Mayweather-Pacquiao es una atracción mundial, pero Mayweather contra Mosley es una atracción doméstica… sería como revivir Leonard-Hearns o Hagler contra Hearns”.

De inequívoco origen oriental, ánimo momentáneamente desbordante, la boca hecha un moño y gafas de armazón negro y cristal grueso, prosiguió sin dejarme opinar: “Sería genial que se concretara esa pelea, pero van a tener que meter un buen respaldo con mexicanos porque la gente de color no compra boletos ni juega en los casinos. No son avaros pero gastan su dinero en otras cosas…” afirmó.

Casi ocho meses después, la raza más fuerte y extrovertida del planeta hizo añicos la predicción del reportero, y se adueñó de los books, de la Strip, de las suites, de los restaurantes, del Grand Garden, de las discotecas y de cada uno de los rincones del MGM.

Para la media noche del sábado, una vez concluida la excelsa actuación del “Money”, resultaba literalmente una hazaña abrirse paso por las veredas alfombradas del casino del león dorado y selva verde.

Un enjambre infinito de colores, perfumes, escotes, minifaldas, joyas, frases, luces, música y risas me atrapa en medio de las tentaciones del azar y de un sinfín de variantes que ofrecen hacerte millonario al instante. Busco un resquicio en la pared y me encuentro con una pareja de afroamericanos que espera pacientemente su ingreso al Studio 54, que esa noche ofrece la presencia de Floyd Mayweather Jr. y su “After Party”.

El varón viste impecable traje gris, zapatos bicolores a blanco y negro, camisa roja marrón, lentes oscuros y una gruesa cadena de oro de la que cuelga una monumental placa con dos palabras grabadas: “Little Candy”.

Con la habitual extravagancia y desenfado de la gente de color, me dice como si me hubiera observado desde hace varios minutos:“Hey, ´dude´, relájate, será imposible que salgas del casino ahora mismo…”.

Suena en el ambiente la magistral y alucinante “Babe I´m gonna leave you” de Led Zeppelin, mientras ella me sonríe reforzando las palabras de su novio.

La pareja viajó exclusivamente desde Baltimore, ciudad en la que residen, para presenciar “WHO R U PICKING”. Curiosamente ella es nacida en Pomona, California, y él en Detroit, Michigan, Estados de origen de los protagonistas de esa noche. La modernidad, moral relajada y poder contra la mayor industria de hierro, carros y camiones de los Estados Unidos.

Leiza, con su fina cara de venada y vestido entallado color perla del que brotan justo a la altura del pecho y debajo de su barba partida dos frutas saludables de la temporada, confiesa haberse lastimado la garganta de tanto apoyo que le brindó a su paisano Shane Mosley:

“No puedo hablar. Dejé el alma en la arena. Pero Shane lo vale… es hermoso”, dice mientras pasa cariñosamente una de sus manos por la nuca rapada de su pareja, en una franca intención de suavizar la inminente respuesta ante su “atrevimiento”.

“Shane no es más guapo que yo y menos después haberse ido a su casa con el trasero pateado por Floyd”, replica el moreno, provocando una sonrisa hechizante de su mujer.

“Nunca dije que fuera más bello que tú, cariño”, le dice Leiza, recostando la frente en su pecho como niña reprendida por su padre.

-“¿Y tú de desde dónde vienes?”, pregunta intrigado el “Little Candy”.

-“Soy mexicano, vengo de Tijuana”.

-“¡Oh, man…! ¡¡Mother fucker!! Debes estar muy indignado, entonces, con Jan Brewer y su Arizona SB 1070, ¿no es así?”.

-Todos estamos indignados, no solamente los mexicanos, sino el mundo entero debería estar encabronado con esta medida… Es incongruente que la tecnología y los productos comerciales no tengan fronteras y los humanos sí… ¿pero dime qué piensas, tú que vives aquí?”.

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-“Arizona somos todos, ´dude´”, dice con un español entrecortado y prosigue en inglés: “Siempre se ha creído que la gente de color también odia a los mexicanos y que nos desquitamos con ustedes de todo lo que nos han hecho los anglos, pero no es así, amigo. Este país fue construido y se hizo grande en base a la libertad y a la unión de diferentes ideas y razas… yo legalizaría a todos los mexicanos sin papeles, porque casi todos han venido a trabajar. No merecen que los cacen como perros… Barack (Obama) los va ayudar.”.

Tras la inesperada y gratificante respuesta, la fila para ingresar al Studio 54 empieza a fluir repentinamente y el “Little Candy” y su bella acompañante avanzan rumbo a la fiesta de Mayweather, no sin antes despedirse: “Cuidado con la migra, ´bro´”, bromea y se pierde a la distancia en un mosaico humano oscuro, homogéneo y más igual que nunca…

“MANNY SABE DONDE ENCONTRARME”: MAYWEATHER

Después de noquear en el noveno round al puertorriqueño José Miguel Cotto, en lo que fue su debut en la ciudad del juego, y de ofrecer una conferencia de menos de diez minutos ante casi 400 periodistas, Saúl “Canelo” Álvarez le pregunta al oído a su promotor Oscar de la Hoya qué es lo que tiene qué hacer.

Era su primera vez y al chico al que Televisa quiere vendernos como si se tratara de un consagrado, le costó en todos los sentidos. El “Golden Boy” le indicó que debía atender a la prensa detrás de las vallas metálicas, y al cabo de unos minutos de entrevistas exclusivas con cada medio que lo abordaba, el invicto tapatío de escasos 19 años de edad sonrió un tanto contrariado ante las constantes pero necesarias intervenciones del traductor, mientras Oscar de la Hoya hacía el papel que durante muchos años realizó Bob Arum con él, hablando con la prensa de las hazañas y del futuro de su nueva joya: “El ´Canelo´ va a ser un campeón como Julio César Chávez, como el ´Púas´ Olivares, Salvador Sánchez y como el ´Ratón´Macías… de ese nivel va a ser el ´Canelo´ para el boxeo mexicano”, comentó sonriente el exitoso promotor angelino.

Por su parte, Saúl Álvarez (32-0, 24 nocauts) demuestra con cada palabra que no ha perdido el piso, pese a su corta edad y al exceso de elogios que le llueven a diario. El carismático pelirrojo sabe quién es y entiende a la perfección que aún no está para monstruos del tamaño de Manny Pacquiao o Floyd Mayweather Jr. y que su gran momento puede llegar en un futuro no muy lejano, posiblemente en menos de dos años, si la empresa lo lleva correctamente y no lo apresuran.

“Sentí la presión de mi debut en Las Vegas. Debo de aceptar que si me impactó el escenario, pero después del sexto round me sentí con mayor confianza y empecé a hacer lo que sé hacer. Nunca estuve lastimado en el primer round; siempre supe lo que estaba pasando y afortunadamente se dio el nocaut para mí”, comentó de entrada para este espacio, el fuerte pegador de Guadalajara, Jalisco.

-Después de compartir escenario con Mayweather y ver la exhibición que ofreció esta noche, ¿qué tan lejos está el “Canelo” de los peleadores de esta talla?

“Yo sé que no estoy a ese nivel todavía, pero estoy trabajando para ser el mejor. Mayweather merece todos mis respetos, es un gran peleador, pero lo voy a buscar más adelante, al igual que a Pacquiao”.

Posteriormente, aparecería envuelto en aplausos Shane “Sugar” Mosley, un púgil que se hizo famoso a principios de la década actual por derrotar en dos ocasiones a Oscar de la Hoya, su amigo y patrón ahora en Golden Boy Promotions

El favorito sentimental de la mayoría trató de explicar su derrota y se rindió en elogios hacia el adversario de esa noche:

“Intenté. Fue una gran pelea  y ya saben el final. Mayweather es un infierno como boxeador. Es un gran peleador. Él hizo lo que tenía que hacer para ganar el combate. Me quito el sombrero ante él y le agradezco por tomar el desafío”, declaró.

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-¿Por qué no pudiste rematar a Floyd en el segundo round?, le cuestionó alguien en la sala.

“Él estaba realmente lastimado cuando lo golpeé con esa derecha enorme. Después me abrí mucho y lo conecté en los guantes. Me sentí demasiado engarrotado. Cuando lo golpeé con esa mano derecha, pensé que iba a conseguir el golpe de gracia, pero Floyd evitó que perforara su guardia. Realmente me sorprendió cómo sobrevivió”.

Respecto a un posible retiro de los encordados, el de Pomona, indicó:

 “Volveré a casa y observaré  la cinta de la pelea. Lo tomaré con calma cuando llegue a casa y veremos qué pasa”.

Minutos antes de las once de la noche, arribó al salón “Money” Mayweather para atender a los representantes de los medios de comunicación por espacio aproximado de una hora y media. Sin rastro alguno de la batalla en el rostro, tal como si viniera de una misa, respondió a cada una de las preguntas sin límite de tiempo ni condiciones, además de darse el lujo de firmar infinidad de autógrafos y posar para la cámara de decenas de cronistas. Vestía como todo un dandi, de pantalón gris, chaleco color arena y corbata verde pálida.

“Todas las peleas son diferentes. Escuché decir a mucha gente antes de la pelea que Mosley era más fuerte, que Mosley era más rápido y muchos están sorprendidos, pero esto solo pasa en las peleas grandes: lo cimbré y lo lastime mucho más que él a mí y soportó valientemente”, expresó inicialmente.

“Incluso, cuando me conectó en la segunda ronda, yo sabía que era el tipo más fuerte y lo supe desde el principio hasta el final del combate. Mentalmente, yo me decía durante la pelea: ´su jab no es más rápido que el mío y si no es así, déjame verlo´. Al cabo de un rato pienso que Mosley sólo trataba de sobrevivir”, agregó.

-Floyd, nosotros vimos desde abajo del ring que Shane te lastimó realmente. Son contadas las ocasiones en que te hemos visto así… le comentaron.

“Zab Judah me conectó con un golpe mejor, al igual que DeMarcus Corley. Mosley intentó, pero solamente fue un intento. Yo soy capaz de mostrar mi versatilidad y adaptarme a cualquier problema de una pelea. Mi plan de juego funcionó y confundí a Mosley de algún modo”.

Respecto a los jóvenes que vienen empujando fuerte, como Saúl Álvarez y algunos otros, manifestó:

“He sido un peleador dominante desde los noventa y cada vez estoy más cerca de los 40 que de los 20. Muchos quieren encontrar a un boxeador que pueda ganarme y hay muchos jóvenes resistentes a los cuales respeto y me quito el sombrero ante ellos, pero quiero ver que lo hagan bien frente a mí”.

Finalmente, apareció por primera vez en la noche una pregunta que se repetiría una y otra vez, encontrando siempre la misma respuesta.

“Si Manny Pacquaio quiere pelear, él sabe dónde encontrarme. Íbamos a hacer la pelea un par de meses atrás pero no se pudo por el problema de los exámenes de antidopaje. En ese aspecto, me quito el sombrero ante Mosley. Él tuvo problemas en el pasado, pero es un guerrero. Mosley se hizo pruebas de orina y sangre. Solamente quiero que cada uno entienda que el campo del deporte debe ser limpio. Si un atleta es limpio, se hace la prueba. Si Manny Pacquiao se hace pruebas de sangre y orina, podemos pelear. Si él no lo hace, no haremos la pelea.” puntualizó

 

ALAIN “KONAN” HERNÁNDEZ, UN PUGILISTA QUE SABE DE BOXEO.

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Tijuana, B. C.- Aquel 13 de septiembre de 1984, una sugerencia de su padre -destacado poeta y periodista sudcaliforniano de especial gusto por el Arte de Fistiana y por el beisbol- lo marcaría inesperadamente para el resto de sus días. A sus escasos seis años de edad, el pequeño Alain esperó pacientemente la hora y se dispuso a presenciar la que sería la primera pelea de box de su vida, al lado de su hermano y de su progenitor.

Después de ocho episodios que observó sin parpadear, escuchó sorprendido que los comentarios de su padre y los que hicieron segundos más tarde los cronistas de Televisa, coincidieron: “¡Ha nacido un grande!”.

El hasta esos momentos desconocido Julio César Chávez, acababa de noquear al favorito Mario “Azabache” Martínez, para adjudicarse el cetro ligero del CMB y convertirse en el primer ídolo de Alain “Konan” Hernández. La recomendación paterna había valido la pena.

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“Fue la primera pelea que vi en mi vida y me marcó. Fue un gran espectáculo y muy dramático para un niño de seis años ver la cara ensangrentada del ´Ázabache´, que era el favorito, según los comentaristas. Eso le dio más importancia al triunfo de Chávez y jamás me perdí, desde ese momento, una de sus peleas. Así me hice aficionado y, posteriormente, boxeador. Podríamos decir que mi papá y Chávez me marcaron el camino”, afirma el llamado “Konan”.

Como pocos pugilistas, Alain Hernández no solamente sabe boxear, también sabe de boxeo. Es como una biblioteca con los datos más frescos y radiografías exactas de las carreras y estilos de la gran mayoría de sus compañeros de profesión, producto de su extraordinaria memoria y de su gusto por las estadísticas.

“Alain es un conocedor especializado en boxeo. Él sabe de todo el mundo, se le puede preguntar acerca de cualquier peleador y te puede decir algo sobre él”, afirma Paloma, la menor de sus dos hermanos.

Alain vs. Spadafora

Su aventura por los cuadriláteros la inició en el gimnasio de Erik Morales, en la Zona Norte de la ciudad, bajo la supervisión de Joe Valdez, quien lo enseñó a “pararse” y los primeros secretos de cada aparato, aunque el grueso de su formación se la debe a José Luis Román del Gimnasio Ulloa.

“Empecé a entrenar en el gimnasio de Erik Morales en la Zona Norte y un año después decidí hacer una carrera en otro gimnasio, hasta que debuté como amateur a los 19 años de edad”, afirma Hernández., quien nació un 6 de noviembre de 1978, en la Paz, B. C. S.

El peleador bajacaliforniano, conocido en Tijuana por su estilo pundonoroso y su entrega incondicional al gimnasio, no viene de una familia de boxeadores. Sería mentir si afirmáramos que trae el boxeo en la sangre. No es así. Su familia se ha ganado la vida -desde su abuelo paterno- a través de la pluma. Sus padres y sus hermanos han destacado como periodistas en Tijuana y más allá de sus fronteras. Un trabajo que llevó a la familia desde su natal La Paz, B. C. S.,  a la Ciudad de México, en la década de los ochenta y, posteriormente, a Tijuana en los años noventa.

“Cuando yo era pequeño y vivía en la ciudad de México, mi padre solía llevarnos a la legendaria Arena Coliseo y luego, cuando llegamos a Tijuana, me tocó presenciar en el Auditorio la última etapa de la época de oro del boxeo tijuanense. Recuerdo que pude ver una de las últimas peleas del ´Azabache´ contra Ramón Marchena. Esos eran boxeadores que peleaban para la gente y no se cuidaban la cara, como ahora”, afirma Hernández.

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“Mis boxeadores favoritos en esos tiempos eran Luis ´Bucky´ Mora, Paco Cuesta y el ´Maikito´ Martínez; eran unos guerreros que dejaban todo sobre el ring y que llenaban el Auditorio. El ´Bucky´ tenía más de 15 derrotas, pero eso no le importaba a nadie porque su entrega parecía la de un invicto… creo que tengo algo de él“, agrega sonriente.

Después de una carrera amateur muy corta en la que hilvanó un record favorable de diez victorias y cuatro derrotas, decidió incursionar en el profesionalismo a mediados de 2002 en un combate que  recuerda con emoción no porque noqueó a su oponente Sergio “Alacrán” Lozoya en la primera ronda, sino porque guarda en la memoria un momento que perdurará posiblemente para siempre.

“Recuerdo que en mi camino hacia el ring, me crucé con mi madre. Por lo general, cuando yo era boxeador amateur, mi mamá llegaba después de la pelea porque no le gustaba verme arriba del ring, pero esa vez estaba ahí, a la derecha del pasillo, mientras me dirigía al cuadrilátero y me abordó para desearme suerte”, afirma con ese sabor agridulce que tiene la nostalgia.

La madre de Alain Hernández falleció el 29 de mayo de 2007, en una dura lucha contra el cáncer y, en su memoria, se tatuó su imagen en el hombro derecho.

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“No le gustaba verme pelear y ahora ella está conmigo arriba del ring en cada uno de mis combates… ella me da la fuerza cuando me hace falta”, expresa al respecto.

Su record no es para impresionar (18-7-2, 10 nocauts), pero es engañoso porque ha sido víctima de fallos injustos que le han privado de engrosar su número de victorias. Sin embargo, “Konan” se considera una persona inteligente que ha aprendido de las derrotas, principalmente de las más dolorosas.

“He tenido algunas derrotas duras, pero he aprendido de esas peleas, especialmente de las que sostuve contra Jorge Páez Jr. y Vernnon Paris “, acepta.

“Páez y Paris tienen un gran prestigio y calidad, y les di buena batalla. Incluso, si me apuran, la pelea contra el ´Maromerito´ fue empate, pero los jueces vieron otra cosa. Fueron derrotas difíciles pero me enseñaron muchísimo y me hicieron crecer como boxeador y como persona… creo que si me los volviera a encontrar, no tengo duda de que ahora les ganaría”, añade.

Incluidas estas dos derrotas, desde el año 2005, el púgil de 30 años de edad ha acumulado un record de 13-3, 6 nocauts. En 2008, una cadena de cinco victorias lo llevó a ganar el trofeo como el Prospecto del año en Tijuana.

“Me siento muy orgulloso de haber ganado el trofeo como prospecto del año en una plaza tan importante como Tijuana. Fue el premio para un año de buen trabajo y de victorias importantes, pero ya es pasado y ahora tengo que ver para adelante y tratar de ganar un título”, dice al respecto.

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Ahora, el llamado “Konan”, quien se ganó su nombre de batalla debido a su naturaleza tenaz en el ring, como el guerrero de la Atlántida, creado por Robert E. Howard, tiene enfrente el desafío más importante de su carrera este sábado 24 de julio en las instalaciones del Hipódromo de Agua Caliente, en donde se medirá ante el temible pegador ensenadense Antonio “Bazooka” Cervantez, por el cetro interino de la Fecarbox, avalado por el prestigiado Consejo Mundial de Boxeo.

El duelo que ha llamado poderosamente la atención en esta frontera, por el estilo espectacular y la entrega de ambos, será en la categoría de los ligero y forma parte de la mega cartelera de cuatro títulos, que encabezará el prometedor prospecto tijuanense Antonio “Cañitas” Lozada y el sinaloense Hugo Hernández.

“La gente sabe que el ´Bazooka´ y yo daremos un gran espectáculo. Somos dos peleadores de choque, con mucho corazón y no vamos a defraudar porque los dos queremos el título”, dice al respecto Hernández, quien el pasado 12 de junio venció por puntos a Adam “Ojitos” Gamboa.

“Cervantes es un peleador duro que ha enfrentado a rivales de la talla de Iván Valle, Fernando Trejo y Michel Lozada,  y no me queda la menor duda de que me va a complicar bastante esa noche, pero estamos preparados para morirnos en la raya y dejar todo sobre el ring.  Voy a vencer al ´Bazooka´, dice convencido.

El “Konan”, quien cuenta con el nada despreciable currículum de haber sido “sparring”, durante su trayectoria, de púgiles de la talla de Erik Morales, Humberto “Zorrita” Soto y Manuel “Mantecas” Medina, declara que se encuentra en la etapa final de la que considera la mejor preparación de su carrera.

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“Siempre me he preparado muy bien y ahora que voy por un campeonato no podía ser la excepción. Estamos  haciendo la mejor preparación de mi carrera, corriendo por las mañanas por espacio de 50 minutos y, por las tardes, nos metemos dos horas al gimnasio. Por preparación no va a quedar… estoy listo”, asegura el púgil de origen sudcaliforniano.

Finalmente, Alain deseó suerte a su compañero de gimnasio Antonio Lozada Jr. y a los otros dos tijuanenses que disputarán cetros esa misma noche y con los que compartirá escenario:

Le deseo lo mejor a ´Cañitas´ Lozada. Es un gran prospecto y cada pelea se ve mejor. Puede llegar a ser una figura para el boxeo de Tijuana y ojalá así sea. También me da mucho gusto pelear en una cartelera en la que participarán como estelares David de la Mora y Marvin Quintero. Los tres somos de la misma generación del box amateur de Tijuana y ahora vamos por títulos importantes. Espero que ganemos todos, como cuando usábamos caretas…”, concluyó.

EL CRONISTA EDMUNDO F. HERNÁNDEZ ANALIZA PELEAS DE GOLOVKIN Y “CHOCOLATITO”.

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